Diego Trondle (61), Daniel Refosco (60), Carmen Soarez (41), Silvia Bustos (45) y Marcelo Ohashi (50) se recibieron de maratonistas: semanas atrás corrieron los 42 kilómetros en Buenos Aires y demostraron que no hay imposibles. “Era un objetivo de vida”, coincidieron ante EL DEPORTIVO.

Se prepararon alrededor de seis meses, planificaron el entrenamiento con un profesor, consultaron a nutricionistas, se realizaron los estudios médicos de rigor, tuvieron en cuenta todos los detalles y cumplieron un sueño: correr la Maratón Internacional de Buenos Aires.

Los poco más de 42 kilómetros de carrera que se disputaron en septiembre último ya son un desafío superado para el contador y profe universitario Diego Trondle (61), el ingeniero electrónico Daniel Refosco (60), la diseñadora gráfica Carmen Soarez (41), la profe de Educación Física Silvia Bustos (45) y su esposo, el bioquímico Marcelo Ohashi (50). Los cinco obereños formaron parte de esa multitud de atletas de todo el mundo que coparon la Ciudad de Buenos Aires. “Nos recibimos de maratonistas”, coincidieron ante EL DEPOR.

Si bien siempre estuvieron ligados a la actividad deportiva, los cinco descubrieron hace un par de años, vía running y pedestrismo, la posibilidad de desafiarse, superarse y compartir un ambiente de camaradería. Todos forman parte del Oberá Running Team, liderado por el profe Aníbal Andrade. Participaron en distintas competencias, entre ellas de trail running, media-maratón y otras pruebas de calle, pero la mirada siempre apuntaba a una verdadera maratón.

“Era un objetivo de vida para mí y sumé a mi marido, prácticamente no le di opción para que me acompañara. El año pasado entramos al grupo Oberá Running Team pensando en esta maratón. Apenas abrieron las inscripciones creo que fuimos los primeros en anotarnos. Sabíamos que iba a ser duro, con una rutina exigente, debimos dejar muchas cosas de lado. Todo fue pensado y planificado. Entrenamos todos los días, fue un largo viaje de entrenamiento. Aprendimos mucho y fuimos disfrutando del proceso”, contó Silvia Bustos.

“La experiencia para nosotros fue muy buena, con muchas personas que nos acompañaron durante todo el tiempo. Un momento único, en la largada, cuando pasan la bandera argentina que nos va cubriendo a todos, con el himno de fondo y todos levantando los brazos para tocar la bandera, parece un plus de energía. Hubo momentos duros, pero corrimos con el alma, con la emoción y pensando en nuestro gran equipo que nos fue a despedir en la terminal. Hicimos los 42,195 km en 4 horas y 2 minutos. Fue una enseñanza de vida, que lo que uno se propone lo puede cumplir, los sueños se cumplen”, subrayó.

“En mi caso las emociones fueron muy fuertes, hice todo bien en la preparación, cubrí todos los aspectos en los seis meses previos. Sin embargo, a los dos kilómetros de largar, sentí un dolor en la pantorrilla, como un calambre, algo que nunca había sentido. Fue doloroso correr los 40 kilómetros con ese dolor. Creo que mi mayor logro fue haber vencido ese mal momento, sobreponerme al dolor, hacer que la cabeza sea más fuerte. Terminé muy emocionado, en 5 horas y 30 minutos“, confesó, a su turno, Daniel Refosco.

El running refleja gran parte de lo que es la vida, uno puede hacer todo y de pronto aparecen esas sorpresas que hay que enfrentarlas y superarlas”, reflexionó.

Diego y Carmen habían compartido una experiencia en Ushuaia, Tierra del Fuego, en una carrera de 25 kilómetros, pero sin mucha planificación previa. Por eso, reconocieron que fue un aprendizaje enorme vivir toda la previa. “Sufrimos muchísimo. Aprendimos la importancia de la planificación, nutrición, cada detalle. Ahora terminamos espectacular“.

Teníamos muchos nervios porque debíamos llegar antes de las seis horas. Por suerte llegamos enteros, pasamos muchas cosas en el recorrido, pero principalmente disfrutamos todo el proceso, el antes, el durante y el después. Agradecemos la experiencia a tanta gente que nos ayudó y acompañó. Nos sentimos privilegiados”, continuó.

Siempre fuimos buscando nuevos desafíos, quería alguna vez tener la experiencia de correr 42 kilómetros” destacó Carmen.

El grupo ayuda mucho. Somos corredores de distintas edades, pero hay mucha solidaridad y motivación. A mí correr me ayudó a elaborar el duelo por la muerte de mi mamá, empecé de a poco y me fui enganchando. No es sólo lo físico, sino que es emocional. Es disfrutar la vida en movimiento”, cerró Diego.

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