Con el avance del calor del verano se acerca el momento anual de la eclosión de la población del aedes aegypti, el mosquito vector del virus del dengue. Y, si bien en los últimos meses el virus con mayor circulación es el SARS-CoV-2 -responsable de la COVID-19-, los expertos ya advierten sobre la posibilidad de que, en las próximas semanas, comiencen a registrarse casos de dengue. En este sentido, alertan sobre la necesidad de que médicos y pacientes estén atentos a los síntomas y cumplan con la prevención de ambas enfermedades.

La situación actual

“En esta parte del año todavía no se ha detectado circulación de virus de dengue en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Pero, dado que ocurre en países limítrofes, no sería nada improbable que se detecte pronto”, explicó a Chequeado Tomás Orduna, jefe de Medicina Tropical y Medicina del Viajero del Hospital Muñiz de la Ciudad de Buenos Aires.

Según los datos más recientes del Ministerio de Salud de Nación, actualmente no hay evidencia de circulación viral autóctona de dengue en el país, aunque 6 provincias reportaron casos probables que están en investigación.

Ante el aumento del movimiento de personas relacionado con las festividades así como por el período de vacaciones, es posible que aumente la transmisión de SARS-CoV-2 y comiencen a presentarse casos de dengue con y sin antecedentes de viaje”, advierte el Ministerio en la alerta epidemiológica emitida el 7 de diciembre.

Orduna también recordó que, “aunque desde abril la vigilancia epidemiológica está absorbida por el coronavirus, la Argentina viene de un año con una cantidad récord de casos, con casi 60 mil confirmados y unos 100 mil notificados. Eso significa más casos que en los  brotes de 2016 (75 mil) y de 2009 (23 mil)”.

Por su parte, la infectóloga Elizabeth Bogdanowicz, miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), aseguró: “Estamos recomendando a los colegas que sigan en detalle los casos de pacientes que llegan con enfermedad febril exantemática [fiebre y sarpullido] para que realicen un hisopado y verifiquen si es coronavirus, pero les recordamos que también estén atentos para analizar la posibilidad de que sea un caso de dengue”.

Similitudes y diferencias

Algunas de las características iniciales del dengue y el coronavirus suelen confundirse, por lo cual es necesario realizar pruebas específicas de laboratorio para diagnosticar uno u otro virus. “Desde el punto de vista de los síntomas, muchas enfermedades virales se parecen. En las primeras 48 o 72 horas tanto el dengue como la COVID-19 pueden provocar fiebre, cansancio y dolor de cabeza”, explicó Orduna.

Sin embargo, luego de ese período inicial comienzan a manifestarse síntomas particulares y característicos de cada enfermedad. “Tras las primeras 72 horas, el dengue puede generar dolor detrás de los ojos (retroorbitario) que es característico. Y también pueden aparecer dolores musculares y en las articulaciones”, detalló el infectólogo del Muñiz.

También pueden darse náuseas y vómitos y otras manifestaciones hematológicas características, como un sangrado tras cepillarse los dientes o por las fosas nasales y, en algunos casos, es posible visibilizar petequias (manchitas) en la piel. Ante la aparición de cualquiera de estos síntomas, es importante concurrir al médico para recibir el tratamiento adecuado y no automedicarse: no tomar aspirina ni ibuprofeno.

Por su parte, la infección por coronavirus se asocia a un signo clave que sirve para ayudar a discriminar una de otra. “El dengue no suele estar acompañado por tos. Por eso, si el paciente tiene fiebre y otros síntomas inespecíficos y comunes a ambas patologías pero aparece tos, ahí -entonces- el fiel de la balanza del diagnóstico comienza a inclinarse hacia la COVID-19”, explicó Orduna.

A esto se suma que, en muchos casos, el SARS-CoV-2 genera pérdida repentina del olfato y del gusto y dolor de garganta, algo que no se asocia a pacientes con dengue, según este experto.

Con el paso de los días la infección por coronavirus puede agravarse y desencadenar nuevos síntomas relacionados con la hipoxemia (caída en la presión de oxígeno en la sangre) y -según Orduna- “es necesario estar muy atentos a la sensación de falta de aire o dificultad para respirar que son indicios de trastornos en la oxigenación”.

Posibilidad de co-infección

Por otra parte, Orduna destacó que “no debemos olvidar que puede darse una situación particular, que no es muy frecuente, pero de la que ya se han descrito en la literatura médica algunos casos (ver acá y acá): una superposición de ambas infecciones en las cuales un paciente padece dengue y COVID-19 al mismo tiempo”.

Esto es especialmente factible, por ejemplo, en zonas geográficas donde se superpone la transmisión comunitaria de coronavirus con el pico de la transmisión vectorial de dengue, que suele darse en los meses de marzo y abril.

Finalmente, Bogdanowicz destacó: “Ahora estamos entrando en una etapa del año en que debemos volver a atender el problema del dengue. A los cuidados para evitar la COVID-19, la gente debería sumar las precauciones para prevenir el dengue.

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