Agenda cultural
El libro que tuvimos el gusto de comentar el viernes pasado, reencontrado después de unos 20 años de archivado ha sido vivido por su autor, Francisco José Zakowitz, El libro Anécdotas De Misiones, tiene el atractivo que tienen los recuerdos, las vivencias de muchos años atrás, de comienzos del siglo 20, que fuera un siglo de grandes acontecimientos, primera y segunda guerra mundiales, guerras atómicas, enfermedades, pestes… y todos los cambios sociales y culturales que se sucedieron Vivir esos tiempos, cuando acá todo comenzaba, (y me refiero a Misiones, y también a las incipientes poblaciones de Azara y Tabay, que nos cuenta el libro) nos hacen valorar la vida austera, el rudo trabajo de las chacras, los sanos alimentos extraídos de la tierra, las relaciones humanas en las ansiadas visitas entre vecinos. Pero este relator pionero, tuvo la suerte de mirar con ojos de descubridor lo que iba sucediendo, y de trasmitirlo. Este anecdotario es una historia que nos enseña sobre las cosas pequeñas, los esfuerzos por crecer, como también las picardías y travesuras que el diario vivir permitía. El autor describe muchos personajes , que son vecinos y amigos, y lo hace con gracia y ternura. También con objetividad. Tiene un capítulo que titula “anecdotas no muy edificantes. Bromas pueblerinas” , que hay que hurgar entre ellas y buscar el humor. En el capítulo “Azara de antes” relata con simpatía una anécdota que nos sorprende aún hoy. “Horacio Quiroga invitado a retirarse de un acto patriótico”. Algo inaudito. Y cuenta que en los días patrios 25 de mayo y 9 de julio, toda la comunidad pueblerina se presentaba a los actos con sus mejores galas: guardapolvos blancos, traje oscuro, corbata, los maestros, las maestras con sacos de piel -sí señor- el Comisario con uniforme de gala, así como todos los vecinos con sus mejores ropas. “En una de esas fechas -relata el autor- cuando el público se estaba concentrando en la plaza, aparece montado en su caballo el señor Horacio Quiroga, vistiendo como siempre acostumbraba: bombacha, botas no muy limpias y en mangas de camisa. Descabalgó y se acercó a la concurrencia que se estaba reuniendo. Cuando previo conciliábulo, el Juez, el Director y el Comisario se acercaron al recién venido y saludándolo con toda cortesía, le manifestaron que su indumentaria no era adecuada para esa oportunidad y muy respetuosamente lo invitaron a retirarse, cosa que éste (Quiroga) hizo sin ningún comentario. Don Anastasio, que se decía protagonista de ese episodio, me lo contó en repetidas oportunidades. Por lo demás -decía- era conocida la despreocupación en él por los convencionalismos sociales , y la vestimenta. “Cosas de Don Horacio”. En realidad este Don Horacio, conocido por huraño, solitario, malhumorado, en esta anécdota se somete casi calladamente a las reglas establecidas y suponemos que volver a su casa en silencio, tal vez silbando bajito, habrá sido un acto que en su fuero íntimo, agradeció… no tener que pasar por actos protocolares.

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Categorías: Columnas de Opinión

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