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“La tragedia ronda la vida humana constantemente” dice Maxis Benn (o Máximo Benegas) quien se propone bucear en ella y dejar constancia de su aserto en su último libro “El Buitre”. Y en su Introducción dice que “El Hombre es un misterio. Todos los días enfrenta situaciones extrañas, trágicas e irremediables. Espíritus y demonios lo acompañan y persiguen» . Para indagar sobre estos destinos irremediables , como muchos escritores, Maxis Benn, por segunda vez, ha elegido un género no muy frecuentado en nuestra literatura misionera, el género del terror. La casuística del terror, dentro de su narrativa, ha mostrado una cadena de acontecimientos algo más que dramáticos, más bien agobiantes, algunos aberrantes, que nos impresionan por su crueldad. El escritor ha considerado ofrecer a sus lectores esta opción, otra forma de descargar emociones y de introducirlo en aspectos más oscuros de la idiosincrasia humana desde una casuística del terror, con el objetivo de causarle inquietud y miedo reales, que son la esencia del género, para distinguirlo de las ficciones o fantasías donde también se juega un poco con la angustia, el miedo, pero con simulación de la realidad, el lector se da cuenta que está ante una ficción en un mundo imaginario y se entretiene, no se asusta. Tal vez para contrarrestar tantos libros triviales o “lights” que se leen buscando la tranquilidad, el descanso o simplemente el entretenimiento sin plantearse problemas ni hacerse preguntas . No es imposible pensar que los cuentos de terror no puedan ayudar a mejorar nuestro ánimo, que nos hagan meditar sobre la maldad o distintas aberraciones humanas. Si no hubiesen entretenido a tantas generaciones en el mundo, los escritores del terror ( desde Alan Poe hasta el contemporáneo Stephen King ) no hubiesen llegado a la fama universal que llegaron , especialmente con películas de terror, donde nuestros ojos no recorren líneas de un libro que podemos dejar de mirar en cualquier momento, sino que son invadidos por imágenes que no se pueden dejar de mirar so pena de perderse lo mejor de la escena más terrorífica.
Refiriéndonos a El Buitre, nombre de uno de los cuentos, los relatos son similares a los de su primer libro de terror, El ataúd. La imaginación del autor vuelve a crear una gama de situaciones basadas -dice- en la realidad que “ cual dragón rugiente, abre sus fauces y devora sus mejores ilusiones (las del hombre) y el azar trunca su día prematuramente con la muerte …nadie puede impedir la visita de la tragedia en el umbral de cada puerta. El hombre palpita su existencia de ultratumba y siente en el rostro las caricias frías de la muerte rondando su destino”. La lectura no nos ilusiona con sentimentalismos ni redenciones, sino que va a poner al desnudo oscuras acciones humanas ( y de animales) que terminan en finales que inspiran horror, más que terror. El fatalismo está presente , nadie cambia su destino y no hay tiempo para arrepentimientos ni para salvar las víctimas.

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Categorías: Columnas de Opinión

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