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“…Que si hablo de este modo…”

Tal vez sea el frío recién venido el que nos hace paralizar –al menos un poquito- el razonamiento y, como consecuencia, nos ponemos a pensar, pensando que no pensamos.
Todo esto viene a colación porque decidimos referirnos al Día del Periodista que es lo mismo que decir hablar de periodismo y periodistas, que de inmediato nos asalta la idea de la aparición de la Gaceta de don Mariano y las amores y los rencores que –a  través de los tiempos- ha tenido que enfrentar el producto de este oficio de desnudar opiniones y pensamientos ante la platea.
Que no es asunto fácil, que eso de las opiniones y pensamientos en el periodismo, puede abrirse como se abre una flor, espontáneamente, pero si se trata de una flor nacida en maceta ajena, puede tener que necesitar un activador de la floración, a veces, claro.
De todas formas, en uno u otro caso, el periodista de ayer  y de hoy en vigencia, está viviendo un raro tiempo que nada tiene que ver con aquellos que vivimos ayer hasta, por lo menos, fines de los sesenta, en los que, tecleábamos con fuerza la maquinita de escribir, teniendo que colocar el papel, borrar y volver a empezar cuando el párrafo de más arriba tenía que estar más abajo. ¡Vaya, bemol!
Como contrapartida  a tanto desfase, la del periodista entonces era una voz creíble, y eso por el solo hecho de serlo. Orientadora y constructiva para el lector que encontraba en nuestras opiniones y pensamiento una verdad que le resultaba atendible.
Raros tiempos los que vivimos ahora, en los que nos exigimos menos, creativamente hablando, pero nos estresamos más  y ante las urgencias temporales y laborales, recurrimos algunas veces a cerrar el grifo de la creatividad y la convicción para abrir otro que, avasallante, nos tienta a aceptar la cesión de creatividad ajena, pero que, como toda acción figurada, puede ir disminuyendo nuestro caudal cognoscente y creativo.
Cierto, más fácil que teclear y exprimir cerebro, es exprimir nuestra PC y colocar material (vía Internet), oferta  muy tentadora pero que, de adoptarla, es necesario que la sepamos utilizar, lo que a nuestro entender se logra evaluando, mediante análisis y comprensión el texto visitante.
Raros tiempos que no nos deben hacer desear lo engorroso de ayer, que no nos debe hace desear colgarnos así porque sí a lo de hoy.
Tiempos de equilibrio en que las grandes ventajas  que ofrece el invalorable aporte de la técnica no deben castrar ese otro invalorable tesoro que es la creatividad y el conocimiento de los temas.
Por el contrario, utilizar aquellos para redondear lo nuestro, teniendo en cuenta que la red es como una biblioteca abierta que nos permite adelantar cultura.
De todas maneras, aparece como cierto también que aquellas urgencias temporales y laborales no caen solamente sobre el periodista, sino que corren parejo con la época, que hace que el lector  puede sentirse apremiado y en tren de alargar tiempos laborales, cercena lectura y debe conformarse con el parche que distribuido aquí y allá pretende aparecer como cobertura informativa suficiente.
Por otra parte en un enervado campo social como lo es el que asistimos en este siglo,  en el que la intelectualidad está subordinada a la economía, en el que la credibilidad se extiende a plazo fijo y en el que la opinión debe construirse escapándole al corto plazo comprometido, ésta nuestra profesión informativa, opinante, con pretensión de orientadora y constructiva, la labor del periodista de hoy  se nos aparece como la de aquel gato blanco de grandes dimensiones y buen pelaje, caminando muy orondo por los anaqueles, esquivando lujosas piezas de cristal que vimos en la isla de Murano (Italia).
¡Qué hermosa profesión esta del periodista, profesión que se abraza con pasión y entusiasmo y que brinda una carta blanca que se conservará o no, de acuerdo al  sentido común y profesionalidad con que se la ejerza y, desde la cual tanto se puede contribuir a mejorar la vida de la gente!
Y, como no podemos dejar de hacer docencia e historia, acercándose ya el lunes 7 día del periodista, nos ponemos  a hurgar para hallar la piedra basal del edificio periodístico construido a través de siglos y más allá de la mencionada Gazeta de Buenos Ayres de don Mariano Moreno, que nos inicia a nivel Argentina, utilizando el túnel del tiempo nos llegamos hasta Johannes Gensfleisch, llamado Gutenberg, nacido en Maguncia (Alemania) el que allá por el 1400, perfeccionó en Estrasburgo las técnicas de impresión fabricando los caracteres móviles empleando hierro en vez de madera, como lo hacía entonces el holandés Jan Coster; modificó la máquina impresora e inventó una tinta grasa, ligera, y muy negra, y en Maguncia, el impresor fundió los caracteres con  una mezcla de plomo y antimonio más flexible y menos frágil que el hierro lo que facilitó la comunicación de ideas entre los hombres
Y si bien todo esto a lo mejor no alcanza para considerar a Gutenberg el iniciador de nuestro oficio, al menos valga decir que su creación permitirá que luego aparezcan diarios y señalar que Gutenberg imprimió una Biblia, la Gran Biblia Sacra Latina de 1282 páginas que fue la más famosa de sus obras impresas y de la cual solo existen diez ejemplares conocidos.
¿Y, el periodismo antes de Gutenberg? Bien viene la pregunta: antes de su aparición las publicaciones se efectuaban –copias incluidas- en forma manuscrita. Se dice que Venecia fue cuna del periodismo a principios del siglo XV, cuando los marinos venecianos recorrían los mares del mundo provocando a su regreso una  aglomeración de las multitudes, ávidas de conocer noticias provenientes de tierras lejanas.
El espíritu netamente comercial de aquellos hombres descubrió en aquel interés un medio nuevo de obtener ganancias mediante la comercialización de esas informaciones.
Así fue como las noticias que hasta entonces  se brindaron oralmente, fueron trasladadas al papel cuya lectura costaba una moneda.
De esto surge el término Gaceta, título que a partir de entonces va a ser utilizado para varias publicaciones.
Comenzaron a aparecer los copiantes de gacetas y de su redacción surge otra ocupación singular en el desarrollo de la cultura del hombre: el periodismo. Nada fácil por cierto era todo este proceso engorroso para brindar la noticia, por ello la aparición de tipos móviles debido a Gutenberg marcó un hito.
¿Cuándo aparecen los diarios? Un ejemplar de uno de los diarios más antiguos impresos en Europa, fue hallado en un  archivo de Módena, en Italia. Era una hoja impresa, sin título, que llevaba solo la fecha “2 de enero de 1641”
A raíz de eso se modificó la fecha del 28 de mayo de 1642 como punto de partida de la publicación de diarios en Milán y dio origen al periodismo moderno impreso en Europa.
Sin embargo el primer diario del mundo, en sentido absoluto, fue una  hoja publicada en Augusta, Alemania, en 1609, con  el título “Aviso-ralatión oder zeitung”.
Al año siguiente, una hoja análoga apareció en Suiza, en Basilea, después otra en Italia con  “La gazeta delle novitá”, impresa en Venecia.
En 1600 aparece un  diario propiamente dicho, de publicación cotidiana: el Leipzig Zieitung”.    Fue en el siglo XVII cuando nació el periodismo impreso.

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