Agenda cultural
Muchas veces una sola lectura de un libro deja por el camino temas que hacen faltan para un comentario suficiente. Esta Agenda es un repaso de los libros que la Feria Provincial del Libro ha tenido la suerte de que sus autores donen para la Biblioteca de la Institución. Hay libros que dan hilo para mucha tela. Y es el caso del escritor misionero (abogado y político además) Ricardo Argañaraz con su novela “Federico Batista, Matador de tigre”. El viernes anterior conocimos a Federico Batista y su hazaña increíble de matar un tigre de un solo golpe de machete, dejando su cabeza colgada de la piel de su cogote. Con lo que evitó la muerte de un compañero de obraje, que se encargó a lo largo del libro de contarlo y promover una fama que persiguió a Federico muy a su pesar.
En este capítulo 4 (que se complementa con el capítulo 12) el autor sitúa esta novela dentro del realismo mágico desde la descripción de personajes, lenguaje, entorno, hasta el brutal hecho de matar con mucha suerte al yaguareté o tigre de un solo golpe. Antes de llegar a esta instancia, otro obrero montaraz Pedro Fonseca, amigo de Federico, tiene su propio relato y experiencia dramática del monte, que la va contando parsimoniosamente, ante una audiencia silenciosa que rodea el fogón, y sin apuro por llegar al hecho principal como es la enigmática muerte de 4 perros que entraron al monte y no volvieron más, así como el encuentro del compañero Jair dos Reis, paralizado “sin mente”, atolondrado porque tuvo una visión increíble de una mujer con ropa oscura y cara blanca, ojos negros sin mirada, que comía las palomas muertas que él había cazada y que antes de ser engullidas por la mujer volaban a pesar de estar muertas! El relator va conmoviendo a la tensa audiencia que lo escucha en el improvisado fogón (donde una jarra de latón hierve con el mate cocido y en una olla de hierro se pica y tuesta el reviro) y va ingresando en el entorno selvático, donde todo lo increíble se cuenta como realidad.
Pedro Fonseca pasado un tiempo de reflexión sobre los dramáticos hechos acontecidos le reveló a su compañero “que era la Ka’ a Porá”. Mi compañero quedó blanco porque estoy seguro que el también sabía que era ella…” Y aquí el autor hace una descripción exhaustiva de la cuidadora del monte que castiga a quien mate animales por matar, o arruine el monte apeando madera nueva, o deje pudrir las toras volteadas, así como cuida los pájaros y sus nidos, los peces de los arroyos para que tengan el agua limpia … Y Fonseca reflexiona… “Yo sí respeto a la Ka ä Porá…” porque también cuida el monte. El establecimiento maderero estaba entrando en el corazón de la selva virgen donde las cosas se resolvían en soledad, no existía tiempo para la consulta ni el consejo. Por eso estas reuniones al amanecer o al anochecer eran imprescindibles, necesarias y sanadoras.

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