El 30 de noviembre se conmemora en toda la provincia el Día de la Bandera de Misiones y esto es así porque la fecha del 30 de noviembre de 1778 ha sido aceptada como la del nacimiento del prócer misionero Andrés Guacurarí, el “indio gobernador” (en alusión a que fue gobernador de Misiones y de Corrientes) como dio en llamarlo el historiador misionero, Julio César Sánchez Ratti en un conceptuosa publicación que conservamos en nuestros archivos.
Nuestro semanario se ocupó varias veces, a partir de los años setenta,
de divulgar la vida de Andresito, es que el caudillo misionero por haber realizado su epopeya en tiempos de José Gervasio Artigas, creador de la Liga de los Pueblos Libres que incluía a Misiones, fue denigrado, desconocido y atacado por el país central y la cuña centralista porteña desde el puerto de Buenos Aires pretendía llegara al litoral artiguista.
Con muy buen criterio el gobierno misionero, (mérito del presidente de la Legislatura, Ing. Carlos Eduardo Rovira) hizo resurgir con fuerza la figura de este incansable luchador que, por su talento, impidió que Misiones quedara subordinada a otras provincia y más aún, que su territorio fuera devastado por los intereses geopolíticos de los países limítrofes y el gobernador de la provincia, Lic. Hugo Passalacqua, dispuso que la figura de Andrés Guacurarí presida los despachos de los funcionarios de la provincia de Misiones.
Como contribución a la divulgación de vida y obra de Andresito en este nuevo aniversario, reproducimos la nota especial de TELAM escrita por Lucrecia Jeanneret (Pregón Misionero 12/08/1981) quien fuera en un tiempo directora de Cultura de la provincia de Corrientes y estuviera muy vinculada por aquellos años al Círculo de Periodistas obereños, participando con fuerza al frente de la delegación correntina en la Exposición 40ª aniversario de Oberá que organizáramos en 1968.
“En la caballería gaucha de los Blandengues mostró sus cualidades de táctico para la guerra” ANDRESITO , CAUDILLO SIN IMPRECACIONES “ No es usual en nuestro territorio la memoración del general indio Andrés Guacurarí –el comandante Andresito- del que, sin embargo y cada vez con más frecuencia, comienzan su mención historiadores de la Mesopotamia, donde en tiempos que dejaron su testimonio en las ruinas jesuíticas, se produjeron sangrientos avances de los bandeirantes.”
“Andrés Guacurarí, o Andresito, llamado así por su baja estatura, hijo de una india, nació en San Borja- hoy Brasil- el 30 de noviembre de 1778 y pasó su infancia en Santo Tomé- hoy Corrientes. En el territorio de las misiones jesuíticas, donde los guaraníes resultaban carne de mercancía fácil de los bandeirantes, que tenían así esclavos para sus tareas.
En 1811 o 1812 se produjo su encuentro con José Gervasio de Artigas, en Salto Chico o Ayuí, en fecha imprecisa como el lugar de ese acercamiento.
Muchos se preguntaron que había hallado el oficial aristocrático de origen, en un indio como tantos; y aquí Vicente Miguel Martínez nos da la respuesta: “Como buen indio guaraní, Andrés era callado y taciturno. No sabía reír, apenas dibujaba, de vez en cuando, una sonrisa en su rostro carnoso, ligeramente rojizo y lampiño. Pero sus ojos, pequeños y entreabiertos tenían, en cambio, un fulgor singular. En el fondo de sus mirada Artigas, descubrió sin duda, algunos signos inequívocos de valor y lealtad y descubrió, asimismo, a través de las parcas expresiones del indio al baqueano y rastreador que va en derechura a los vados del río, ocultos en la maraña del bosque o en las sendas que permiten avanzar entre los juncos del bañado, o la huella que entre los altos pastos ha dejado la patrulla invasora, o los atajos que acortan la distancias y por los cuales, sorpresivamente se logra atacar las retaguardias de tropas enemigas.
Conociéndose la manera de ser de Artigas –prosigue- su larga experiencia, su gravedad en actos y palabras, su trato severo y frío, su circunspección, en fin, debe pensarse que la confianza tan honrosa como extensa y firme que el héroe oriental dispensaba al guaraní, fue obra de lentas comprobaciones”.
Andresito fue adoptado por Artigas como su hijo y comenzó a revistar en la caballería gaucha de los blandengues, demostrando sus condiciones de táctico para la guerra que se agudizan en el disciplinado cuerpo. Tiene, además, como Artigas, el mismo sentimiento profundo de rechazo a la ocupación y el atropello, y conoce el sometimiento y la opresión. Y cuando a los dos años después el general oriental lo designa “Ciudadano y Capitán de Blandengues y Comandante General de las Provincias de Misiones”, inteligente como era- cita Enrique Patiño- comprendió las ideas de su padre político y aceptó la misión de defenderlas con la constancia y el valor con que lo hizo”.
Comenzó la incorporación de los guaraníes a las huestes de Andresito, a su autoridad de caudillo que no se mostraba ni en gritos ni en imprecaciones. Se suceden las reivindicaciones. Candelaria, San Ignacio, Loreto, Santa Ana, Corpus y Paso de Itapúa.
Siempre le acompañaba un sacerdote en sus campañas- era absolutamente creyente- y su destreza en el manejo de la lanza y la caballería, no le impide hablar y escribir el castellano, el guaraní y el portugués.
No se limita al arte de la guerra por una confederación de pueblos libres: se trabaja en una fábrica de pólvora, se labora el hierro para las chuzas y se desarrolla la agricultura y la ganadería. Los cabildos son administradores de los pueblos, criterio que también emplea en Corrientes.
En un libro titulado “Andresito Artigas en la emancipación americana” Salvador Cabral, ha rastreado las huellas de Andresito a través de documentaciones y de colegas suyos, y ha desmenuzado exhaustivamente su personalidad.
“El indio- explica- cumple en el movimiento artiguista el papel principal, es que en esta parte sur de la revolución americana, el artiguismo significa, no solo mención de los derechos de los pueblos, sino los pueblos mismos ejerciendo en los hechos, los derechos conquistados”.
La estrategia de Andresito se mueve en la batalla rápida, en la presencia de los grupos que parecían surgir desde lugares fantasmas, para ocultarse luego, fantasmas ellos mismos, en la espesura de la selva misionera o en los vericuetos de agua de la laguna Iberá.
Y esa misma convicción libertaria lo llevó a Corrientes, donde la sociedad lo rechaza de plano, y es que esa misma sociedad, hacendada ya, no podía menos que sentirse herida por la presencia del general y su origen indio, ignorando así los basamentos de al “Patria Americana”. De esta etapa rescata el historiador chaqueño, Ramón Tissera: “era un buen corazón y mucho más instruido de lo que podía suponerse, cuando sus fuerzas ocupaban alguna ciudad, se ofendía sensiblemente si las familias caracterizadas no concurrían a sus festejos, que consistían en representaciones dramático- religiosas heredadas de su educación jesuítica”
En este sentido se cuenta que una vez, resentido por la inasistencia de la clase alta a un espectáculo musical, hizo que los hombres principales limpiaran la plaza de malezas y las damas bailaran con sus soldados.
El intercambio epistolar entre Artigas y Andresito fue todo lo frecuente cuanto lo exigían las circunstancias.
La libertad de indios y mulatos tuvo en Andresito a un rápido ejecutor; si bien las páginas de los historiadores de Corrientes tienen hacia él un permanente tono despectivo, no puede pasarse lo escrito por Mantilla, que no simpatizaba precisamente con él, relatando su entrada a la ciudad de San Juan de Vera: “Andresito hizo su entrada a las 21, a distancia de una legua de la ciudad, dejó su caballo y se desprendió del sable. Caminó ese trayecto precedido por un escuadrón de caballería y dos cañones y seguido por un batallón de infantería y un piquete de caballería, en cuyo centro iban dos banderas de su ejército. El Cabildo y los sacerdotes lo recibieron bajo palio, en las afueras de la ciudad: Descansó en el templo de la Cruz escuchando himnos religiosos”. Y más adelante: “Tomó posesión de la ciudad dando vueltas a la plaza con todo su acompañamiento y se alojó en la casa de Manuel Vedoya”
Ningún signo de “hordas salvajes” en la descripción. Hernán Gómez dice a su vez: “La ilustración de Andrés Artigas es indiscutida. Su letra y firma claras, revelan su cultura definida. Lo hemos observado en la correspondencia oficial conservada en el archivo y que le pertenece, fuera de duda”.
Andresito recorrió el interior de Corrientes “el 23 de marzo, dejando destacamento en Goya y en la Capital –dice Salvador Cabral- se retira al trote, al frente de sus tropas, Andresito Artigas”.
Será su campaña final, con suerte variada. Y así llega el 24 de junio de 1819, había cruzado el río Uruguay y una patrulla esclavista lo encuentra solo y desarmado “Y hecho herido y prisionero Andrés Guacurarí y Artigas, fuertemente custodiado, comenzaba a ser conducido a pie, bajo ataduras de cuero crudo mojado a Porto Alegre, para tomar sin regreso, el camino de la prisión.
No hay fecha de su muerte, encadenado en un sótano de la isla das Cobras. Durísimo golpe para Artigas, principio del fin del sueño de la Confederación de Pueblos Libres.”

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