Ya comienza la cuenta regresiva, desde hoy se van descontando días al mes electoral con fecha decisiva el 25 y, como siempre sucede -suponemos en mayoría- cada uno piensa en función país, en función provincia y en función municipio, pensamiento que en los más, por cuestión ideológico-partidaria, se convierte en función del acto electoral en un único bloque que en definitiva será la “sábana” que se colocará en los sobres camino a las urnas.
No todo es tan simple, aunque como ordenamiento electoral- administrativo- democrático aparece como lo ideal para dar mayor gobernabilidad a los ganadores, siempre y cuando esa técnica empleada genere también una posibilidad opositora imprescindible para el buen manejo gubernamental.
Todo esto no significa cuestionar ese voto, ni mucho menos criticar el corte de boleta y hacer “el cambio de figuritas”, pero, si hablamos de ordenamiento electoral administrativo democrático es porque recordamos aquellos ingratos tiempos electorales que vivimos allá por el 1995 que, entendemos bien vale la pena refrescarlos en esta antesala electoral y que provocó en nosotros una reacción mediática que se cristalizó en un original de un libro que está inédito por habernos dedicado en cuerpo y alma a contar en detalle la historia viva obereña cuyo último de los tres tomos está a punto de ingresar a su impresión cerrando 71 años de vida obereña al detalle.
¿Qué sucedía cuando las elecciones de 1995?
“Presidencias y comportamientos del Siglo XX”
“El haber seleccionado el acto eleccionario de la jornada cívica del 14 de mayo de 1995, tiene que ver con la decisión de presentar esa fecha como un punto referencial ideal para una introspección del comportamiento político del hombre argentino, el que, a través de su historia contemporánea generó la más retorcida urdimbre institucional, tal vez como consecuencia de su temprano enraizamiento con hombres de lejanas tierras a los que puso primero como modelo y luego invitó a su suelo, suelo que por tal decisión debió, a partir de entonces, marchar de atrás tratando de reivindicar comportamientos que no provocó, entablándose una sorda lucha, amenguada hoy, pero aún vigente, que constituye un caldo de cultivo para que nuestras generaciones de argentinos se hayan conformado con ser meros espectadores aún ante las más insólitas situaciones, producto de una herencia cuyo patrimonio así fue forjado.
Hallar el porqué de esa indefensión que le adjudicamos al hombre en aquella emergencia nos obliga a incursionar en una suerte de túnel de los tiempos, partiendo –como para sembrar heredad del siglo XX que es nuestro destino- en el XIX y extendernos hasta nuestros días. En todo caso nos conformamos con haber abierto un rumbo en una investigación que nos compromete a todos, máxime teniendo en cuenta que el argentino de la segunda mitad de ese siglo, emprende la tarea de despegar en plenitud y sin ataduras todo ese rico potencial humano que, al margen de los resultados electorales, estaba durmiendo el sueño de los justos, por lo que todo esto se asemeja a un laboratorio que procesa comportamientos y resultados y que nos permite ir dibujando rasgos de una identidad nacional, algo que ha pasado a ser una deuda pendiente…”
Aclaremos que lo que decíamos entonces sucedía en el final del Siglo XX, era la resultante de una situación límite que desmadró en fuertes enfrentamientos sociales el 20 de diciembre de 2001 provocando la renuncia de un presidente y una sucesión en pocos días de cinco presidentes de la Nación.
Hoy todo ese enrarecido clima socio- político ha desaparecido y se han vivido en democracia los actos electorales, pero bien vale utilizar la memoria, para no desandar lo andado que es lo que estamos haciendo y así evitar tensar la cuerda del comportamiento social.
Ejemplos de un mundo violento y atrozmente cruel no faltan, basta con solo querer ver ese espejo de violencia mundial que azota regiones al norte del hemisferio.
Volvamos al acto eleccionario en función de Oberá y si bien en nuestro fuero interno no somos partidarios de la ley de lemas, eso no es óbice para que destaquemos que merced a ella el domingo 25 serán 30 los candidatos de distintos lemas al sillón municipal y eso en lugar de sorprendernos nos habla a las claras de la existencia de un gran empeño participativo en pilotear la máquina municipal, lo logrará uno solo, cierto, pero junto a él irán los candidatos a concejales, ¿y los demás? aprueban una materia, la de la exposición pública, que necesariamente para este caso va concatenada con un exhaustivo examen de ese Oberá íntimo que poco se conoce lo que, de ahora en más, les podrá resultar a futuro un campo fértil para sus desvelos participativos.
Los ecos de la campaña por el sillón municipal se acentuaron -¡y cómo! advirtiéndose la necesidad de una mayor inclusión de los barrios en el ancho camino del progreso, algo de doble lectura, por un lado demuestra que Oberá, ciudad, ya puede y debe incluirlos aún más de lo que se está haciendo. Al respecto la Carta Orgánica Municipal ha dado un paso significativo con su legislación referente a los barrios, el artículo 29 establece: “La Municipalidad reconoce las comisiones vecinales. Al efecto se sancionará una ordenanza orgánica estableciendo los requisitos de constitución, sus atribuciones, deberes y los límites de su ámbito territorial de actuación. Sus autoridades serán electas mediante sufragios secretos de los residentes del barrio, con fiscalización de veedores municipales, garantizándose la representación proporcional de sus miembros. La convocatoria será pública, debiéndose previamente confeccionar padrón de electores. Las comisiones vecinales podrán agruparse en consejos vecinales zonales, según se reglamente por ordenanza” y el artículo 31: “Cuando se traten asuntos de incumbencia de su barrio, el presidente de la comisión vecinal o quien ésta designe, tendrá derecho a voz en las reuniones de comisión y/o en las sesiones del Concejo Deliberante, mediante notificación fehaciente y oportuna” y por el otro lado el hecho de que los mismos barrios están creciendo y tienen más que sobrados méritos para no solo recibir mejoras, sino participar en la función municipal.
A partir de la legislación que mencionamos, es evidente que se van abriendo las puertas a una mayor inclusión barrial en la función municipal. No es la primera vez que emitimos opinión sobre esa inclusión y en ese sentido, lo que proponemos es que, afianzados que fueren esos primeros pasos, se contemple una inclusión paulatina para el ingreso barrial a las concejalías municipales, con lo que, nos parece –más ahora que se extendido a 9 el número de concejales- ingresen como concejales comenzando con uno, que sería producto de la decisión de las comisiones vecinales, y, gradualmente ir aumentando su número.
¿Qué es lo que perseguimos? Que exista una competencia en todos los ámbitos del municipio que provocará –eso creemos- que tantas vocaciones comunitarias como las hay puedan ver un camino desbrozado para implementar sus inquietudes comunales y, así, al estar representados el centro y los barrios, todo el cuerpo municipal puede estar debidamente atendido.
Más allá de todo lo especulado, el próximo domingo 25 viviremos una jornada electoral que nos hará presente que, como ciudadanos, tenemos que hacer uso de ese derecho y de ese modo con la suma de todas las individuales advertir que estamos viviendo en democracia lo que ya, de por sí, es un lujo.
Y como un bálsamo derramado entre tanta agitación política, este domingo 18 se celebra el Día de la Madre, vaya entonces para todas las madres ese ¡Feliz día Mamá!, una cordial recordación por ser la madre el pilar angular de la familia y la base sólida en la que se asienta nuestra sociedad.

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Categorías: Columnas de Opinión
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