1.- Alerta real
Al dar órdenes el monarca al gobernador de Buenos Aires (Real Cédula del 16 de septiembre de 1639), afirmaba que desde 1614 constaba en el Consejo Real de las Indias, que los vecinos de San Pablo y de otros lugares de las regiones del sur de Brasil, habían cruzado la línea fronteriza penetrando en tierras de España y en particular en la gobernación del Paraguay y asolando la Ciudad Real del Guayrá, Santiago de Jerez y Villa Rica del Espíritu Santo, llevándose cerca de 30.000 indígenas.

2.- Los “bandeirantes”
En las orillas del río Uruguay merodeaban los bandeirantes,, llamados también paulistas, cuya sola mención embravecía y sublevaba a los guaraníes.
Se sabía también que las banderas se organizaban militarmente y eran mandadas por oficiales de guerra, y que las integraban generalmente 400 portugueses (Las filas bandeirantes no solo eran integradas por portugueses, sino que en sus mesnadas se agrupaban también holandeses, franceses y hombres de otros pueblos del norte de Europa) y 2000 indios auxiliares tupís. Avanzaban en sus marchas sobre tierras de España, como si fueran “moros, abrasando, talando , y destruyendo pueblos” y cautivando millares de indios, que llevaban después al Brasil donde eran vendidos y repartidos como esclavos, “hinchando los ingenios de azúcar, haciendo heredades y llevándolos hasta Lisboa y otros lugares de Portugal, como si fueran negros de Guinea o berberiscos. Y no contentos con despoblar pueblos y reducciones, pusieron fuego a las casas, quemando en ellas familias enteras; sitiando las ciudades que quisieron defenderse; entrando algunas a sangre y fuego contra los indios, sin que bastase su humildad ni el sujetarse luego a sus armas para que no matasen, despedazasen y abrasasen a muchos; cometiendo inauditas crueldades para rendir a unos y atemorizar a otros, llevándolos en colleras y cadenas presos más de 300 y 400 leguas, cargados de cera silvestre, maderas y otras cosas; sin darles más sustento que el que pueden los mismos indios alcanzar de los árboles, caza y pesca: muriendo muchos de hambre, sed, y cansancio; con lo que van dejando tantos cuerpos muertos, que por el rastro de ellos se puede saber de donde los traen. Y es tanta su crueldad que al que enferma, lo matan, porque no los embarace. Y a la india que por traer el hijo a cuestas no puede con la carga que le reparten, se los quitan y matan; y si alguno o algunas, casados, van sin sus consortes, los hacen casar otra vez, porque el amor de lo que dejan no los haga volver”
“Con este rigor –prosigue el documento real- de 200.000 almas que han sacado del Paraguay, no han llegado 20.000 al Brasil…”
“Seis pueblos del Tape debieron emigrar al otro lado del río Uruguay en 1638, atravesando de 800 a 1.000 kilómetros de sierras, bosques, y selvas hasta llegar a las reducciones del Paraná, donde se repartieron. Los de San Cristóbal, San Carlos y Apóstoles se juntaron para fundar el nuevo pueblo al que llamaron Mártires del Japón. Santa Ana, San José y San Javier, ubicadas cerca del Paraná, continuarían con el mismo nombre en su nuevo puesto.
La justa indignación que movía a misioneros e indígenas era un acicate para perfeccionar los preparativos bélicos…”
(Bibliografía consultada: “Yapeyú” José Torre Revello. “Guaraníes y Jesuitas” Lucía Gálvez)

3.- El éxodo a las tierras del sur
“La centinela que comúnmente teníamos, nos dio aviso de la venida del enemigo, con que los indios trataron de mudar y dejar sus tierras por escapar las vidas y las libertades. Ayudó mucho a esta mudanza un requerimiento que la justicia de la ciudad del Guairá nos había hecho, pidiéndonos mudásemos aquella gente, porque ellos por sus pocas fuerzas no nos podían ayudar contra enemigo tan pujante… y como ya los indios se habían prevenido de canoa, por haber de ser la salida del Paraná abajo. Facilitóse mucho la mudanza.
“Ponía espanto ver por toda aquella ocupados indios en hacer balsas que son juntas dos canoas o dos maderos grandes, cavados a modo de barcos y sobre ellos forman una casa bien cubierta que resiste el agua y sol, andaba la gente toda ocupada en bajar a la playa sus alhajas, su matalotaje, sus aves y crianza. El ruido de las herramientas, la priea y confusión daban demostraciones de acercarse ya el juicio.
“Y quien lo dudara viendo seis o siete sacerdotes que allí nos hallamos consumir el Santísimo Sacramento, descolgar imágenes, consumir óleos, recoger ornamentos, desenterrar tres cuerpos de misioneros insignes que allí sepultados descansaban… Fabricáronse en muy breve tiempo 700 balsas, sin muchas canoas sueltas, en que se embarcaron más de 12.000 almas, que solas escaparon en este diluvio tan tempestuoso. Dos días solos habíamos caminado río abajo, cuando nos alcanzaron unos indios… de los cuales supimos como a que tan pernicioso enemigo, quedaba furioso viéndose burlado… Llegaron al despoblado pueblo, embisten con la puerta de los templos… hicieron pedazos las puertas, que su labor y hermosura pudiera recelar su atrevida mano…
(“La conquista espiritual del Paraguay”. Antonio Ruiz de Montoya)

4.- Batalla de Mbororé
“Traxeron nueva nras. Espías q… baxaban por el río Vruguay vu grabde exército que cuasi quatro cientos Portugueses y dos mil setecientos Tupis…se tocó el arma en las reducciones y de las principales se convocaron con presteza cuatro mil y doscientos indios de guerra… en…Embororé, que está vn día de Acaraguá, donde estaba alojado el enemigo…” (Parte del provincial Pedro Zurbano al RP. Mucio Vitelleschi, General de la Orden, sobre la Batalla de Mbororé)
Dos batallas decisivas y favorables a los indios amisionados se desarrollaron contra los bandeirantes: una en Caazapá Guazú en 1639, otra y definitiva en Mbororé el 11 de marzo de 1641, que dieron como resultado la paralización de esta bestial guerra de exterminio y devastación.
Para ello se organizaron e instruyeron a los neófitos capacitándolos para la lucha. Se instalaron pequeños talleres para fabricar mosquetes, arcabuces y municiones, y se los adiestró en el manejo de la armas de fuego, bajo el mando del hermano Domingo Torres, antiguos soldados incorporado a las milicias de San Ignacio.
Sobre la batalla de Mbororé existe un interesante relato hecho por autor anónimo que escribió la biografía del P. Cristóbal Altamirano, quien dice que la horda de bandeirantes la integraban 400 portugueses de San Pablo y 2.000 tupíes auxiliares. Los indios de las misiones en número de 4.000 eran acaudillados por el cacique principal, capitán Ignacio Abiarú.. Agrega que la batalla duró dos días muriendo 120 portugueses y más de 1.000 tupíes: Los indios amisionados tuvieron 6 muertos y 40 heridos.
En el Archivo General de Indias, sobre la batalla de Mbororé, se levantó una información que se conserva en donde dice que los invasores eran 400 blancos y 3.000 indios y 90 canoas”.
Existe además el relato del P. Lupercio Surbano , que reproduce el R.P. Pablo Pastells. S. J..Historia de la Compañía de Jesús.

Después de Mbororé
A no ser – ha escrito el P. Hernández- por la firme resistencia que a los mamelucos les opusieron los neófitos una vez armados con armas de fuego, no hubiera quedado rastro de la raza guaraní en la cuenca del Plata, pues era un perpetuo consumo y destrucción cautivar indios en estas regiones y venderlos luego, no solo en San Pablo, sino para todo el Brasil; sin contar los innumerables que perecían en los saltos y en los caminos.
Por otra parte el triunfo de Mbororé, impidió se concretara el proyecto portugués de avanzar más y más hacia el oeste hasta llegar al Perú, cuna de la plata y el oro, lo que hubiese significado que el Río de la Plata pasara a manos portuguesas.
(Bibliografía utilizada: “Un lugar llamado Yerbal Viejo” de mi autoría. Capítulo 10- La batalla de Mbororé).

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Categorías: Columnas de Opinión

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