victimas“La gente muchas veces tiene miedo de denunciar, porque después los delincuentes se enteran por la propia Policía quién los denunció. Eso les pasó a la pobre señora Bezus y al hijo, asesinados en Samambaya”, reflexionó un colono de Campo Ramón que el último miércoles participó de la marcha por seguridad y justicia que se realizó en esta localidad.
Precisamente, ayer se cumplió un año del doble homicidio de Lidia Bezus (69) y su hijo Diego Kosaczuk (29), asesinados a balazos en su chacra de Paraje Samambaya, localidad de Los Helechos.
Si bien la hipótesis de un robo cobró fuerza a partir de que allegados a las víctimas confirmaron que pocos días antes habían vendido un lote de pinos por alrededor de 40 mil pesos, con el correr de la investigación las pruebas apuntaron a un ex empleado con el que habían tenido problemas por la presunta participación del sujeto en un robo a un vecino.
Kosaczuk habría aportado algunos datos y testificado en dicha causa, lo que posiblemente desató la sed de venganza del asesino y sus cómplices. Incluso, precisaron que habría comentado que recibió amenazas por parte del mismo sujeto.
Las víctimas residían solas en la propiedad, situada a unos ocho kilómetros del casco urbano de la localidad de Los Helechos, donde eran apreciados por vecinos y conocidos. Asistían a la Iglesia Evangélica y eran muy colaboradores con la comunidad.
Si bien disponían de algunas hectáreas de té, yerba y pino, eran pequeños colonos que vivían con lo justo. Muestra de ello es que se movilizaban en un Renault 12.
Fuentes de caso no descartaron que las víctimas se hayan resistido. Según se pudo reconstruir, los delincuentes habrían sido por lo menos tres y arribaron a la propiedad alrededor de las 9 del día 16 de julio del año pasado. A esa hora Kosaczuk se encontraba trabajando en el vivero que estaba ubicado frente a la casa. Ahí habría sido sorprendido por los asesinos.

Baño de sangre
Su madre se encontraba adentro de la casa y habría visto la escena o escuchó gritos, por lo que alcanzó a tomar su teléfono celular y trató de contactarse con un vecino. En ese lapso uno de los desconocidos logró evitar que pida auxilio y se supone que fue cuando recibió un fuerte golpe en la cabeza.
Habría sido entonces que su hijo corrió para asistirla y fue ultimado de dos balazos. El cuerpo del muchacho fue encontrado en la escalera de acceso a la casa. Su celular fue hallado sobre un cajón en el vivero donde estuvo trabajando esa mañana.
Los cuerpos fueron hallados por un vecino que reside a 800 metros del lugar, a quien la señora Lidia trató de llamar en medio del horror.
Según su declaración, cuando atendió el teléfono escuchó un leve ruido de fondo y creyó que la interferencia fue producto de la escasa señal que hay en la colonia.
Luego fue imposible devolverle la llamada. Fue así que después del mediodía decidió pasar por la casa de sus vecinos y se encontró con el baño de sangre.
A lo lejos, porque los perros no le dejaron acercarse demasiado, observó el cadáver del muchacho tendido en la escalera.
Inmediatamente dio aviso a la comisaría local y los uniformados constataron que la madre de Diego también había sido asesinada. La mujer fue encontrada en su habitación.
El joven presentaba dos disparos de arma de fuego, uno en el pectoral izquierdo y otro a la altura del ojo derecho. La señora sufrió dos disparos en la cara y hundimiento de cráneo por el golpe sufrido.
En el lugar no se encontraron vainas servidas ya que las víctimas fueron ultimadas con un revólver calibre 22, explicaron los investigadores.
Días después, la Policía realizó una serie de allanamientos y logró la detención de tres sujetos, en poder de uno de los cuales hallaron un revólver 22.
Según fuentes de la Unidad Regional II, la prueba balística confirmó que se trata del arma con que mataron a la señora Bezus y a su hijo. Los tres sujetos fueron imputados por doble homicidio y sería inminente la elevación a juicio.

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Categorías: Noticias Policiales

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