gloriaFue la primera abanderada de la colectividad en el desfile de 1980 y  una de las gestoras de lo que actualmente es la casa más joven del Parque de las Naciones. Gloria Miguel está orgullosa de sus raíces portuguesas y se emociona al contar la historia de su padre, José Enrique. Él, como tantos jóvenes en busca de un futuro americano prometedor, vino solo a los 17 años desde Portugal, dejando a toda su familia en el país luso. Llegó a la Argentina en 1927, desde un puerto brasileño y la cercanía con la tierra colorada lo tentó a asentarse en Bonpland. Luego vivió en Mártires y finalmente en Campo Ramón y Oberá. Según relató su hija, todos lo conocían en la zona; fue carpintero, agricultor y yerbatero.
Hace dos años, Gloria hizo el camino inverso, y junto a su hermana, pudo viajar hasta la casa de su padre, al otro lado del océano para conocer a sus familiares que todavía viven en Portugal.
«Fue tan emocionante… porque ni bien bajamos la rampa del avión, mi prima enseguida nos conoció», contó Gloria, dando cuenta de que el paso del tiempo refuerza los lazos y raíces.
«Estuvimos todo un mes compartiendo con la familia; como para mamar lo que era la vida de nuestros padres. Asimismo aprendimos cómo hacen sus comidas, sus costumbres, que luego incorporamos acá en la casa de la colectividad», detalló quien, además de ser una de las fundadoras de la casa portuguesa de Oberá, este año se consagró como Reina de los Mayores, en la elección del jueves.
Algunas cerámicas y otras artesanías típicas que Gloria y su hermana trajeron de su madre tierra, se exhiben y venden en el puesto de comida rápida que tienen los portugueses. Allí, algunas veces Gloria es la encargada de condimentar y asar las sabrosas espetadas. Así, el recuerdo latente de la familia Miguel, es compartido con quienes se acercan a la fiesta.
«En frente a la casa de mi prima, hay una calle que se llama Los Miguel», señaló Gloria, honrada del nombre que sobrevive en el continente europeo. «También en frente, estaba la casa de mis abuelos. Y ahí, estaba todo intacto. Porque mi prima lo guarda así, tal cual estaba. Está igual como si ellos estuvieran vivos, como si fuera un museíto. Fue re emocionante. Sentimos una alegría enorme al conocerlo», agregó.

Organizar las raíces
La colectividad portuguesa nació el 19 de octubre de 2006, cuando obtuvo personería jurídica y en 2010 arrancó la construcción de la casa típica dentro del parque que alberga a la Fiesta Nacional del Inmigrante, en Oberá. Según consta en los archivos de la capital del monte, la mayor parte de los descendientes portugueses se asentó en la zona de Bonpland y Mártires.
En este marco, Gloria destacó que si bien siempre estuvo vinculada con la Federación de Colectividades y la fiesta obereña, nunca fue tan partícipe como lo es ahora que está la casa de los portugueses.  Así recordó los comienzos de este grupo: «Conocíamos a quienes tenían este origen, por nuestros padres y ahí empezamos con esta movida. Hicimos una reunión en casa de familia y los llamamos para plantear la idea de organizarnos como una colectividad».

Paraguas y corazones
Simpática y dedicada a su tarea de representar su procedencia, Gloria lleva a Portugal no sólo en sus venas sino que lo refleja en cada detalle de su atuendo. De esta manera explicó el significado de sus aros con forma de corazón, originarios de las tierras del oporto. «Si lo uso así, estoy casada; pero si lo uso al revés, con la punta del corazón para afuera, quiere decir que estoy buscando candidato», alegó, divertida.
En coincidencia, al llegar a la casa lusa del Parque de las Naciones, lo que más llama la atención, son los coloridos y alegres paraguas que cuelgan en el hall de entrada y en el techo del salón interno. Es que los obereños tomaron esta idea de Águeda, pequeña localidad portuguesa, que desde hace unos años, decora sus calles de esta manera. Así, tanto unos como otros, lograron captar más visitantes.  Mientras Águeda recibe a turistas de todo Europa, en Oberá los portugueses que tienen la casa más joven, se renuevan día a día y a la vez se muestran orgullosos de sus antepasados a quienes honran con deliciosos platos típicos y alegres danzas para todos los visitantes que agregan esta casa como paso obligado en su recorrido por la Fiesta Nacional del Inmigrante.

Algunos platos recomendados por El Territorio• Para comer al paso: el shawarma de la colectividad árabe es uno de los más populares. A 70 pesos, compite con la porción de rabas (casa española) y el cuerno al pino (suiza).

• Para degustar una bebida que causa una buena sorpresa: el licor polaco es una buena opción. Se vende a 20 pesos la medida y también botellas a 70 y 120.
• Quien no se quiera arriesgar demasiado, puede optar por pizza y pastas (entre 80 y 160 pesos) en la casa italiana o la espetada portuguesa, la paella (200 pesos) o el pollo a la polonesa de Polonia (140). En general, los platos por persona no superan los 150 pesos y en todas las colectividades hay comidas accesibles, al paso y opciones más tradicionales.

Diez años después, el regreso
OBERÁ (corresponsalía). Camino al cierre de la XXXVII edición de la Fiesta Nacional del Inmigrante, el tiempo y público acompañó la noche donde actuaba como número central la banda oriunda de Mar del Plata, Los Tipitos. Antes bandas locales y los ballets entretuvieron al público con el espectáculo.
Las colectividades nuevamente volvieron a trabajar cómodamente, luego de un comienzo de semana complicada para las casas típicas por el escaso trabajo ante la falta de público, en la noche de viernes regresó la sonrisa y tranquilidad.
El pabellón de espectáculos explotó con Los Tipitos la noche del viernes fue muy concurrida. Los músicos volvieron al escenario de la fiesta después de diez años. Para los organizadores del evento mayor de los obereños fue una de las noches más concurridas y nuevamente las casas típicas trabajaron como esperaban. Hoy es el último día para poder pasear por las casas y disfrutar de las danzas  y la comida típica de cada colectividad.
La antesala para los artistas llegados desde Mar del Plata, estuvieron ballets de diferentes colectividades, como también artistas como Gastón Nakazato que luego de varios años regresó al escenario mayor de la fiesta.
La noche cerró con la actuación de Los Típitos, quienes hicieron sonar campanas en la noche del Parque de las Naciones, recordando a varios del público que es la segunda vez que se presenta la banda en Oberá.

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