El prelado de la Diócesis de Oberá realizó un balance del año, al cual calificó de «muy fructífero». Anticipó los proyectos y los cambios que se avecinan para el comienzo de 2017.

Seis años han transcurrido desde la asunción de Damián Santiago Bitar como obispo de la diócesis de Oberá. PRIMERA EDICIÓN se acercó a dialogar con él no solamente para analizar el año transcurrido, sino para abordar el análisis de temas complejos y de profundos cambios en el pensamiento de la comunidad católica, como el aborto y el matrimonio igualitario.
A continuación, la segunda parte de la larga charla mantenida con este Diario, en la cual fue posible mirar pasado y futuro en la tarea pastoral:
Ha cumplido seis años en la nueva diócesis de Oberá. ¿Puede mencionarnos algunos acontecimientos destacados de la obra pastoral?
Han sido años tan intensos que ya podría escribir un libro. Se hace difícil resumir esta pregunta. Destacaría la reciente celebración del Año Santo de la Misericordia vivido en el mundo y en la diócesis con mucha intensidad. Han sido ordenados dos Diáconos Permanentes y un nuevo sacerdote. Además dos jóvenes ingresan al seminario, siendo siete los muchachos que se preparan como futuros presbíteros. Un acontecimiento destacado ha sido la visita del Nuncio Apostólico en junio pasado, quien en su persona nos ha acercado al papa Francisco. Por otra parte he podido concretar el sueño de llegar a cada rincón de la diócesis, visitando y celebrando la misa en las 19 sedes parroquiales y en las 331 capillas. Pero más importante es aquello que no es noticia, el permanente trabajo pastoral de los sacerdotes, misioneros, diáconos, religiosas y laicos, jóvenes y adultos en las parroquias y capillas, en los movimientos y áreas de pastoral, que es por donde en verdad “circula” la vida de la diócesis a través de la oración, la celebración de los Sacramentos, la proclamación de la Palabra y el servicio y la caridad. Un trabajo silencioso y ejemplar de numerosos bautizados con sentido de pertenencia eclesial.
En esta época del año suelen anunciarse cambios de destinos pastorales de sacerdotes. ¿Tendrá lugar alguno?
Efectivamente. El nuevo sacerdote Fabián Szyszkowski asumirá el 28 de enero como Administrador Parroquial de la Parroquia Nuestra Sra. de Lourdes de Colonia Alberdi, mientras que el presbítero  Armando Vera, después de 14 años a cargo de la Parroquia San Antonio (Catedral) será el nuevo párroco de la Parroquia Santa Teresa del Niño Jesús de la ciudad de 25 de Mayo. A él lo reemplazará el presbítero Ariel Manavella, quien desde la diócesis de Villa María, Córdoba, colaborará por unos años con nuestra diócesis que todavía cuenta con pocos sacerdotes. Seguramente se darán traslados de misioneros del Verbo Divino, pero que son realizados por su Superior Provincial y luego confirmados por mí.
¿Cómo ve Ud. esta etapa comenzada hace un año, con la asunción de las nuevas autoridades?
En verdad, con mucha esperanza. Años atrás sentía una sensación de “ahogo” frente a expresiones tales como “vamos por todo”, confrontación permanente, creciente impunidad, negación de la realidad (inflación, narcotráfico, pobreza, estancamiento, entre otros). A pesar de las serias dificultades heredadas, hoy reconocidas y no escondidas, como el 30% de pobreza, el alto costo de la vida (por ejemplo los alimentos y el combustible), es indudable que se respira otro aire, mucho más “limpio”, sin relatos absurdos que empobrecieron a muchos y súper enriquecieron a pocos, sin autoritarismo ni maltratos,  hay apertura y diálogo, los poderes del Estado se “distinguen” mejor, se ha crecido en federalismo, en institucionalidad y esto fortalece la democracia.
¿Cuáles son a su criterio, los grandes desafíos o problemáticas?
Sin duda que el “cáncer” de nuestra sociedad sigue siendo la corrupción que ha llegado a límites inimaginables. Es el default ético o moral que debilita la democracia o la transforma en democracia “virtual”, sólo al servicio de un grupo de “vivos” que, antes o después, terminan mal. Junto a la corrupción es gravísimo el avance del narcotráfico, producto de la idolatría del dinero (el estiércol del diablo, como dice el papa Francisco) quienes no dudan en traficar con la muerte, sobre todo de los jóvenes.
El tercer gran desafío es la pobreza estructural de la que Argentina no puede salir por múltiples factores, desde la falta de trabajo digno, el despilfarro de recursos, el clientelismo político, la crisis de valores, la ausencia de cultura de trabajo, algo lamentable en un país con tantos recursos y alimentos.
¿Qué otro tema le preocupa especialmente como Obispo?
Sin duda el debilitamiento de la familia. Sin familias unidas y fortalecidas nuestros niños y jóvenes no tienen futuro. La familia es como un portaaviones, los hijos son los aviones que van despegando, pero si le destruimos la pista y la base de aprovisionamiento, ¿dónde aterrizan? En las falsas pistas de las adicciones, del alcoholismo, la violencia, la vagancia, el caos afectivo. Creo, siguiendo las enseñanzas de los últimos papas, que la gran “batalla” por el futuro de la humanidad pasa por la familia y la defensa de la vida desde el seno materno, hasta la muerte natural.
Otro tema de vital importancia es la cuestión ecológica, es decir el cuidado de la “casa común”. Es increíble como “mutilamos” la naturaleza de muchos modos y como ésta se “venga” por así decirlo, a través de los cambios climáticos que golpean frecuentemente. Como ejemplo, cito esta afirmación, sin vueltas del Papa: estamos convirtiendo la tierra en un inmenso basural, que nos va a enfermar a todos. Observemos sin más nuestra ciudad, duele ver bolsas, botellas y pilas de basura tiradas a los costado de calles y rutas de ingreso, o ante las paradas de colectivos, contaminando el aire, el agua y la tierra. ¿Cómo revertir esto sin valores, sin educación, sin familia?
¿Qué piensa acerca de la cuestión de la inseguridad?
Este es uno de los temas que más preocupan a la población. La misma ha ido creciendo en los últimos años. Hasta no hace tanto tiempo en los pueblos y en el campo dormíamos sin poner llave en la puerta. Hoy todos estamos bajo llave, alarmas y perros guardianes, aún en las comunidades más pequeñas. Esto es fruto de la decadencia moral y espiritual. La ausencia de familia, de valores, de educación, de justicia social, la desigualdad y el derroche de los poderosos crea resentimientos. El consumismo asfixiante crea necesidades superfluas y también el factor corrupción y narcotráfico acrecientan la violencia y la inseguridad, cuando “infectan”  ciertas estructuras del Estado que deben procurar el bien. Una verdadera red de complicidades que estamos pagando muy caro, con la muerte de tantos inocentes.
Afirmaciones del papa Francisco
¿Qué lectura le dejan las declaraciones del papa Francisco sobre el aborto y el matrimonio igualitario?
En su magisterio el papa Francisco, con su estilo sencillo y claro ha reafirmado la permanente enseñanza de la Iglesia en estos campos de la moral. El aborto provocado es y será siempre la muerte de un ser inocente e indefenso que goza de derechos humanos inalienables desde el mismo instante de su concepción. El aborto es una derrota de la humanidad. Madre Teresa decía: “Si es legal matar a un niño en el seno de la madre, ¿qué  viene después? Todo vale. ¿No lo estamos viendo?”. Al mismo tiempo el Papa nos exhorta a recibir con misericordia a toda persona que desea sanar las heridas interiores que provoca el aborto, (un tema nunca mencionado por los partidarios de la legalización). Sumemos además un razonamiento muy simple: si nuestra madre no hubiera dicho sí a la vida, no estaríamos hablando y leyendo luego esta nota.
Con respecto al llamado matrimonio igualitario en su reciente carta sobre la familia Francisco dice: “Toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad, evitando todo signo de discriminación injusta, particularmente cualquier forma de agresión o violencia. (AL 250). Luego agrega: “Debemos reconocer la gran variedad de situaciones familiares que pueden brindar cierta estabilidad, pero las uniones de hecho o entre personas del mismo sexo, no pueden equipararse sin más al matrimonio” (AL 52) y en otra parte expresa: “No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia” (AL 251). En otras palabras, una cosa es respetar siempre la dignidad de la persona, otra muy distinta es aceptar o “bendecir” el llamado matrimonio igualitario.
¿Cuál es su opinión sobre el avance de la droga, las adicciones y el uso medicinal de la marihuana?
El problema es tan serio que el Gobierno ha declarado la emergencia en adicciones. Un paso importante es reconocerlo y no negarlo, como sucedía tiempo atrás. Pero ojalá no quede en un decreto, sino que se avance en la lucha contra los narcotraficantes de la muerte, y a su vez aumenten los recursos para la prevención y la recuperación de los múltiples heridos que provoca esta “plaga”. Urge, por ejemplo, que en el país y en nuestra provincia se establezcan comunidades terapéuticas o sanantes, porque muchos padres desesperados no saben a quién recurrir con sus hijos adictos. Alienta saber que se comienzan dar pasos en este sentido.
Con respecto al uso medicinal de la marihuana, como recientemente se ha legislado, sin duda que es adecuado su uso, pero regulado por el Estado, y para casos puntuales, algo muy diferente a la “liberación” o despenalización de la misma, que está comprobado, acrecienta el consumo y las adicciones.

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