Agenda cultural
Siempre es bueno “repasar la lectura” de un libro que leímos hace unos años atrás, que releemos ahora porque -sin buscarlo- lo encontramos en el anaquel de nuestra biblioteca, y que escribió nada menos que Olga Zamboni. Fue editado en abril de 2014, con el título de “Sugestiva Santatecla”, por Ediciones Misioneras y presentado en nuestra Feria del mismo año, Edición 37. En esta segunda lectura me detengo en las dos historias que Olga va contando como al pasar, una que es la leyenda del Pombero que acontece y se mete en la segunda historia, que viene a ser la principal, que da pie a las intervenciones del Pombero, ante la incredulidad y asombro de sus protagonistas, una comunidad de amigos (8 en total) que pasan sus mejores momentos en “La Tecla” (perdió el “Santa”), un lugar hermoso frente al río Paraná, con un quincho para los encuentros semanales. Pero ellos, los propietarios reales del inmueble, no contaban con las Travesuras Del Enano, propietario espiritual del terreno, según explica la autora, “virtual esporádico visitante surgido de las sombras misteriosas y apasionantes de la mitología regional…” Este enano se presenta con una personalidad cambiante, a veces travieso, a veces colaborador, a veces vengativo. En realidad puede tomar distintas formas, como ser un animal, o un niño, o un hombre. Lo importante, esencial diría, es tenerlo como amigo, creer en él, no dudar de su existencia y dejarle a la mano, tabaco y caña. La autora lo describe en cada relato, en diversas situaciones, siempre con un gran sombrero, a veces desarrollando una fuerza brutal con forma de niño para sacar un camión empantanado en la arena; otras salvando a los amigos de ahogarse en una inundación que se había llevado el puente. En otra oportunidad, unos visitantes abusivos y casi desconocidos, se fueron del lugar gracias a la increíble descompostura de la alarma de la combi que inexplicablemente no dejaba de sonar, pero que -dijeron- un “enano” la había provocado.
Así también en otro relato, el enano se transformó en avispa y dejó la cara irreconocible de quien dudó de él, un doctor nada menos. O salvó a otros de un choque fatal con una chata de esas interminables que corren por el río con grandes cargamentos. Lo más seguro es -decían los amigos de La Tecla, que ya no dudaban de la “existencia” del pombero- que adopte la forma de un perro, de un perro guardián… Hubieron muchos casos de intervenciones misteriosas, por ejemplo eso mismo del perro que se les apareció en las peores condiciones, ensangrentado, sin cola, una pata destrozada, lleno de piques y garrapatas, pero resultó ser fiel y guardián hasta morir en una pelea callejera… Lo que fue una tragedia para los amigos, que estaban desconsolados por la pérdida, cuando, misteriosamente, apareció una amorosa perrita, la Chola, que un camión había dejado renga allí, en La Tecla!… Pienso con la autora que hay que “creer o reventar”, y que mejor, es creer.

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Categorías: Columnas de Opinión

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