En el tiempo en el que vivía en Colonia Alberdi sección II y lidiaba con la elaboración de te, aproveché para nutrirme de sabia agrícola, concentración qué y cómo todas las artes, necesitaba distraer  nuestra atención en múltiples ocasiones, contemplando esta o aquella aparente o simple rutina de ese pequeño gran  mundo ecológico que para quien lo ató  a su vida diaria es como una figurita repetida y como tal, habitante de su reservorio intelectual del grado que fuere, todo un descubrimiento que solamente después de haberle dado entrada, pasó a integrar el nuestro, arropado ahora con ínfulas de descubrimiento.
¡Vaya! esa lucecita verde que se nos instala en nuestras producciones  se está encargando de transmitirnos su desilusión alegando que ese tornillo de esclarecimiento debiera haber sido enunciado con menor énfasis y mayor modestia como en realidad se lo merecen estas líneas que cuentan con un largo recorrido por estas páginas del semanario durante más de cincuenta años.
Fue entonces cuando acudí presuroso a dar vuelta la página y la escena dejó el campo y fue  a ubicarse en mis tiempos de profesor cuando pretendíamos aportar más y más conocimientos en una juventud que había tenido cerrada hasta hacía muy poco la ruta de la instrucción, no por negligencia, si, sin posibilidades hasta entonces de acceder a la misma.
En aquella oportunidad, NO,  me dijo alguno que otro colega “no vale la pena que te “rompas” que “estos no entienden  nada”,  en referencia a los alumnos. Mi respuesta espontánea – no de fascículo- fue más o menos esta: ¡cuidado, que a lo mejor puede haber quien  sepa más que nosotros!
Como es moneda corriente que con esta pandemia que vivimos, pensando en Roma y su historia saltemos a Europa produciendo   desordenados pensamientos que  nos revuelven a diario y que tintinean a través de esa lucecita de que hablamos más arriba, lo que dio lugar a un “sermón” el que con duras palabras, como despertando nuestra conciencia  hasta entonces  casi armónica dibujando dialéctica editorialista como para que continuemos con las exploraciones adquiridas en el agro y su correlato como habíamos enunciado más arriba, la energía de los pobladores  de aquel mundo que, en nuestro caso, estuvo representado de muchas maneras, como por ejemplo observar la larga caravana de las hormigas cortadoras de verdes que no se arredraban en su labor de transportistas de nuestras hojas aun cuando le echáramos en la ruta recorrida con fines devastadores, agua hirviendo, o productos que las envenenaran, sí cierto nada destacable todo lo contrario para nuestros intereses, pero sí un ejemplo de la unión y “fraternidad” entre las hormigas y por sobre todo respeto y acatamiento al trabajo mancomunado; otro ejemplo  disciplinario que reina en una colmena de abejas y que provocó la edición del libro “La vida de las abejas” de Maurice Maeterlink; o aquello que vimos allá por los años cuarenta o cincuenta de las invasiones de langostas que aparecían en bandadas perfectamente ordenadas que hasta hacían oscurecer el sol a su paso aun sabiendo, pura imaginación, que una vez dentro de las barreras de contención las esperaba la muerte como sanción , si, ordenada y disciplinada, aun cuando destructiva , otro ejemplo más humilde pero también edificante como lo fueron aquellos gallineros en que ya al acercarse la noche y disciplinadamente se situaba cada ave en el tirante que le habían adjudicado.
Podríamos seguir relatando acciones del reino animal que pudimos observar entonces, no lo hacemos porque nos podrían poner en aprietos advirtiéndonos que también en la guerra los humanos actúan mancomunadamente en orden y disciplina como soldados aun cuando fueran a la destrucción o esperaran su destrucción por ello, más ejemplos, imposible, que ya nos están preguntando ¿a qué viene tanta cháchara?.
Es posible que la respuesta a esta pregunta sea sintética pero en función de actualidad, no del mundo ecológico que también las espera, aunque el hombre no deje de desnutrir suelos y cercenar flora “a piacere” como si gozara cambiando ese exuberante paisaje, documento viviente de potencialidad, por campos inermes a los que la falta de verdes reduce aguas, sino de esta nuestra presencia actual, como hombres civilizados en este mundo refiriéndonos  solamente a lo que estamos viviendo hoy día en este siglo XXI y especialmente en las tierras epicentro de un país que supo de vida en convivencia y hoy sufre una suerte de lucha institucional a la que la chispa criolla denominó “grieta” y pareciera estar signada por hacer revivir la fábula de Samaniego, sí, la misma de la que nos ocupamos en otras oportunidades  en este espacio en la que se relata la odisea en la que dos conejos entablaran larga y ampulosa discusión para dirimir si sus perseguidores serían galgos o podencos y, finalmente sucumbieron en la lucha… y su botín de vida diaria pasó a otras manos.
No, no lanzaremos moralejas ni pensamientos, que, al fin y al cabo no serían sino frustrantes, nos conformamos con remitirnos al final de la fábula que sí nos provoca un angustiante pedido de ciudadanía democrática para con el no solamente dejar hacer, sino colaborar con ese accionar que ya llegarán nuevos turnos de gobierno que también lo necesitarán o ya no.
Un toque de humor nunca es desechable por lo que cerrando esta página, recordaríamos a aquel gran actor cómico que decía: unidos triunfaremos, desparramados… ¡Qué haremos!
Sí, es cierto que aprovechamos hoy el tiempo ya muy próximo de la Navidad para tratar de exhortar a todos aquellos que por convicción o intereses dan palos porque bogas y  palos porque no bogas. Sí, lo hacemos pero en nuestro fuero interno nos acecha la pregunta ¿para qué lo hacemos?, claro que esta va adornada con un fondo reproduciendo el tango de Cadícamo “Deja el mundo como está….”
Hasta el próximo viernes.

18 de diciembre de 1810 – Rinconcito histórico
La renuncia de Moreno
El doctor Mariano Moreno renunció a su cargo de secretario de la Junta de Gobierno que se formó el 25 de Mayo de dicho año. Su renuncia fue un modelo de honestidad moral; reconoció, refiriéndose a sí mismo, que no podía ser provechosa al público “ la continuación de un magistrado  desacreditado”. Terminaba diciendo que “algún día disfrutará la gratitud de los mismos ciudadanos que hasta este momento lo habían perseguido, a quienes perdonaba de corazón…”

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Categorías: Columnas de Opinión

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