Sí, nunca tuvo tanto efecto  eso de yo, tú él, nosotros, vosotros, ellos como en estos tiempos de pandemia en que pareciera que nos han metido en la gran bolsa del mundo en la que todos y por cierto cada uno, corre casi casi la misma suerte en lo que hace a contraer el virus que, con presencia abrumadora, nos deja sin respuestas aquí y allá y, como un latiguillo, cumpliendo su función, se encargan los medios de ilustrarnos, aconsejarnos y, en una palabra, acompañarnos en esta encrucijada que nos tendió la vida, logrando al menos que nos cuidemos un poco más, que no malogremos nuestro bienestar sanitario corriente que nos ha proporcionado la ciencia y ese desvelo de científicos y trabajadores de la salud desafiándolos viviendo “nuestra vida y nuestras libertades” más allá de lo razonable y, por supuesto con ello contribuir a avivar las brasas del fogón de la pandemia para que el virus se enseñoree en nosotros.
Teniendo en cuenta los anteriores renglones es muy poco lo que podemos hacer para aliviar tensiones producto de los temores y las obligadas cuarentenas, pero al menos podemos ofrecer hoy, desde nuestra nutrida y hasta sabrosa biblioteca alguna perlita histórica… y bien, ya está, la encontramos y corresponde al libro “Las argentinas de ayer a hoy” de Lily Sosa de Newton que invitamos a seguir con interés.
“Son alrededor de 20 las mujeres que arriban al Río de la Plata en enero de 1536, a bordo de las naves del Adelantado don Pedro de Mendoza. Una de ellas, sin imaginarlo, va a conmover a las generaciones futuras con la descripción del estado penoso a que se ven reducidos los orgullosos conquistadores a poco de su llegada. Esta primera corresponsal, Isabel de Guevara, casada con Pedro Esquivel, adquiere así renombre imperecedero, bien que doloroso, por la carta que envía a la Reina Juana, el 2 de julio de 1556 desde Asunción con el relato de las penurias que sufren mujeres y hombres en el Río de la Plata. Reducidos a vivir en ranchos miserables, acosados por los indios y diezmado por las privaciones y las enfermedades     Es un testimonio conmovedor del temple  de las fundadoras, quienes a la par de sus compañeros, padecen la desesperanza de los días y las noches de hambre, de las flechas de los indios y del deseo irreprimible de comer carne humana cuando falta otro alimento, antes de abandonar Buenos Aires . Enorme habría sido el asombro de Isabel de Guevara si alguien hubiera dicho que pocos siglos más tarde iba a ser considerada la primera literata de estas tierras, por su patética carta. De todas maneras es mucho que supiese escribir en una época en que las iletradas abundaban, aún entre damas de linaje, y, dejando a un lado el valor humano del documento, debemos admirar la expresividad con que expone sus derechos y los de su marido al “repartimiento” de tierra e indios del que ha sido excluida, sin tener en cuenta sus méritos. Al recordar los días terribles de Buenos Aires destaca la conducta heroica de las mujeres, quienes llegan a cumplir  funciones de sargento, y luego de marinos cuando remontan el Paraná en dirección a Asunción. “Vinieron los hombres en tanta flaqueza –le dice-, que todo los trabajos cargaban las pobres mujeres, así en lavarles la ropa, como en curarles, hacerles de comer lo poco que tenían, limpiarlos, hacer centinela, rondar los fuegos, azuzar las ballestas cuando los indios les venían a dar guerra…”
En su “Argentina manuscrita”, Ruy Diaz de Guzmán relata un episodio protagonizado por una mujer llamada “La Maldonada”, en el que quizás intervenga la imaginación, más refleja cabalmente la angustia de los expedicionarios. La Maldonada, enloquecida por el hambre, se lanza fuera del recinto fortificado, porque el horror de la situación es superior a cualquier contingencia que se presente en tierras de los indios. Mendoza ordena que sea apresada y atada a un árbol  a la vera de un arroyo, desnuda, para que sirva de comida a las fieras y de escarmiento a todos. Se cumple la orden y tras la noche de tormenta acuden los soldados en busca de los despojos de la víctima. Ante su asombro, la encuentran indemne lo que le vale el perdón. Historia o leyenda, como la tragedia de Lucía Miranda, amada por el cacique Siripo, es un testimonio de la vida de quienes intentaron poblar esta ribera del Río de la Plata. Dícese que es aquel el origen del nombre del arroyo Maldonado.
Integrando ese primer grupo, vienen también María Dávila, mujer y legataria de Pedro de Mendoza; Elvira Pineda, criada de Juan Osorio y testigo de su alevosa muerte; Mari Sánchez, esposa de Juan Salmerón de Heredia, autor de una “Relación”; Catalina de Vadillo, Isabel de Quirós, María Duarte y otras, cofundadora de Buenos Aires.

Rinconcito histórico
Dr. Lisandro de la Torre
Ejemplo clásico de la gran figura política,  “al estilo de aquellas que la Nación Argentina conoció en las horas primeras de su vida institucional” Fue típicamente un liberal; en el sentido puro de la palabra, en todo lo que significa honradez intelectual y cívica. Repudió a todo sectarismo y respetó las ideas y la expresión libre de expresiones. No fue extremista ni antirreligioso, como pretenden salpicar su memoria los que fueron sus adversarios políticos, sino un honrado demócrata liberal. Había nacido en Rosario (Santa Fe), el 6 de diciembre de 1868. Fundó el pueblo de Barrancas, en su provincia natal. Fue fundador del Partido Demócrata Progresista. Senador y diputado nacional. Actuó en la Revolución del 26 de  julio de 1890. En 1935 se atentó contra su vida en el Congreso de la Nación al debatirse el asunto sobre exportación de carnes;  en su lugar cayó el senador por Santa Fe don Enzo Bordabehere. Ha publicado valiosos trabajos: El Territorio de Misiones; La industria yerbatera; Investigaciones del comercio de carnes. El régimen municipal; Intermedio filosófico. Falleció trágicamente quitándose la vida.

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Categorías: Columnas de Opinión

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