A medida que pasan los días y la letra chica de la reforma laboral empieza a decantar, uno no puede evitar sentir ese «déjà vu» tan argentino.
Nos venden espejitos de colores bajo el lema de la «modernización», pero cuando rascamos la superficie, lo que encontramos es la misma receta de siempre: el hilo se corta por lo más delgado.
Esta semana charlamos con el abogado Rodrigo Diello sobre el famoso Fondo de Cese Laboral. Sobre el papel, suena fantástico para el empresario: un aporte mensual del 3% para que, si el día de mañana tiene que despedir a alguien, no se encuentre con la «industria del juicio».
Pero, ¿alguien se preguntó de dónde sale realmente esa plata?
Acá es donde aparece la trampa. Ese 3% que ahora se va a una caja de asistencia —una suerte de «cajita de ahorro» que huele peligrosamente a la timba financiera de las viejas AFJP— es dinero que el sistema previsional deja de percibir.
Estamos hablando de un agujero negro de aproximadamente 2.600 millones de dólares anuales que dejan de entrar a la ANSES.
Y ahí es donde la «doble vara» se vuelve insoportable. Por un lado, nos dicen que «no hay plata» para actualizar el bono de los jubilados, que sigue clavado en los mismos 70 mil pesos desde hace una eternidad mientras la inflación se los almuerza. Pero, por otro lado, se legislan mecanismos para desfinanciar el sistema de reparto solidario en beneficio de una supuesta «previsibilidad» empresaria.
El cálculo es sencillo y cruel: cada peso que se desvía al FAL es un peso menos para el abuelo que hoy no llega a cubrir la canasta básica o para el medicamento que el PAMI ya no autoriza.
Se traslada el costo del riesgo empresarial directamente a las espaldas de nuestros jubilados.
Como bien marcábamos en la radio, el problema en Argentina no es solo la falta de recursos, sino la falta de transparencia y de coherencia política.
Nos dicen que la informalidad va a bajar porque ahora es «más barato» despedir. Permítanme dudar.
Si le quitamos el castigo al incumplidor y encima desfinanciamos la Caja que tiene que sostener a los que ya dieron su vida trabajando, lo que estamos construyendo no es un mercado laboral moderno, es un sálvese quien pueda.
Al final del día, la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién cuida a los que nos cuidaron?
Porque entre fondos de cese, goteos de coparticipación que no llegan y discursos de austeridad selectiva, los únicos que siempre terminan poniendo el cuerpo son los de siempre.
Marcelo Telez
Director RPD Noticias