colombianos1El fenómeno de los colombianos prestamistas crece. Dan créditos sin garantías y cobran a diario. Vecinos denuncian amenazas; comercios lo consideran una ayuda.

Situación complicada para Rosa. Necesitaba invertir en su emprendimiento. No requería de demasiado dinero pero a su alrededor no había quien pudiera tenderle una mano. Entonces un pariente le contó que conocía a unos prestamistas. No piden papeles ni demoran con trámites. “Te mando al colombiano”, le dijo su sobrino por teléfono.
Efectivamente, Rosa accedió al crédito. 1.000 pesos, a devolver 50 por día en 40 cuotas. Un interés del 100 por ciento es parte de las características de los préstamos a la colombiana.
La modalidad, instalada en Misiones hace un par de años, se popularizó tanto en las ciudades como en los pueblos. Posadas, Puerto Iguazú, Eldorado, Candelaria y San Pedro son algunas de las localidades donde estos extranjeros hacen negocios con los vecinos. Muchos recorren los barrios con un carro repleto de muebles para vender. Otros, hacen los préstamos y las respectivas cobranzas en moto.
En Argentina, la práctica data de 2012 aproximadamente, pero nació en Medellín, Colombia, a fines de los 80, y en ese país se lo bautizó como “gota a gota”.
Prestan dinero en cada barrio, en cada manzana, en cada calle, en cada casa, sin pedir garantías. Los vecinos saben que si tienen una urgencia o si se les presenta un negocio, ellos van a sus casas con el dinero que necesitan. Según lo manifestado por quienes alguna vez accedieron al préstamo, los montos varían entre 1.000 y 12 mil pesos. Eso sí: las cuotas son diarias y la demora genera intereses.
El método es ilegal, no precisa de documentos, ni facturas, ni nada. Funciona a la perfección siempre y cuando el deudor no se retrase en los pagos. Mensajes intimidatorios y amenazas forman parte del modus operandi de los cobradores.
“En la tercera cuota justo viajamos con nuestro bebé enfermo y recibimos un mensaje de texto; le contestamos que no estábamos en el pueblo entonces nos contestó de una manera extraña. El mensaje decía algo así: ‘Ustedes no me conocen y yo sé donde viven’. Nos asustamos mucho con mi esposo, entonces él viajó al otro día para esperarle y pagarle todo. Decidimos pagarle las dos cuotas que faltaban; desde ahí no quisimos saber más nada de ellos”, cuenta una señora de San Pedro, donde hace varios años se hizo evidente la presencia de colombianos.
El informe de El Territorio revela un sistema ilegal que oxigena a pequeños comerciantes pero que, a su vez, según los testimonios de damnificados, se basa en aprietes para garantizar el cobro.
No hay denuncias policiales para constatar casos específicos, en tanto la preocupación es tema de debate en los foros de seguridad de Posadas como también en las comisiones barriales. “Hay muchos prestamistas, le prestan plata a los vecinos, pero después los amenazan para que se les devuelva”, contaron desde el Foro de Seguridad del barrio Villa Urquiza.
Las fuentes consultadas pidieron escudarse en el anonimato para dar su testimonio. No quieren arriesgarse a las consecuencias de ser reconocidos. Aún sin haber experimentado situaciones violentas, se impone el miedo. De manera que los nombres aquí expuestos son ficticios, no así sus anécdotas y malas experiencias.
Los deudores desconocen el origen del dinero pero, por lo bajo, entretejen sus propias teorías. “Seguro es narcotráfico o lavado de dinero, parece que está de moda”, dice Beatriz (56), una señora que tiene un puesto en la chacra 32-33 y que hace un año se beneficia con los préstamos sin firmas.
No sería justo generalizar. Sobre todo teniendo en cuenta que miles de colombianos migran al país en busca de las oportunidades que su nación no les pudo dar. Logran salir adelante a fuerza de voluntad y trabajo. A lo largo y a lo ancho del país, hay unos 62 mil. “En Argentina somos mucho más los colombianos que trabajamos y estudiamos que los que delinquen, pero como venimos de un país con una historia marcada por el narcotráfico y la criminalidad muchas veces nos ponen a todos una etiqueta de delincuentes”, explicó en una entrevista a este diario la presidente de la Asociación de Mujeres Colombianas en Argentina, Milena Viñas.
Al ser consultado por la motivación de venir a la Argentina, Cristian (38), que hace varios años dejó su Colombia natal para instalarse en Puerto Iguazú, señaló: “En Argentina se vive bien; en Colombia los que no tuvimos oportunidades de estudiar y especializarse no tenemos lugar. Mi sobrina estudió medicina y tiene oportunidades, pero la clase obrera como nosotros no tenemos oportunidades de crecer como observamos en Venezuela, en Argentina o Brasil”.
Datos a nivel país

Según datos de la Dirección Nacional de Migraciones, sólo en 2015, 4.380 colombianos obtuvieron la radicación permanente en Argentina cuando en 2004 hicieron ese trámite 235. Con esas cifras, Colombia representa la cuarta nacionalidad en el ranking de radicaciones, siendo Paraguay la primera.
Puntualmente en la delegación de Migraciones que incluye a Posadas hasta Garuhapé y El Soberbio, en los últimos cinco años 1.200 ciudadanos colombianos pidieron radicarse en Misiones.
Un sistema ilegal que oxigena a los pequeños comerciantes
POSADAS Y PUERTO IGUAZÚ (Corresponsalía). Rosa está en el rubro peluquería desde hace quince años. Su domicilio laboral siempre dependió de los vaivenes económicos de la familia. Trabajó en inmediaciones al populoso barrio de Villa Cabello, donde sus cortes y peinados ganaron prestigio en la clientela.
A mayor cantidad de mujeres que buscan embellecerse, mayor la inversión en la peluquería. Esa fue la razón para adquirir su primer préstamo de parte de un colombiano. Hace tres años necesitaba realizar una inversión en productos y su sobrino le sugirió que hiciera trato con el extranjero, que ya le había facilitado a él un determinado monto de dinero.
“Primero le pedí 1.000 para devolver en cuotas de 50 pesos. Todos los días, durante 40 días. Nunca tuve problemas, hay que ser puntuales en los pagos nomas”, dice Rosa a El Territorio.
“Varias veces ya me prestaron plata, me sirve para oxigenar, pagar cuentas y mantener el negocio. Todos los pequeños comerciantes tenemos algún préstamo con ellos”, reconoce la señora y agrega: “Sé que lo que hacen no es legal, pero en momentos de crisis sirve esa ayuda, yo no pregunto ni quiero saber de dónde viene la plata”.
Kioscos, verdulerías, almacenes, y otros emprendimientos familiares son los principales clientes. Consultados los extranjeros en cuestión, señalaron que no todos están involucrados en este sistema de préstamos. Hay quienes sólo quieren la oportunidad de trabajar. En la turística ciudad, alquilan pequeñas viviendas en diferentes zonas donde la mayoría se dedica al mantenimiento en electricidad, construcción y carpintería.
Hay otros que residen en la ciudad, se dedican a préstamos personales y cobran diariamente la devolución con intereses en cada domicilio donde se encuentre su cliente ocasional. “No sé los motivos ni estoy seguro de lo que hace cada uno en su vida privada, pero muchos de nosotros somos trabajadores carpinteros, electricistas”, dijo Esteban, residente colombiano en Puerto Iguazú.
En el mismo sentido, Graciela es comerciante de una pequeña empresa y señaló que accedió a un colombiano que prestó la suma de 12 mil pesos y tenía que devolver con intereses del 10 por ciento en cada cuota cuando el prestamista pasaba por su local comercial. “Me quedé sin dinero y un colega me recomendó pedir a ese prestamista colombiano, y le tenía que devolver 12 mil pesos en 24 cuotas pagando 10 por ciento de interés en cada cuota”, comentó la empresaria, que agregó: “El prestamista pasa todos los sábados de mañana y también accedí a un préstamo similar pero de un paraguayo en las Dos Mil Hectáreas; muchos somos los comerciantes que trabajamos con ellos cuando las papas queman y debemos pagar las cuentas”.
“Es cierto que algunos son prestamistas, pero no todos. Muchos trabajamos con las ventas nomás. Lo que pasa es que generalizan y ahí caemos todos. Y en verdad eso nos complica porque alguna gente se nota que nos tiene miedo”, reconoció un vendedor ambulante que llegó a Eldorado meses atrás.

Por Griselda Acuña
interior@elterritorio.com.ar

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