¡Qué complicada es la función del periodista en especial y esencialmente aquel que debe realizar su trabajo en el centro neurálgico del país en este mundo ahora pandémico! Dos calamidades lo pueden perturbar: por un lado el virus que exige reglas y provoca contagios; por otro la grieta, que no se quiere ir, imponiendo o utilizando la violencia oral o escrita, en una exacerbada ideologías de turno y que no da tregua y que pretende debilitar y  no  respetar  gobiernos que, democráticamente, y tras elecciones limpias, se vienen sucediendo desde 1983 y en lugar de utilizar esa arma que tanto pesa como lo es el disenso, que ya parece no estar alcanzando, se utiliza violencia verbal o escrita como arma corriente en la comunicación entre periodistas y sus lectores y viceversa.
Cierto es que la postura del periodista de información, por lógica, es una cuestión ¿subjetiva? o al menos lo debiera ser si entendemos la importancia que significa ese servicio que brinda a sus lectores, sin embargo en este mundo ahora “acanallado” por el virus que pretende destruirnos, provoca incertidumbre, desesperanza, pobreza y, se lo pasa por alto sin medir las consecuencias que puede provocar salirse del entorno constitucional que debe regir en las actitudes políticas si queremos preservar las instituciones.
Pero lo más preocupante es que este tipo de actitudes que hicieron furor allá por la vuelta a la democracia en el siglo XX aparece, como una constante de la intranquilidad cívica en el mundo central nacional, mientras que en las provincias en general sí existe un respeto hacia los resultados que arrojan las elecciones como para tenerlo en cuenta, así lo vemos en esta provincia de Misiones donde realmente y como lo venimos diciendo, aparece como un paraíso con relación al centro neurálgico que “sin querer queriendo” no puede salir a lograr un país federal que trabaje durante cada mandato constitucional, democráticamente,  en un intento de unidad nacional regida por los procesos democráticos y como para suavizar este libreto  recordemos aquella frasecita de “unidos triunfaremos, desparramados ¿qué hacemos?” ¿Lo recuerda?, hizo boga en el ayer.
Volviendo al mundo de la preocupación que está embargando al pueblo argentino y que utilizamos hoy como otro justificativo para sacar a luz este escrito y que nos muestre la ansiedad y hasta desesperación que nos invadía a los argentinos de entonces por comprobar que las promesas se cumplan y con Raúl Alfonsín volveríamos a vivir la democracia, superando tantas situaciones límites.
Vamos a dar curso a la nota de presentación del libro de mi autoría ¡Sálvese quien pueda! 1981- 82- 83- (Estos afiebrados años).
“ 1981- Pocos días atrás, como resultado de la inquietud política que nos domina estos días previos a las elecciones del 30 de octubre  y la oportunidad de contribuir al año político en la VI edición de la “Feria Provincial del Libro”. Esa importante realización cultural que se lleva a cabo anualmente en Oberá, surgió en mí la idea de volcar parte de la historia reciente del país, en lo que hace a los problemas socio-políticos en un libro.
Para ello debí recurrir a las notas editoriales publicadas en “Pregón Misionero” a través de los años 1981/82/83 que se refieren a este tipo de asuntos.
Darle cohesión y hacer de esta recopilación un termómetro donde se pueda comprender esos  afiebrados años no fue trabajo fácil, pero creí solucionarlo, insertando, previo a la nota editorial, un comentario que sitúe al lector en los dos momentos aquel en el cual escribimos y este otro en el que vivimos.
Para que esto fuera comprensible opté por titular el comentario previo como lo había hecho originalmente en la nota editorial y, en la transcripción en sí, la encabecé con una frase seleccionada de entre el mismo texto.
Es imprescindible que cada una de las notas editoriales sea leída teniendo muy presente la fecha de su emisión que, por otra parte, figura transcripta para una mayor claridad. De esta forma se podrá comprender en su totalidad la situación que vivía el país en ese momento.
En definitiva, he querido contribuir a hacer la narración de esos últimos tres años, en la creencia de que aún latente esos testimonios, habrán de cobrar validez con el correr del tiempo, sin que signifique que no advirtamos lo comprometido que puede resultar intentar juicios de valor sin poder emplear el tamiz decantador que representa el tiempo.
Para hacerlo aún más comprometido, he logrado que salga a la luz antes del acto eleccionario, en el convencimiento de que así podrá tener mucho más interés.
Faltaría agregar que este trabajo pretendió mostrar en que consiste la tarea del periodista y que participación le cabe en todos los momentos de la vida comunitaria, en especial en los difíciles.

Efemérides históricas:
Un 9 de octubre
1821: Nació en Gibraltar Antonio Zinny
Al afamado publicista y escritor Antonio Zinny le debemos la magnífica obra intitulada Historia de los gobernadores de las provincias argentinas y la Gaceta Mercantil de Buenos Aires. Además, fruto de su labor son: Bibliografía histórica de las Provincias Unidas del Río de la Plata; Historia de la prensa de la República del Uruguay; efemeridología Agrirometropolitana; Historia de los gobernadores del Paraguay; Bosquejo biográfico del general Ignacio Álvarez Thomas; Apuntes para la biografía del brigadier general don Juan Martín de Pueyrredón; Rasgos biográficos del ciudadano Domingo Faustino Sarmiento; Juan Martín Gutiérrez: su vida y sus escritos; Catálogo razonado de las obras adquiridas en las provincias argentinas para al Biblioteca Pública de La Plata. Los aportes de este notable investigador han contribuido a la renovación de nuestra historia con la exactitud de sus datos y el esclarecimiento de hombres y fechas. Narciso Binayán, en el prólogo del libro Estudios biográficos, pro Antonio Zinny, colección El Pasado Argentino, dice: «Hay en la obra de Zinny la belleza moral que surge de la abnegación de quien trabaja para los demás con conciencia de que trabaja para los demás»

Fallece Manuel Antonio de Acevedo
En 1825 falleció en Buenos Aires el patriota y sacerdote doctor Manuel Antonio de Acevedo. Había nacido en salta en el año 1770. Fue uno de los signatarios del Acta de la Independencia del 9 de Julio de 1816, correspondiéndole pronunciar el discurso inaugural de la histórica y solemne Asamblea. Había realizado sus estudios en la Universidad de Córdoba. Durante su carrera sacerdotal, desparramó el bien espiritual, su sabiduría y su piedad, digna de un religioso sincero y fiel a la Iglesia de Cristo. Fue cura de Belén, en Catamarca, y canónigo de su provincia natal.

Artículo visitado 15 veces, 1 visitas hoy


Categorías: Columnas de Opinión

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top