marquitosLa fama cuesta. Así dicen quienes la ostentan y es una conocida frase fílmica que se cumple hoy en la vida de quien a principios de julio último ocupaba portadas y noticieros del país y al que catalogaban como ‘el mejor vendedor de Misiones’. Y es que hoy, Marcos Bueno, el adolescente de 14 años que se ganaba la vida vendiendo plantas medicinales en las calles, ya no puede hacerlo, pero en contrapartida pudo regresar a la escuela, completó el año y pasó de grado.
Las carencias habitacionales familiares siguen estando mientras su pasión por vender se ve coartada porque “la Policía ya no me deja”, contó a El Territorio.
El chico saltó a la fama cuando un camionero decidió grabarlo mientras utilizaba la estación de servicios sobre la ruta nacional 14 porque le llamó la atención la soltura con que se desenvolvía para ofrecer sus productos.
Los ‘remedios’ servían para curar todos los males, menos los suyos, ya que sigue sumido en la misma delicada situación económica que antes de volverse un personaje reconocido.
El video se masificó vía internet, medio que logró ubicarlo y contar su historia, lo cual posibilitó que el 3 de julio, en medio de un amplio operativo encabezado por funcionarios y con DNI actualizado, el mejor vendedor de Misiones regrese a la escuela.
A partir de ese momento, su vida dio un giro que lo alejaría de su mayor pasión sin que ello le mejore las condiciones de vida.
Entre las anécdotas que guarda de la infinidad de entrevistas y visitas que tuvo, el joven recuerda: “Vino un empresario de Buenos Aires un día, con un autazo y quería a toda costa llevarme para allá para hacer algunas cosas de publicidad, me dijo”.
“Le ofreció plata a mi papá para que le firme el permiso, pero ni mi papá ni yo nos animamos”, completa.

Marginación y carencias
Marcos vive en su misma casita de madera, con piso de tierra, chapas de cartón y colchones dispuestos sobre unas improvisadas camas.
En un solo ambiente que cuenta no más de 20 metros cuadrados, duerme junto a su padre Ramón, su madre, su hermana Laly (16) -que está en pareja con Catriel (21)- y la pequeña Angie, de sólo 2 años.
“Después de que vinieron y me hicieron todas esas notas, la Policía ya no me deja vender en la calle”, reclama el adolescente mientras muestra su cuaderno que certifica que aprobó el quinto grado.
El año próximo, cursará los ciclos de sexto y séptimo en la modalidad para adultos, a fin de ingresar al secundario en 2018, con 15 años.
Entre las nuevas experiencias que le produjo la exposición, Marcos reclama: “Nos prometieron muchas cosas, pero al final no recibimos más que algunas cosas de parte de personas que se acercaron a ayudarnos”.
Añade que, si bien lo habían hecho ingresar a la Escuela provincial 832, debía tomar dos colectivos urbanos y muchas veces caminar varios kilómetros para asistir, ya que el servicio no es frecuente.
Ante esta situación, la supervisora de nivel primario, Alicia Koch, realizó los trámites correspondientes para que asista a la Escuela 83, que queda a pocas cuadras de su casa.
Por ahora, el chico cumplió con creces su parte. Volvió a la escuela, aprobó los espacios curriculares y el próximo martes 6 de diciembre, en la Casa de la Cultura del Bicentenario, tendrá su acto de fin de ciclo junto a sus compañeros.

Ganas versus realidad
La vivienda de la familia de Marcos se encuentra en un antiguo asentamiento sobre la ruta provincial 4, a unos cinco kilómetros del casco céntrico de la ciudad, en la antes llamada villa La Pedrera, que en los últimos años fue urbanizada con apertura de calles, empedrado y cordón cuneta, zonificada por lotes que se le van entregando en comodato a los habitantes para acceder, por ejemplo, a la luz eléctrica. El barrio fue rebautizado como 20 de Junio.
Pese a todos estos avances por años esperados, se nota en la familia de este adolescente y en muchas otras de esa zona una deteriorada calidad de vida, sobre todo en los jóvenes.
En el recorrido por el barrio, El Territorio constató sobre el trabajo de un grupo de ayuda a adolescentes que ya habría gestionado y aguardan la concreción desde el municipio de un espacio para construir una vivienda que sirva de ayuda para chicos en estado de vulnerabilidad.
Ante problemas estructurales de la sociedad, el espacio permitiría contar con un lugar para que desarrollen sus talentos los jóvenes de la zona, entre ellos Marcos, que podría canalizar sus capacidades.

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Territoriodigital


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