Más de una vez nos hemos asombrado observando la vida de las abejas y de las hormigas, si,  asombro ante esos grupos mayúsculos puestos al servicio de la causa común, mostrando una organización de trabajo que no se detiene ante los riesgos que enfrentan, especialmente en el caso de las hormigas por la lógica reacción del hombre ante las depredaciones que pueden cometer, por ejemplo en este suelo misionero, las llamadas comúnmente “hormigas mineras”.
Recordamos que en nuestra juventud nos deleitamos leyendo “La vida de las abejas” cuyo autor, Maurice Maeterlinck, nacido en Gantes en 1862 (hombre del siglo XIX) y de profesión abogado, carrera que abandonó, consagrándose a las letras (también escribió sobre las hormigas) libros de proyecciones científicas pero encarados y resueltos con espíritu literario “La vida de las abejas” -dato curioso- fue escrita en su villa llamada “Les Abeilles” de la Riviera francesa.
“…Desde un principio ese pequeño ser extraño, que vive en sociedad, bajo leyes complicadas, y ejecuta en la sombra trabajos prodigiosos, llamó la curiosidad del hombre…” citando a quienes –desde Aristóteles se dedicaron a estudiar la vida de las abejas (algunos dedicando su vida entera) admirados por la formación de los enjambres, el régimen político de las reinas, las maravillas de la arquitectura de la colmena, deteniéndose  en poner al descubierto toda la vida privada de esas magníficas obreras, operarias que empiezan su obra a la resplandeciente luz del sol, pero no la coronan sino en las tinieblas.
Nos detenemos en Maeterlinck polémico ante Buffon a quien desacredita por decir “…que tomando esas moscas (por las abejas) una por una, tienen menos ingenio que el perro, el mono y la mayor parte de los animales, tienen menos sentimientos, menos cualidades relativas a las nuestras (hombres), por lo menos debe convenirse que su inteligencia aparente no dimana más que de una multitud reunida; sin embargo esta reunión misma no supone ninguna inteligencia, puesto que no se reúnen con fines  morales , sino que se encuentran juntas sin su consentimiento. Esa sociedad no es más que una reunión física, ordenada por la Naturaleza e independiente de todo conocimiento, de todo razonamiento… La  madre abeja (reina) produce de una vez diez mil individuos que aunque sean más estúpidos de lo que yo supongo (sigue diciendo), se verán obligados, solo por seguir existiendo, a arreglarse de algún modo; como unos y otros obran todos con fuerzas iguales…”
Replicando, Maeterlinck aduce que Buffon muestra su  rencor hacia las abejas y razona: “¿no supone cierta inteligencia que parecerá tanto más notable cuanto de más cerca se examine de qué modo esos “diez mil individuos” evitan el perjudicarse y llegan a  ayudarse mutuamente? ¿No es también nuestra propia historia?, rematando ¿Qué dice el viejo naturalista irritado que no se aplique exactamente  a todas nuestras sociedades humanas? Nuestro saber, nuestras virtudes, nuestra política, amargos frutos de la necesidad que nuestra imaginación ha dorado, no tiene más fin que el de utilizar nuestro egoísmo y convertir en bien común la actividad naturalmente perjudicial de cada individuo…” y refiriéndose a la inteligencia en duda de las abejas por parte de Buffon, explica: “La prueba de los “panales móviles” o de las “secciones”, por ejemplo, en que se las obliga a  almacenar su miel de reserva en cajitas simétricamente  apiladas, o la prueba extraordinaria de la “cera estampada”, en que los alvéolos no están trazados más que por un  delgado contorno de cera, de cuya utilidad ellas se hacen inmediatamente cargo y que se estiran con cuidado, a fin de formar, sin pérdida de sustancia ni de trabajo, celdas perfectas…”
“Nuestro saber, nuestras virtudes, nuestra política, amargos frutos de la necesidad que nuestra imaginación ha dorado, no tiene más fin que el de utilizar nuestro egoísmo y convertir en bien común la actividad naturalmente perjudicial de cada individuo…”  ¡Vaya! ¡vaya! un poco cáustico ¿o mucho?. Ahora comprendemos el porqué de la relación -vía memoria- que tejimos entre la colmena y la sociedad humana, toda una perfecta organización dirigida a un objetivo común que, cuando se ha cumplido cierra un ciclo y toda  aquella aplicación al trabajo finaliza dejando la colmena en ruina y se trastoca con la salida de un enjambre , la obtención de una nueva reina y otra vez el proceso organizativo de la colmena en el caso de estos insectos himenópteros, mientras que en el caso de las sociedades humanas, el “homo sapiens” brega constantemente por la organización, la unidad de acción en bien de un objetivo común que podría ser el bienestar, pero antes , a veces mucho antes de la culminación del proceso, este se desintegra y, a la semejanza de las abejas el “enjambre” humano toma otra dirección, olvida lo anterior y comienza con otra orientación la búsqueda del bienestar en unidad de acción.
Debiéramos extendernos más en tema tan urticante y que bien desarrollado por Maeterlinck …”…en nuestra historia humana, tratamos de avalar la fuerza y la grandeza de un pueblo o de una raza, y no encontramos más medida que la persistencia y la amplitud del ideal que persiguen y la abnegación con la cual se consagran a él. ¿Hemos encontrado muchas veces un ideal más conforme con los deseos del Universo, más firme, más augusto, más desinteresado, más manifiesto, y una abnegación más total y más heroica? Nos dice y abre la polémica.
Repasamos el almanaque (sí, todavía lo utilizamos) ese impiadoso adminículo que nos señala inexorablemente los compromisos que alguna vez, por aquello de que total falta mucho, aceptamos y que ahora, como buenos integrantes de la comunidad debemos cumplir y así, como quien no quiere la cosa, en ese correr de hojitas nos detenemos en una, leemos “Elección legislativa”,! ¡Caramba! ¿Dónde se han escondido los actos políticos y todo aquel folclore y el marcial redoblar de los tambores ¿Quién come los chori panes ofrecidos por el candidato?, ¿a quién se le entrega boletas? ¿Cerró la “industria” de los punteros de barrio? ¿Dónde están las publicidades, aquel testimonio de participación ciudadana para el recuerdo? ¿Qué se hicieron aquellos “rosqueros” de raza?
Y mientras esto elucubramos, a nuestro subconsciente lo despierta una voz de ultratumba alertando nuestro despiste político: “todo aquello ya pertenece al pasado, vivimos una nueva política”
Próximos a asistir a las elecciones legislativas a celebrarse este año recordamos  la recuperación de la democracia el 30 de octubre de 1983 después de casi ocho años de la más cruel dictadura militar que viviera el país y que marcó indeleblemente a la gente rasgando por sobre todo la epidermis nacional que a pesar de ello aparece cada día más restañada, aquel punto de inflexión que fuera la primera elección democrática y abierta nos muestra un electo presidente ,Raúl Alfonsín, repitiendo las bondades de la democracia y sin embargo a pesar de habernos librado del corset tiránico, esa democracia todavía aparecía como una utopía para mucha gente que, como convaleciente y de la oscuridad volvía ver el sol y se le nublaba la vista.
Han pasado ya 38 años de vida democrática y este país que entre 1930 y 1976 soportó  seis golpes de estado en el siglo XX (1930/43/55/62/66 y 76), hoy puede ufanarse de haber cumplido con los actos eleccionarios cada dos años y  -no sin inconvenientes de menor y mayor grado- vivido en democracia esa “forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad. En ese sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales”. (Wikipedia)

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Categorías: Columnas de Opinión

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