La reunión se pactó a la siesta, casi de manera clandestina, con necesarias recomendaciones para evitar inconvenientes. Los asistentes fueron llegando de a uno y, los que pudieron, ingresaron por los fondos de la casa de la anfitriona, cosa de no llamar demasiado la atención de quienes mantienen como rehenes a los vecinos del Kilómetro 0, en el acceso al autódromo de Oberá.
La tensión se sentía en el ambiente. Del otro lado de la calle, ubicados en un pasillo bordeado de árboles y plantas, cinco muchachos se pasaban mano en mano una botella de cerveza y coreaban una cumbia a todo volumen que retumbaba en la otra esquina.
“Y así todos los días, imposible descansar a la siesta. Pero eso no es nada. Lo peor es vivir con miedo, que tus hijos no tengan tranquilidad para ir al almacén o a tomar el colectivo porque los atacan, los golpean y amenazan. Estamos desesperados, vivimos en agonía y ya no sabemos a quién suplicar ayuda”, graficó Verónica Pereyra.
La mujer es una de las tantas personas afectadas por la violencia que impone una conocida familia del lugar; conocida también para las autoridades policiales y judiciales de la ciudad, ya que en los últimos años fueron objeto de más de 200 denuncias por parte de los vecinos del Kilómetro 0.
La cifra -confirmada por fuentes de la Unidad Regional II- sintetiza los perjuicios que generan los integrantes de la familia apuntada por los vecinos.
Golpes, lesiones, amenazas de muerte, exhibicionismo y masturbación en la vía pública, vandalismo y daño a la propiedad privada, entre otros, constituyen el menú de atropellos que padecen a diario los habitantes del barrio.
“Hay vecinos que están con depresión, chicos que quedaron mal psicológicamente. Gente buena que se enferma por culpa de unos degenerados que hacen lo que quieren”, opinó Irma González, quien aseguró que en diez años ya radicó, ella sola, más de 100 denuncias contra diferentes integrantes de la temida familia, quienes llegaron a prenderle fuego la casa.

Vivir en el infierno
La señora González es una de las habitantes más antiguas del barrio y precisó que la familia apuntada se instaló hace una década, proveniente de la localidad de Guaraní, donde ya habrían tenido problemas de convivencia.
En diálogo con El Territorio, lamentó que “la mayoría de los vecinos tienen miedo de meterse, por eso la situación se prolongó tanto tiempo. Hace un par de años le lastimaron feo a un policía y se jactan de eso. Dicen: ‘Casi le matamos a un policía y acá estamos. A nosotros nadie nos toca…’, y parece que es cierto porque realmente hacen lo que quieren”.
Los testimonios se suceden, cada uno más brutal e indignante que el anterior, siempre con los integrantes de la misma familia como protagonistas del horror. “El 25 de febrero, Mario Candia y su familia irrumpieron en mi casa, rompieron puertas y ventanas. En un momento el hombre empezó a masturbarse frente a mi casa y gritaba que mi hija de 8 años salga y le chupe. Así, de esa manera. Mi hija está con problemas psicológicos por esto. Ese día me tiraron una piedra en el pecho, que si me pegaba en la cabeza me mataba”, relató Pereyra.
Al otro día sucedió lo mismo. “Mario Candia vino con machete y nos amenazó de muerte. Hicimos la denuncia, pero siempre es lo mismo: están presos una o dos semanas y salen peor que antes. Ahora él y dos hijos están presos, pero en cualquier momento salen y ya prometieron que nos van a matar. Me gustaría que los jueces que los sueltan vengan y vivan mediodía acá, con ellos sueltos, para ver lo que se siente. Que conozcan el sufrimiento y el terror que padecen nuestros hijos”.
Ante la última denuncia, el magistrado interviniente dispuso de custodia policial las 24 horas del día para la familia de Pereyra.

Años de padecimiento
Los mismos vecinos destacaron el accionar de los efectivos de la Seccional Tercera, con jurisdicción en el Kilómetro 0. “Cada vez que llamamos la Policía viene enseguida. Se desesperan por ayudarnos, pero también se sienten impotentes cada vez que tienen que soltar a los que generan tanto daño en el barrio”, mencionó Laura Pereyra, otra vecina.
A su lado, María Martínez relató un hecho que sintetiza la violencia desatada: “Estando embarazada un día subí al colectivo urbano y me pegaron. Por nada, sólo porque se creen intocables. No perdí mi embarazo de casualidad”.
Rubén Maciel también relató los pesares de su familia, que van desde lluvia de piedras sobre su techo, lo que los obligó a mudarse  un par de cuadras, hasta el permanente asedio que padece su hijo adolescente, quien presenta secuelas psicológicas de años de padecimientos. “No se puede describir lo que sufrimos, y las autoridades saben bien. La Policía actúa, pero la Justicia no reacciona. No sé si están esperando que maten a alguien para actuar en serio”, alertó Maciel.
En tanto, comentó la situación de “un vecino que vive al lado de los Candia y todos los días es un sufrimiento. El señor tiene tres hijos y los fines de semana directamente se van con la familia a la casa de la suegra para poder estar un poco tranquilos. Esto no es vida”.
En ese contexto, Verónica Pereyra mencionó que en el último año ya enviaron notas al  Concejo Deliberante y a la Municipalidad explicando la problemática y solicitando la reubicación de la citada familia, ya que actualmente están ocupando un espacio verde.
“La última nota fue el 5 de marzo, donde le pedimos al intendente Carlos Fernández el desalojo de la familia por todos los problemas que ocasionan. Ya tienen más de 200 denuncias de los vecinos y siguen haciendo lo que quieren. Es inentendible”, remarcó Pereyra.

Graves antecedentes
Con lágrimas en los ojos, Verónica Pereyra reconoció que su hija de ocho años padece de angustia, ansiedad, trastorno del sueño y crisis de pánico “como consecuencia de las situaciones de violencia que viven a diario por parte de los vecinos”, según el diagnóstico de la profesional que la asiste.
“Incluso la psicóloga me dijo que el tratamiento es ineficaz porque los problemas persisten y son cada vez peores”, lamentó.
Por su parte, Laura Pereyra alertó que “si bien ahora Mario Candia y dos hijos están presos, la mujer y otros hijos están diciendo que nos preparemos, porque cuando salgan se van a vengar de todos”.
Sobre los antecedentes de los sujetos denunciados, el 11 de enero pasado fueron detenidos Jorge Alberto Candia (29) y Julio César Candia (20), denunciados por diferentes actos vandálicos.
“Estos hermanos, el padre y otros hermanos tienen innumerables denuncias por parte de vecinos del Kilómetro Cero. Las carátulas van desde tentativa de homicidio, amenazas, daño y resistencia a la autoridad, incluidas lesiones a un efectivo de la Seccional Tercera”, precisaron desde la UR II.
Asimismo, explicaron que “desde el Foro de Seguridad del barrio mostraron su preocupación por la conducta que mantienen los dos hermanos detenidos y el padre, también preso desde febrero, quienes acechan a los pobladores de la zona. La queja fue presentada por escrito en la Seccional Tercera”.

Por Daniel Villamea 
fojacero@elterritorio.com.ar

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Territoriodigital


2 comentarios en “El clan obereño que tiene más de 200 denuncias

    1. martin alejandro

      estaría bueno que le hagan ir a la escuela a todos, así se educan un poco y por lo menos escriben mas o menos bien …dolor de ojos da

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