Charla de Reyes
“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: ‘Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel’. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; Y enviándolos a Belén, dijo: Id allá, y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron: y he aquí la estrella que habían visto en el oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes, oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino».
Ya estamos en el 2021 y, curiosos queremos espiar por la hendija de la puerta que apenas está abierta a la curiosidad pública en estos primeros días de enero que, como para calmar esa tensión lógica de seres pensantes, nos ilumina con sol radiante, nos envuelve en un calorcito húmedo, para luego y a la tarde, regarnos generosamente con un torrente lluvioso que a veces está acompañado con viento y granizo como para ofrecernos el servicio de baño con valor agregado y sin cargo, lo que es mucho decir para estos tiempos en que las puntas de los lápices están muy afiladas ¿lápices? ¡vaya antigüedad! , esclavos como son de una voracidad privada y pública que corre con agilidad como para calmar su necesidad de supervivencias.
Y mientras nos damos un masaje con alcohol ante la casi hematoma imaginaria que nos causó el querer abrir aun que fuere un poquitito más la puerta y adentrarnos en la intimidad de este señor 2011, nos parece ver salir de ella a los Reyes Magos.
Y en tren de imaginar, nos imaginamos sus camellos, esos que no nos dejaban dormir de susto añares de años atrás, tiempos en los cuales el 6 de enero era una fecha que alborotaba a la familia, y qué decir de los chicos que colocaban su pedido en su cartita a los Reyes, escrita con letra temblorosa como la que utilizamos cuando la emoción es muy fuerte  cuando nos parecía ver, si hasta nos parecía ver cada vez más ensanchada la estrella de Belén y se nos erizaba la piel, resultado de esa lucha que librábamos para poder dormirnos y que Baltasar, Melchor y Gaspar no nos “pesquen” despiertos y nos dejen sin juguetes que para algo habíamos colocado el pastito y el agua para los camellos.
El recuerdo de algo tan preciado de nuestra infancia nos hizo pensar una vez más en recurrir a la historia y ubicar en ella a estos Reyes Magos y mientras algo nos decía que lo dejáramos así, otro algo nos daba bríos para hacerlo. ¿Dónde indagar?
No sabemos cómo nos encontramos de buenas a primeras frente a nuestro archivo de colección, y de los tantos y tantos tomos  anuales de Pregón Misionero, vamos directamente al que corresponde al año 1996, lo abrirnos en la página 4 -edición del 5 de enero-  “Desmitificando a los Reyes Magos”, dice el título y aquella curiosidad por abrir la puerta del 2011, ya frustrada, nos abre otra puerta por la que los invitamos a ingresar.
“Los Reyes Magos son tres personajes míticos gestados en un  pasaje bíblico- Mateo 2:1-12 (según las Escrituras que viene a insertarse dentro de las celebraciones cristianas adquiriendo el nombre, en el calendario litúrgico de Epifanía, a modo de conclusión de los festejos del nacimiento de Jesucristo.
“El ciclo de Navidad comienza con la Nochebuena  y dura hasta la adoración de los Magos, el 6 de enero.
“Ahora vemos que la cuestión religiosa de la celebración de la Natividad de Jesucristo, tanto en Navidad como en Reyes y Pascuas, sufrió una tergiversación histórica perdiendo casi de lleno el punto nodal.
“¿Qué hay de cierto en todo esto? Si nos remitimos al citado Evangelio nos encontramos con una historia bastante macabra, donde el rey Herodes, por no perder terreno ante la llegada del Mesías, personaje anunciado por los viejos profetas del Antiguo Testamento, hace todo lo posible por conocer su paradero para ejecutarlo y poder continuar con su gobierno.
“Melchor, Gaspar y Baltasar, más que reyes eran esos sabios estudiosos de los astros y los movimientos estelares. Convencidos de que una especie de estrella señalaba el lugar preciso en que se encontraba el Rey Mesías, la siguieron y hallaron al nuevo personaje histórico universal prometido que traería paz a la humanidad, tanto a los pueblos judíos como a los “paganos”
“También es cierto que se postraron ante el Niño y lo adoraron, le hicieron entrega de unos “dones” que no eran otra cosa que oro, incienso y mirra, que llevan consigo un simbolismo implícito: el oro reconoce la realeza; el incienso, la divinidad y la mirra, la humanidad de Jesús.
“Herodes, al no recibir noticias de los magos, inició su plan de acción que consistió en matar a los primogénitos menores de dos años. Jesucristo estuvo a salvo porque José, su padre, recibió en sueños la recomendación de huir de esas tierras e instalarse en Egipto. Los Reyes Magos, también siguiendo los mensajes de sus sueños, regresaron a oriente por otro camino, esquivando a Herodes, desde ahí no se sabe su paradero.
“Ahora bien, ¿por qué adquirieron la nomenclatura de Reyes?  Lo consultamos con el entonces Padre Víctor Arenhardt –quien fuera el primer Obispo cuando la creación de la Diócesis de Oberá y que falleciera trágicamente en ejercicio de su Ministerio- quien así nos explicaba: “ la religión cristiana en sus comienzos, habla de Reyes Magos, probablemente en función de aquello que los profetas anunciaban que Jesús es luz de las naciones y todas las naciones vendrán a adorarlo.
Esos representantes de las naciones serían estos tres personajes, representantes de todas las naciones paganas que vienen a tributar un culto, su adoración a este niño.
¿Qué nos queda de todo esto? ¿Pasa también a la cuenta de los padres en jugueterías y regalerías?
Más de uno diría que ya no queda nada del espíritu que hace al tema, pero de hecho tenemos que pensar que cada familia con sus regalos celebra la presencia de sus niños, que también son luz y alegría, que son parte del mismo mito, parte del mismo Jesús, quizás sin dones, ni mucho espiritualismo, pero con la misma esencia de devoción que ante las esperanzas renovadas que se abren ante el nacimiento de cualquier niño.
Las otras cosas, los camellos, el pasto y el agua son agregados de imaginería que pintan con nuevos tonos, otorgándoles una cuota más de misticismo a una historia que viene de unos 2.000 años atrás.
A diferencia de la Historia de Papá Noel –nuevecita ella ya que surgió en el Siglo XIX y la difundió Coca Cola, esta de los Reyes Magos lleva una larga tradición, pero más allá de la historia nos imaginamos que al levantarse el día 6 muchos chicos se sintieron felices con el regalito de Reyes en sus zapatos. No destruyamos su alegría.

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Categorías: Columnas de Opinión

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