nocturnidadHace dos años, Alba Posse disparó la polémica al aplicar tolerancia cero. Ante la llegada de jóvenes de otros pueblos y los numerosos robos y accidentes, el municipio dispuso hacer un mayor control y hasta demorar a los menores de 16 años que deambulen sin motivos por las calles y plazas. Cómo está hoy esa localidad tras esta experiencia.

Se cumplen dos años de la aplicación de la ley de tolerancia cero en la calle en jurisdicción de la localidad de Alba Posse y cuatro poblaciones más a pocos kilómetros de distancia de la frontera con Brasil. Se cumplen dos años y, desde entonces, la gente admite que si algo logró la prohibición de que los menores de 16 años anden deambulando sin razón alguna después de las 22, fue bajar los casos de robos y los accidentes de tránsito, sobre todo, de los protagonizados por los motociclistas. Pero que respecto a la nocturnidad en sí, sigue siendo difícil evitar que la juventud se divierta sin beber en exceso.
El municipio de Alba Posse puso en práctica el toque de queda o la tolerancia cero. Las noches de estas localidades recostadas sobre la ruta provincial 103 no son iguales a las de las ciudades con más población de Misiones o cualquier otra provincia de la Argentina. Alba Posse, Santa Rita, San Francisco, 9 de Julio y Colonia Acaraguá son los municipios donde rige la ley, que, según el intendente de Alba Posse, no es represiva.
En ese punto donde se cruzan además las rutas 2 y 8, la realidad es que los jóvenes no tienen muchas alternativas para despuntar las ganas de divertirse y aprovechar las noches algo más frescas que las tórridas siestas y tardes. No hay discos propiamente dichas y los locales bailables suelen quedar siempre en puntos donde muchos deben caminar por las rutas. Entonces, los espacios públicos, los bulevares, las plazas, son los lugares más prácticos y cómodos para que cada uno haga lo que más quiera y guste.
Pero en las noches de esas localidades no estaban únicamente los chicos que sólo querían divertirse. Y ese fue uno de los motivos que más pesó a la hora de decidir la aplicación de lo que se asemeja un toque de queda. Celso Ezequiel Carvalho es el joven intendente de Alba Posse y no oculta, precisamente, que la medida fue, más que nada, “para los que vienen de afuera”.
El hijo de quien también fuera intendente de la localidad, explicó a El Territorio que por la sencilla razón de que al pueblo se llega por tres rutas distintas, “acá venían de todos lados, inclusive de Candelaria o Posadas, a robar, y mandaban a menores de edad”, dijo, en relación directa a los robos de motos. “Sobre todo, muchos brasileros”, agregó, como resaltando y no olvidando la situación de localidad fronteriza y todo lo que significa en la actualidad.
La noche entregaba ese peligroso cóctel de casi descontrol en localidades donde todos se conocen y se percibe desde el primer momento quién es de afuera y si viene con buenas o malas intenciones. Y los robos a las casas también empezaban a inquietar a los tranquilos habitantes de ese rincón de la provincia.
En las localidades más cercanas a Oberá, como Guaraní o Campo Ramón, también tenían y tienen ese mismo problema y ante la aplicación de medidas similares en esos puntos de la zona Centro de la provincia, los chicos empezaron a migrar hacia la ciudad de Oberá, ya que les queda a sólo unos diez kilómetros de distancia.
En la ciudad de Oberá, el Código de Nocturnidad sigue generando debates y mientras tanto, se siguen sucediendo escenas de máxima entrega a las bebidas alcohólicas como pasa en otras dos grandes ciudades de la provincia, Eldorado y Posadas.
Es que si bien el Código de Nocturnidad obereño estipula la prohibición total para consumir bebidas alcohólicas en la calle y espacios públicos, al tiempo que faculta a las autoridades a decomisar alcohol en la vía pública, en la práctica la norma se cumple parcialmente porque la Policía y la comuna cuentan con medios limitados para el control durante las noches.

Eldorado, en falta
La ciudad de Eldorado no escapa a los problemas que se generan a la noche. Ya con situaciones propias de una ciudad, hace dos semanas algunas autoridades apuntaron contra la inacción para hacer valer el Código de Nocturnidad, luego de que una chica de 15 años quedara tendida y desvanecida en la vereda de uno de los boliches más concurridos del centro eldoradense.
Según los estudios practicados en el Hospital Samic, la adolescente presentaba un cuadro importante de intoxicación alcohólica y después de esa confirmación, fue alertada la madre sobre cómo había terminado su hija la noche en la que al parecer sólo iría a la casa de la abuela.
Sobre lo ocurrido, la concejal Lilian Chamorro se mostró preocupada por la situación. “Estamos elaborando un pedido de informe, porque evidentemente falta una revisión del código, y conocer cómo trabajan los inspectores que realizan los controles nocturnos”, indicó.
A pesar que el municipio intenta regular los locales bailables, evidentemente existe un fracaso. Los menores con y sin complicidad de los propietarios o encargados de los comercios, ingresan a bailar y una vez adentro, ingieren bebidas alcohólicas en forma desmedida.
Fuera de la plaza
Casi en consonancia con lo dispuesto en Alba Posse y las localidades de alrededor y General Alvear, desde fines del año pasado en Candelaria empezó a sentirse el rigor de las nuevas disposiciones sobre el uso de la vía pública durante la noche y por parte de la juventud.
Todo empezó a conocerse en las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Los chicos y los no tanto se reunieron, como tradicionalmente se hizo, en la plaza central de Candelaria, donde se unen las dos anchas avenidas de la localidad. Pero a los pocos minutos de tomar color el espacio público, la Policía empezó a pedirles que se vayan.
Los efectivos policiales explicaron entonces que se debe a una orden del Ejecutivo municipal y que, en la misma misiva, se aconsejaba que abandonaran la plaza para que ocupen la flamante costanera que no hace mucho fue víctima de una ráfaga de vandalismo y sus luminarias y mobiliario amanecieron destrozados.
La mayoría de los chicos se niega a ir a la costanera y prefiere seguir con la tradición de sus familias. Pero la medida sigue aplicándose y la tranquilidad de la plaza empezó a generar otro problema, quizás impensado. Los comerciantes alrededor de la plaza están evaluando vender el fondo de comercio de sus locales, porque las ventas cayeron y todo indica que nada cambiará en los próximos meses.
Lo que se busca, en definitiva, es concentrar a la juventud en un sólo lugar en las localidades en donde son pocas o nulas las alternativas para tomar o bailar en lugares habilitados y direccionados para los menores o mayores.
En las ciudades se siguen discutiendo las modificaciones o si las actuales ordenanzas son respetadas y controladas con personal indicado y material preciso para proceder en casos de emergencias.
Las leyes propias y las copiadas están. Las costumbres de cada punto de Misiones y la importancia que dan sus autoridades a cuidar o no a los actores nocturnos de cada pueblo o ciudad es lo que siembre se debate y lo que no termina de convencer a todos.

Si no es en la calle, en las fiestas privadas

Desde que los controles a la nocturnidad empezaron a replicarse tras la sanción a rajatabla en la ciudad de Posadas a partir de 2005, las reacciones y costumbres fueron mutando en todos los municipios en los que se adecuó el famoso Código de Nocturnidad.
Si en las localidades chicas el problema de las autoridades son las concentraciones durante horas de los espacios públicos, en ciudades como Alem, Oberá, Eldorado, Puerto Rico y Posadas lo son ahora las populares fiestas privadas.
En la capital provincial, por ejemplo, el año pasado el por entonces secretario de Gobierno, José Moglia, había admitido el crecimiento de esa modalidad y que al mismo tiempo se registraba una caída de los clientes en las discos más tradicionales.
Hace dos semanas, el municipio volvió a frenar una fiesta privada. Pero de muchas, no se enteran.

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