Un gajo de ese rico refranero criollo que también engrosa la tradición y que nos obliga antes de entrar de lleno al tema  a señalar que el refrán se tornó tal cuando fue pasando de boca en boca y que, al fin de cuentas es el resultado de las experiencias reunidas en un manojo de pocas palabras. Cierto que es bueno advertir que el refranero criollo nace de la fusión del antiguo refranero español con el aporte americano, e hilando más fino diríamos que esa sentencia, juicio o deducción nació en la pampa de la mano del gaucho, ese prototipo criollo que cobró notoriedad gracias a los buenos oficios de poetas y escritores encuadrados dentro de la llamada literatura gauchesca y que quedó aprehendido como símbolo de una época, hasta colocarlo como una raíz nacional a partir de 1926, Ricardo Güiraldes y don Segundo Sombra.
¿Qué cómo nació el gaucho?, una pléyade de desheredados que habitaban la pampa en la segunda mitad del Siglo XIX, casi harapientos, los más y acorralados por un progreso ciudadano que no los supo contener a pesar de haber sido protagonistas de las luchas por la independencia, a pesar de haber hecho su aporte en función de patria. Presentado por Leopoldo Lugones  en la Guerra Gaucha su imagen aparece circunscripta a las guerrillas contra los españoles bajo el mando de Martín Miguel de Güemes; pero en realidad el gaucho ha vinculado su nombre con muchos episodios bélicos de nuestra independencia y estuvo presente en la campaña de los caudillos montoneros, en las luchas por la organización nacional, también junto a Juan Manuel de Rosas, integrando los “Colorados del Monte” hasta Caseros momento en que la campaña se empieza a poblar de extranjeros, de gringos, como los llamaba y a los que ve como intrusos que se proponen reemplazarlo. Su presencia en las pampas tuvo que ver con su alejamiento  de las estancias  para participar en las vaquerías que eran expediciones en las que se arriban los animales chúcaros que pastaban sueltos en las llanuras para aprovecharse de su carne en matanzas reglamentadas por el Cabildo de Buenos Aires, pero además, realizaban tareas rurales y por sobre todo conformaban, junto con su caballo un núcleo indivisible e insustituible para su defensa personal, siendo como fueron los más diestros jinetes.
Junto a ese gaucho, apareció otro, el vaqueador clandestino, quien, por tener cuentas con la justicia se aislaba del mundo ciudadano. A ellos quizás se deba que al gaucho se lo juzgara como matrero y asesino, provocando la estrofa de José Hernández, el autor de Martín Fierro, “Y sepan cuantos escuchan/ De mis penas el relato/ que nunca peleo ni mato/ Sino por necesidá, / Y que a tanta alversidá/ Solo me arroja el mal trato”
No está lejos el tiempo en que se lo veía así vestido al gaucho, galopando nuestras dilatadas llanuras. En las páginas de Roberto Cunninghan Grahan y Guillermo Enrique Hudson se siente vivamente la presencia de nuestro gaucho, tal cual vivía y actuaba en las últimas décadas del siglo XIX .El gaucho era como una expresión natural de esa inmensa llanura, donde un gigante verde –el ombú- dibujaba su sombra en la que el gaucho descansaba de sus largas travesías, como en un posta natural. Entonces la pampa se asomaba aún a los suburbios porteños con su cielo azul y sus huellas que ataban la metrópoli a la vasta llanura casi virgen, que empezaba a cubrirse de los inmensos trigales, que hoy son una de nuestra fuentes de riqueza más efectiva.
“Matreriando lo pasaba/ y a las casas no venía./ Solía arrimarme de día/ mas, lo mesmo que el carancho,/ siempre estaba sobre el rancho/ espiando a la polecía”
Cuando hablamos de tradición se nos aparece como protagonista el gaucho, fastas gauchescas y manifestaciones artísticas folklóricas, pero cierto es que sin haber existido un José Hernández y su inmortal Martín Fierro mucha de esa inmensa riqueza folclórica argentina se hubiera perdido. Presentémoslo así como lo recordamos cuando de él hablamos: José Hernández, nacido en la chacra de Pueyrredón, al oeste del partido General San Martín, Provincia de Buenos Aires, el 10 de noviembre de 1834. Era hijo de doña Isabel Pueyrredón y de don Rafael Hernández, porteños ambos. Pertenecía a una vieja familia criolla. Saliendo de las páginas del libro, Martín Fierro utilizaba la payada y con ella va desnudando injusticias y adversidades  en su lucha por la libertad. Toda una  creación que entendemos sin parangón en tiempos en los que el fuerte unitarismo porteño soñaba con un país alfabetizado y elegante que pudiera imitar lo europeo sin poder “sufrir” a ese interior federal que “reventaba” en el gaucho de las montoneras que lideraban los caudillos y que hiciera que Hernández se opusiera al pensamiento de Mitre y Sarmiento (a éste último le dedicó su libro Martín Fierro).
Ahora leamos esto: “Una cosa es poesía gauchesca, que en la nomenclatura oficial compone el género híbrido y pululante, y otra bien distinta  el “Martín Fierro” que corresponde a una categoría literaria. A pesar de haberse hecho despreciable el género, Martín Fierro pertenece a él, del que tienen todas las buenas cualidades y ninguna de las malas. Desde los mismos orígenes se acusó la decrepitud del género, porque en cierto modo nació cuando el gaucho auténtico había desaparecido, y antes de que existiera en la literatura corriente ningún relato moderno de alto estilo (…) Martín Fierro inaugura, a destiempo y sin antecedentes conocidos, una calidad literaria que en 1872 puede afirmarse que no era notoria en Europa. Muy pocos habían alcanzado en esa fecha el sentido de verdadera belleza en el relato, como Baudelaire en el poema y lo usual era la exhibición del autor bajo la máscara del protagonista… (Ezequiel Martínez Estrada).

La Democracia
Democracia es una forma de organización de grupos de personas, cuya característica predominante es que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros, haciendo que la toma de decisiones responda a la voluntad colectiva de los miembros del grupo. En sentido estricto la democracia es una forma de organización del Estado, en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que le confieren legitimidad a los representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales.
La democracia se define también a partir de la clásica clasificación de las formas de gobierno realizada por Platón primero y Aristóteles después, en tres tipos básicos: monarquía (gobierno de uno), aristocracia (gobierno «de los mejores» para Platón), democracia (gobierno de la multitud para Platón y «de los más», para Aristóteles).
Hay democracia directa cuando la decisión es adoptada directamente por los miembros del pueblo. Hay democracia indirecta o representativa cuando la decisión es adoptada por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes. Por último, hay democracia participativa cuando se aplica un modelo político que facilita a los ciudadanos su capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas o cuando se facilita a la ciudadanía amplios mecanismos plebiscitarios. Estas tres formas no son excluyentes y suelen integrarse como mecanismos complementarios.
No debe confundirse República con Democracia, pues aluden a principios distintos, la república es el gobierno de la ley mientras que democracia significa el gobierno de la mayoría.

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Categorías: Columnas de Opinión

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