Mientras la economía nacional achica, ajusta y empuja a profesionales e industrias al borde del parate, Misiones pone en marcha una lógica diferente, acompañar.
La extensión hasta abril de 2026 de las medidas de alivio fiscal no es un gesto técnico ni un trámite administrativo.
Es una señal política y económica que va directo al hueso.
Un 30% menos en Ingresos Brutos para quienes trabajan por su cuenta, menos retenciones adelantadas para no trabar caja y una reducción real en los anticipos que pagan las industrias.
Dicho así puede sonar frío.
Pero en la vida cotidiana es la diferencia entre pagar sueldos o postergarlos, sostener un consultorio abierto o bajar la persiana, mantener una línea de producción encendida o apagarla.
Hay algo más en juego, la defensa del empleo.
Porque cada profesional, cada PyME y cada planta que sigue activa sostiene familias, barrios y comunidades enteras.
Cuando el consumo cae y los costos suben, lo peor que puede hacer un Estado es mirar para otro lado o cobrar como si nada pasara.
EN la tierra colorada, el gobierno provincial con sus límites y desafíos, tomó una posición clara: no perder actividad, no perder trabajo, no perder tejido productivo. Y lo hizo sin discursos épicos, sino con decisiones concretas que alivian y dan aire.
En un país donde planificar seis meses parece ciencia ficción, fijar horizonte en el 2026 vale oro.
Hoy, más que nunca, la previsibilidad no es un detalle: es la diferencia entre seguir o frenarse.