Las dos batallas decisivas en esta lucha hasta entonces tan desigual, fueron la de Caazapá Guazú en 1639, otra y definitiva, la de Mbororé el 11 de marzo de 1641, que dieron como resultado la paralización de esta brutal guerra de exterminio y devastación.
Para ello se organizaron e instruyeron a los neófitos capacitándolos para la lucha. Se instalaron pequeños talleres para fabricar mosquetes, arcabuces y municiones, y se los adiestró en el manejo de la armas de fuego, bajo el mando del hermano Domingo Torres, antiguo soldado incorporado a las milicias de San Ignacio.
Sobre la batalla de Mbororé existe un interesante relato hecho por autor anónimo que escribió la biografía del P. Cristóbal Altamirano, quien dice que la horda de bandeirantes la integraban 400 portugueses de San Pablo y 2.000 tupíes auxiliares. Los indios de las misiones en número de 4.000 eran acaudillados por el cacique principal, capitán Ignacio Abiarú a quien secundaba Nicolás Ñeenguirú Agrega que la batalla en sí duró dos días muriendo 120 portugueses y más de 1.000 tupíes: Los indios a misionados  tuvieron 6 muertos y 40 heridos.
En el Archivo General de Indias, sobre la batalla de Mbororé, se levantó una información que se conserva en donde se dice que los invasores eran 400 blancos y 3.000 indios y 90 canoas”.
Existe además el relato del P. Lupercio Surbano, que reproduce el R.P. Pablo Pastells. S. J. Historia de la Compañía de Jesús.
Aparece ignorada esta batalla por los ilustres historiadores del puerto de Buenos Aires, sin embargo existía conocimiento de la misma ya que hallamos en nuestra biblioteca particular un libro “Historia de la República Argentina”, editado a fines del siglo XIX en el que se asienta un relato de la batalla de Mbororé, titulado: “La memorable batalla de Mboré (textual)” “En 1641 tuvieron noticias los P.P. Jesuitas que de la provincia brasilera de San Pablo venía sobre las misiones una formidable expedición, compuesta de más de 500 Mamelucos (gauchos de estirpe europea) bien armados, y de tres o cuatro mil indios tupíes de raza caríbica como los charhuas. Los padres pusieron en campaña sus milicianos guaraníes, y salieron al encuentro de los enemigos, haciendo aparentemente el papel de capellanes, pero desempeñando en realidad el de generales, coroneles y divisionarios. Los enemigos bajaron por el Uruguay en 300 canoas grandes, y los misioneros tomaron buenas posiciones en las juntas de este río con el Mboré, regularmente armados con fusiles, y con sus famosos pedreros de cañas tacuaras. El asalto y la defensa duró dos días; la victoria de los guaraníes fue espléndida; murieron 180 mamelucos y 1200 tupíes. El botín de armas y despojos fue muy grande; las 300 canoas quedaron en poder de los vencedores de modo que el escarmiento fue terrible.”

Criollos colonizadores
Eulogio Benítez (Precursor del transporte de carga)
Como vino a Oberá
“Yo trabajaba en la Compañía Nobleza de tabacos en Bonpland y era chofer de Günther, y un día hablamos con él y decidí venir a Oberá. Llegue el 25 de mayo de 1932. Tenía el camioncito, modelo 30, que Avelino me facilitó y recuerdo que el primer trabajo que tuve fue la mudanza de doña Nicasia Leiva, de Oberá a San Javier, cobre cincuenta pesos, si mal no recuerdo. Junté un poco de dinero trabajando duro pero tuve que ir a la conscripción.
“A mi vuelta compré el primer camión. Me costaba $ 1.400, tenia $ 800.

Surge la Empresa de Transportes
“Con ese primer camioncito trabaje mucho, no le tenia miedo al trabajo. Todavía se acordaran muchos, de los “peludos” (vehículo hundido en el barro) que tuve que sacar al Ford cuando se “enterraba”. Cómo cargaba y descargaba leña, yerba verde.  Entonces se trabajaba de verdad, con mucho sacrificio. Bothner se tiene que acordar cuanta yerba verde le transporté con el camión.
“Muchos fletes los hacía con la gente de La Criolla. También instalé un almacén en el kilómetro 8, anduvo bien, pero como no pude atenderlo personalmente tuve que dejarlo, era una muy buena ubicación. Me hice de una chacra.
“Corrió el tiempo y me fui haciendo de más camiones. En una oportunidad compré tres de golpe a la Ford que en ese tiempo era de Boldú.
“En 1940, ya podía decir que era propietario de una empresa de transportes. Viajábamos a Posadas, Garupá y Santa Ana, con yerba y de vuelta traíamos mercaderías del ferrocarril.
“Teníamos siete camiones y contribuíamos a la economía regional. En pocos años había logrado levantar una em presa en base al trabajo, al esfuerzo.

Nace la sub agencia
“La flota de camiones necesitaba combustible, era una época en que faltaba el combustible. Con nuestros camiones lo traíamos de Posadas para Boldú y nos quedábamos con cinco tambores. “La gente necesitaba nafta, se corría la voz que nosotros teníamos y venían cada vez en mayor cantidad a pedir que les vendiéramos. “Así fue evolucionando el negocio, hasta que, un día la Esso, advirtió la conveniencia de hacerme sub-agente. Así nació la agencia pero esto ya es historia reciente.

La convivencia
“Me tocó convivir con grupos de alemanes, de gringos, recuerdo y respeto la memoria de Leo Lutz, ese era un hombre de trabajo, me parece verlo con su gorrita, cargando y descargando ladrillos, haciendo las tareas más duras, junto a él, doña Martha.  Llegar a la casa de ellos era encontrar un lugar de amigos, con su gentileza, con su cordialidad.
“Me preguntan si había buenas relaciones entre los distintos grupos que pertenecían a las colectividades.
“Yo me acuerdo que en el Oberá de entonces, convivíamos todos muy bien. Se trabajaba rudo, trabajaba el sueco, el alemán, el polaco, el ruso, trabajábamos y mucho, nosotros también pero no había problemas de ninguna clase. Nos entendíamos bien, nos respetábamos y así fue haciéndose Oberá. (Entrevista realizada a don Eulogio Benítez. Pregón Misionero- Suplemento Cincuenta Aniversario- 9 de Julio de 1978).

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Categorías: Columnas de Opinión

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