(Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano)
Todavía recordamos lo que nos dijo cierta vez quien fuera en vida nuestro muy apreciado amigo Ricardo Erasmie con relación a la emoción que le causó, estando de visita en Suecia, ver izada la bandera argentina en aquel suelo.
Nos preguntamos ¿por qué despierta tanta emotividad este símbolo nacional en ciertas ocasiones y circunstancias? Es que, si la vemos a diario izada en el mástil del pueblo en que vivimos o al frente de una repartición pública, tal vez ni prestamos atención a su presencia, sin embargo cuando la vemos representándonos en lides de cualquier tipo, o como en el caso apuntado más arriba, solamente verla nos produce una profunda emoción porque bajo esos colores está todo lo que tiene vida sobre este suelo nacional.
Pero para que estos conceptos no caigan en el abundamiento patriótico que genera en algunos una suerte de desdén peyorativo en la corteza exterior de su humanidad-que la más de las veces traiciona a su interior- ya que suponemos lo hace por la sola razón de mostrarse superando antigüedad, expliquemos que allá donde hay un estandarte, una bandera, una escarapela, ha existido una razón para crearlos. Si no fuera así, ¿por qué cada país al querer lograr identidad en el abanico universal coloca en primer plano a su bandera?
¿Cómo surgió la nuestra? Casi universalmente el hombre desde los tiempos más remotos usó la violencia para defender su suelo o atacar suelos ajenos y lo hizo a pie, a caballo, sobre carros, sobre tanques, sobre aviones, con garrotes, con lanzas, con ametralladoras, con bombas…en variados tiempos de patria-tiempos de a caballo, mulas, facones, lanzas o incipientes «trabucos» el revolcón de las montonera preocupó a los jefes por la dificultad de individualizar a su tropa, era necesario encontrar la manera de solucionarlo y así fue naciendo «el trapo» de un  color u otro que encabezaba identificando el pelotón. Cuando 1810, la Junta patria gobernante se las vio en figurillas para extender la revolución a los pueblos del ex virreinato, debió improvisar en material militar e improvisar en jefes y oficiales, así fue que confiando en las calidades y cualidades del abogado, periodista y educador Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, lo convocó como militar y diplomático y en esas tareas lo vamos a ver.
Ante el problema que se generaba con la Banda Oriental, el gobierno encargó a Belgrano que fortificase la barranca de la villa del Rosario. Este se instaló allí el 10 de febrero con su regimiento y colocó dos baterías, una sobre la barranca que llamó Libertad, la otra en una isla frontera, hoy desaparecida, llamada Independencia. Habiendo solicitado al gobierno laadopción de una escarapela como distintivo que las tropas llevarían sobre el uniforme,propuesta que fue aceptada  pero ampliándola como «escarapela nacional», obtenida la autorización,  Belgrano entregó la escarapela a la tropa el 23 de febrero. Cabe mencionar que mucho tuvo que ver para lograr la autorización del Triunvirato con la declaración de la independencia de Venezuela el 5 de julio de 1811, que provocó un fuerte sentimiento de entusiasmo independentista en Buenos Aires.
La comunicación de Belgrano al Triunvirato es elocuente de por sí: «Se ha puesto en ejecución la orden del 18 del corriente para el uso de la escarapela nacional que se ha servido señalar V.E. cuya determinación ha sido del mayor regocijo y excitado los deseos de los verdaderos hijos de la Patria de otras declaraciones de V.E. que acaben de confirmar a nuestros enemigos de la firme resolución en que estamos de sostener la independencia de la América».
El 27 de febrero al inaugurar la batería Independencia  colocó en ella a modo de bandera una gran escarapela celeste y blanca, diciéndole al gobierno: «siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé hacer celeste y blanca conforme a los colores de la escarapela nacional, espero que sea de la aprobación de V.E.». Evidentemente Belgrano habría considerado que de esta manera obligaba al Triunvirato a terminar con la ficción y trabajar rumbo a la independencia y, lo que es más importante en función histórica es que con esta desobediencia había creado la bandera azul y blanca.
En su arenga a los soldados Belgrano soslaya toda mención de Fernando VII, diciendo «Soldados de la Patria» y si bien no hace jurar la bandera -lo hará en Jujuy el 25 de mayo sin haber recibido la autorización de enarbolar bandera.
El gobierno se mostró disconforme con el izamiento y ordenó a Belgrano el 4 de marzo que «hiciese pasar por un rapto de entusiasmo el suceso de la bandera blanca y celeste enarbolada, ocultándola cuidadosamente» y como el general Belgrano había hecho alusión «a no tenerla», le enviaron una roja igual a la usada en la Fortaleza.
Nombrado jefe del ejército del Perú, en Jujuy celebra el 2º aniversario de la Revolución de Mayo. Hace celebrar un solemne tedeum en la iglesia matriz, donde Gorriti bendice la bandera celeste y blanca, paseada y llevada al Cabildo en vez del «estandarte real» y el nuevo pabellón fue enarbolado en el Cabildo y saludado por una salva de honor de los cañones recientemente llegados. Para este trabajo aparece como muy importante la arenga que pronunciara el general porque significa nada más ni nada menos que una declaración de la independencia: «¡Soldados, hijos dignos de la Patria, camaradas míos! Dos años ha en que resonó por primera vez en estas regiones el grito de libertad y él continuó propagándose hasta por las cavernas más recónditas de los Andes… no es obra de los hombressino de Dios Omnipotente que permitió a los americanos que entrásemos en el goce de nuestros derechos. El 25 de Mayo será para siempre memorable en los anales de nuestra historia y vosotros tendréis un motivo más de recordarlo cuando veis en él, por primera vez, la bandera nacional en mis manos que ya nos distingue de las demás naciones del globo… Esta gloria debemos sostenerla de un modo digno con la unión, la constancia y el exacto cumplimiento de nuestras obligaciones hacia Dios… Jurad conmigo ejecutarlo así, y en prueba de ello repetid ¡Viva la Patria!».
La respuesta del Triunvirato no se dejó esperar y lo hizo en términos admonitorios que exigían prudencia y respeto, así en su párrafo final se dice: «…El gobierno deja a la prudencia de V.S. la reparación de tamaño desorden (la jura de la bandera), pero debe prevenirle que ésta será la última vez que sacrificará hasta tan alto punto los respetos a su autoridad y los intereses de la nación que preside y forma, los que jamás podrán estar en oposición a la uniformidad y el orden. V.S. a vuelta de correo dará cuenta exacta de lo que haya hecho en cumplimiento de esta superior resolución».
El 18 de julio respondió un Belgrano dolido y desalentado alegando que lo hizo (el enarbolar la bandera) para «exigir a V.E. la declaración respectiva… en mi deseo que estas provincias se cuneen como una de las naciones del globo»… y la desharé para que no haya ni memoria de ella… si acaso me preguntan responderé que se reserva para el día de una gran victoria… y como esta está muy lejos, todos la habrán olvidado».

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Categorías: Columnas de Opinión

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