Dice el saber popular que hay que poner todos los patitos en fila. La frase nace de una observación de la vida real: los patitos caminan y nadan siempre detrás de su madre, en fila, por instinto y por seguridad.

La semana que pasó, fin de semana largo de por medio, en la política misionera la metáfora dejó de ser una figura retórica para convertirse en una descripción casi literal de los hechos.

Repasemos lo que ya sabíamos. El viejo Frente Renovador de la Concordia terminó de desarmarse. Lo que quedó de aquel bloque, rebautizado unilateralmente Encuentro Misionero, sostiene hoy apenas tres bancas firmes en la Legislatura provincial: las de Carlos Rovira, Sebastián Macías y Paula Franco.

El resto de la estructura —diputados, senadores, intendentes— se fue acomodando, uno por uno, detrás de la conducción de Hugo Passalacqua.

¿Es una novedad? No. Es, en todo caso, la confirmación de algo que vengo señalando desde hace semanas: en Misiones no cambian las alianzas, cambian los nombres de las alianzas. Y esta semana el proceso terminó de blanquearse, con nombre, apellido y fecha de formalización.

En Diputados de la Nación, Oscar Herrera Ahuad quedó confirmado al frente del nuevo bloque que va a responder a Passalacqua, con Alberto Arrúa, Yamila Ruiz y Daniel Vancsik, más tres legisladores salteños.

El médico ex gobernador tuvo el cuidado de aclarar que él «nunca estuvo unido a las políticas de Milei», que es «extremadamente crítico». Lo tomo con pinzas. No porque dude de su sinceridad personal, sino porque conozco el paño: en el Congreso, las distancias discursivas rara vez se sostienen cuando llega la hora de contar los votos.

En el Senado, Carlos Arce no se tomó ese trabajo. Fue directo: dijo que el bloque Movimiento por Misiones —que ahora comparte con Sonia Rojas Decut— va a priorizar «la coordinación y los oídos y las voces del gobierno de la provincia» y va a seguir «los lineamientos del gobierno de la provincia encabezado por el gobernador». Ahí no hace falta leer entre líneas.

El lineamiento es explícito, y el gobierno de la provincia, a su vez, tiene una agenda pendiente con la Casa Rosada: la reforma electoral y la suspensión de las PASO, a cambio de beneficios concretos para Misiones.

O sea que la distancia de Herrera Ahuad con Milei convive, en el mismo armado político, con la cercanía explícita de Arce con la agenda legislativa del oficialismo nacional. No es una contradicción. Es una división de tareas.

Cada bloque cumple una función distinta dentro de la misma negociación: uno construye relato de autonomía, el otro garantiza gobernabilidad. Y las dos cosas, al final, sirven al mismo objetivo: que Misiones tenga con qué negociar.

En la Legislatura provincial, mientras tanto, el oficialismo sumó otro dato que no es menor: el respaldo de una treintena de intendentes, que asistieron a la última sesión en la que Rovira no estuvo presente.

Los patitos, decíamos, ya no son solo legisladores desafiliados de un partido que dejó de existir. Ahora son también jefes comunales, con estructura territorial propia, ordenándose detrás del mismo mando y ninguno de ellos con una pizca de autocrítica o explicación política sobre su conducta en algunos casos de más de dos décadas.

Y sin embargo, hay una pregunta que ninguno de estos movimientos responde, y que el colega Fernando Oz planteó esta semana en La Voz de Misiones con una precisión que comparto: mientras los bloques legislativos se reordenan puertas afuera, puertas adentro del gabinete provincial casi nada cambió.

Los mismos funcionarios de siempre, algunos con más de quince años en el cargo. Ahí está, para mí, el punto que más vale la pena discutir.

No si Passalacqua logra o no ordenar su tropa legislativa, porque eso, evidentemente, lo está logrando.

Sino si ese ordenamiento hacia afuera representa algo distinto para el pueblo misionero, o si es simplemente una nueva arquitectura para administrar lo mismo de siempre, con otros apellidos en las bancas y los mismos apellidos en los ministerios que vienen gestionando con el obereño desde el 10 de diciembre del 2023.

Yo no tengo la respuesta cerrada.

Tengo, sí, la obligación de hacer la pregunta, y de seguir mirando qué pasa cuando estos bloques tengan que votar la Reforma Electoral y la suspensión de las PASO entre otras próximas leyes en el Congreso Nacional.

Ahí se va a ver si la autonomía que pregonan algunos es real, si la ruptura es para la tribuna, o si es apenas otro patito más, caminando en fila, detrás de la misma correntada.

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