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Lo balearon, pero no quiso llamar a la Policía ni ser curado

El hecho ocurrió el domingo en el barrio Villa Blanquita de Oberá. La víctima es un ciudadano paraguayo que recibió un disparo en una pierna. Pidió que no involucren a la Policía, elemento para sospechar de un ajuste de cuentas

Arrancó como una charla y fue subiendo de tono por el reclamo de una deuda. Luego gritos, amenazas y tres disparos que sacudieron la noche en el barrio Villa Blanquita. Gritos, corridas y, en plena huida, un presagio de sangre: “Juntá esa guita o la próxima sos boleta”.

El hecho se registró el domingo, alrededor de las 22, en un departamento de alquiler situado sobre calle Aramburu 84 de Oberá. La víctima fue identificada como Denis Alcides B. A. (34), de nacionalidad paraguaya, quien reside en el lugar desde hace aproximadamente un mes.

A pesar de la gravedad del hecho, en un primer momento el damnificado expresó que no quería involucrar a la Policía, por lo que fue la dueña del inquilinato quien alertó al 911, tras lo cual se solicitó la asistencia de una ambulancia de Salud Pública.

Incluso, tras ser examinado en la guardia del hospital Samic, donde se constató una herida de bala en la rodilla derecha, el lesionado se negó a recibir atención de mayor complejidad y firmó el alta voluntaria.

La actitud del paraguayo, a entender de los investigadores, no hizo más que abonar la hipótesis de un ajuste de cuentas.

En tanto, al cierre de esta edición desde la Unidad Regional II no informaron sobre avances en la investigación ni las identidades de los agresores.

En consecuencia, por el momento sólo se estableció que momentos antes de los disparos el damnificado recibió la visita de cuatro hombres que le reclamaron una deuda.

Preventivamente, la causa fue caratulada como “lesiones con arma de fuego” e interviene el Juzgado de Instrucción Uno de Oberá.

“No llamen a nadie”
Ayer El Territorio visitó el inquilinato donde se sucedieron los hechos y constató dos cosas: la víctima no estaba, o al menos no atendió el llamado a su puerta; y los vecinos evidenciaron mucho temor, al punto que quienes accedieron a charlar solicitaron la reserva de sus identidades por temor a represalias.

De esta forma, más la información oficial suministrada por la UR II, se pudo reconstruir que el damnificado dice dedicarse a la venta ambulante y reside en el lugar de desde hace alrededor de un mes.

“Si tiene familia no sabemos, pero acá siempre estuvo solo”, comentó una vecina.

Al igual que otros inquilinos, mencionó que el domingo por la noche el paraguayo estuvo un largo rato charlando con los cuatro desconocidos.

“Se trataban con nombres y apodos, como que eran todos conocidos, hasta que en un momento empezaron a exigirle a los gritos el pago de una deuda. Pero nunca pensé que le iban a disparar. De golpe se escucharon tres estampidos y los tipos salieron corriendo. Todavía uno de ellos le dijo: “Juntá esa guita o la próxima sos boleta”. Fue una situación muy fea porque acá vive gente de trabajo y hay chicos”, agregó.

Los agresores escaparon a pie y giraron por calle Balcarce, donde se presume que los esperaba un auto de apoyo.

En un primer momento algunos vecinos pensaron que el damnificado había muerto, ya que no pidió auxilio, hasta que se acercaron y constataron que estaba vivo y evidenciaba una herida de bala a la altura de la rodilla derecha.

Fue entonces que expresó su negativa a llamar a la Policía, por lo que tuvo que interceder la propietaria del inmueble. “No llamen a nadie, yo me arreglo”, habría manifestado el hombre.

Apuro por irse
Una vez en el lugar, los uniformados convocaron a una ambulancia para el traslado del herido al hospital local, mientras que personal de la División Criminalística realizó las tareas de rigor en la escena del hecho.

Pero si hasta aquí la actitud del paraguayo había sido al menos sugestiva, su comportamiento en el hospital no hizo más que sentar las bases para sospechar que se trató de un ajuste de cuentas.

Esquivó la posibilidad de brindar datos o señas particulares de los agresores. Pero no sólo eso, ya que no quiso denunciar el hecho ni quería atención médica.

De todas formas, siguiendo el protocolo legal, el médico de guardia constató un orificio de arma de fuego en la rodilla derecha, sin ninguna afectación sobre otro órgano vital.

El paciente estaba lúcido y expresó que no sentía dolor, otro aspecto que sorprendió a los pesquisas.

“Es improbable recibir un balazo y no sentir dolor, pero este hombre manifestó eso y dejó en claro que se quería ir cuando antes. Estaba apurado por irse”, indicaron.

Fue así que tras las curaciones de rigor y cuando el médico de guardia solicitó una radiografía, el herido manifestó su intención de retirarse y firmó el alta voluntaria. Es decir, dejó constancia de que no quería ser atendido.

La principal hipótesis
Con relación al hecho, más allá de su evidente negativa a brindar detalles que puedan dar con los agresores, ante la insistencia de los investigadores el damnificado terminó reconociendo que conoce a los atacantes y que llegaron a su departamento para cobrarle una cuenta, aunque no entró en mayores detalles e incurrió en contradicciones.

Ni siquiera recordó la vestimenta que usaban, pero sí que en un momento uno de ellos exhibió un arma de fuego con la que lo amenazó.

Le exigían plata, que pague una deuda, pero como no tenía efectivo le dispararon tres veces, aunque sólo le impactó uno de los tiros, lo que para la Policía indica que no quisieron asesinarlo y sólo buscaban amedrentarlo.

Los vecinos lamentaron el hecho y expresaron su temor ante el regreso de los agresores, tal como prometieron, puesto que hasta ayer el damnificado no había manifestado su intención de mudarse del lugar.

En tanto, si bien las autoridades no descartaron ninguna línea de investigación, cobraría cuerpo la hipótesis de un ajuste de cuentas narco.

Incluso, una fuente mencionó que “se estableció que el muchacho baleado está hace tiempo en Oberá, alternando varios domicilios y tiempo atrás estuvo en el radar de la División Toxicomanía (actualmente Drogas Peligrosas), aunque luego la investigación se estancó”.

Tampoco sería la primera vez que en el barrio Villa Blanquita se registran hechos de violencia extrema relacionados con drogas, una cuestión varias veces alertada por referentes vecinales y de los foros de seguridad, pero que persiste y pone al descubierto serias limitaciones en el combate a un flagelo que avanza.

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