11873427_1687884041430520_7742643523734012867_nEn los últimos días, a través de este mismo espacio, advertíamos que en las manos del Gobierno (y sus decisiones políticas) estaba la responsabilidad de garantizar las clases a miles de alumnos de toda la provincia (tanto de la gestión pública como la privada). Este gobierno educativo (que hoy lo tiene a Luis Jacobo como máximo responsable ya que es ministro y presidente del Consejo General de Educación; junto a Alberto Galarza, coordinador de gabinete del CGE) se rindió al poder de la Economía que lejos de ayudar, generó un mayor malestar.
Lejos de sostener las negociaciones, la gestión de Maurice Closs ordenó cortarlas, suspender el diálogo, provocando más días de paro. Como agregado, se refugió en la Mesa que conduce la diputada y sindicalista Stella Maris Leverberg, volviendo a desconocer a los gremios y agrupaciones en protesta.
¿Acaso los docentes no merecen un mejor salario? El aparato oficialista salió con los tapones de punta contra los maestros de paro. Anteponiendo la necesidad de sostener la “guardería” de los niños por sobre la dignidad de los educadores que cumplen una mayor función: formar, educar, generar valores, contener, hasta alimentar en las escuelas. Seguramente, habrá muchos funcionarios que incluso en Educación, no saben qué hacer con sus hijos sin maestros en las aulas, sin tíos o abuelos que los cuiden por unas horas. ¿No se habrán puesto a pensar qué harán las futuras generaciones sin docentes? Como los médicos, se corre el riesgo que muchos jóvenes elijan ser policías (con un básico que supera los 10 mil pesos) antes que maestros (con básico que está lejos de ese monto).
En algo, la gestión Closs que está en el ocaso, es coherente. Necesitó que los policías provoquen un acuartelamiento duro para respetarlos profesionalmente y comenzar a pagarles lo que les corresponde por la función que cumplen. Hoy, el Gobierno provincial parece inducir a los maestros a endurecer la protesta para atender sus requerimientos que incluso están lejos de las cifras que exigían entonces los efectivos policiales. Incluso, ya no parece haber interlocutores válidos en el gobierno educativo, porque han sido los que firmaron actas compromiso -con legisladores- que después desconocen y provocan descrédito para seguir negociando. Así, poco a poco, con muchos errores, el gobierno educativo va perdiendo el rumbo. Producto del desgaste, la arrogancia, la falta de criterio y la capacidad de negociación.

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Editorial – Diario Primera Edición


Categorías: Noticias Sociedad

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