El título periodístico de la nota que reposa en nuestro archivo con fecha 31 de enero de 1948 publicada en el diario «La Nación» de Buenos Aires titulada «Un hindú dio muerte a Gandhi en Nueva Delhi» y un subtítulo «Luchó durante toda su vida por un ideal» y a la izquierda de la nota, otro título «Le disparó varios tiros en medio de una muchedumbre» y otro subtítulo: «El mahatma se disponía en ese instante a presidir una reunión de plegarias»
Sí, aunque parezca exagerado cuando reproducimos un documento como este, debemos respetar la palabra escrita en todos los detalles. Ahora la transcripción de la nota central: «Hace pocos meses, en el día de su natalicio afirmó el Mahatma Gandhi mientras conversaba con un grupo de amigos y de discípulos, después de haber orado en su compañía, en el jardín de su casa, que no valía la pena de vivir en un mundo atormentado por el odio y por el crimen. En esta breve y triste reflexión resumía el venerable caudillo espiritual de la India su concepción de la vida y su idea de la acción, y ahora ha entrado ya, por diligencia del odio y el crimen, precisamente en la serenidad suprema y en el infinito silencio con que a veces enjugaba su cansancio de combatiente quieto y de apasionado predicador de la libertad, de la tolerancia, de la reacción pasiva contra el mal. Un compatriota, -he aquí lo  asombroso- le dio muerte, en el instante en que elevaba una  plegaria ante la gente que le rodeaba. El mundo que aprendió a admirarlo y a contemplar su actividad cívica y religiosa con el respeto que despiertan únicamente los seres que están más allá de la discusión y se acostumbró a ver en el Mahatma Gandhi una figura que enaltecía el género humano, experimenta hoy la congoja que expresa, no solo la indignación generosa sino también la decepción desolada respecto a la lentitud con que el individuo progresa moralmente y admite aún tan sombríos retornos a su caverna, a su torva explosión de la ira. La historia se ha enriquecido pues, con un nuevo mártir, con una víctima más que ilustra con su sangre y con su obra el camino que ha de conducir al necesario perfeccionamiento que elimine en comunidades y hombres la excesiva vesania de matar y de morir como un medio para conseguir algo o evitarlo.
El alma de Gandhi se hallaba sumida en el dolor. Trabajó durante toda su existencia por la recuperación nacional de la India y, aunque su verdadero ideal, el de una patria uniforme, con avenimiento pacífico de hindúes y musulmanes se frustró con la formación de dos naciones, su satisfacción era profunda en los primeros momentos de la solución de este antiguo problema. Más no tardaron en surgir problemas o choques. Masas hindúes y musulmanas llevaban sus desacuerdos fronterizos o sus deseos de posesión de determinados territorios como el de Cachemira al extremo de una guerra civil. A veces la mediación apacible de Gandhi eludió la agravación de esos conflictos o los apaciguó por poco tiempo…

Entre obereños: Colectividades
La llegada de los Suizos
En mayo de 1920 llegaron a Oberá Leo Lutz, su esposa Martha Rothe y su hijo Egon los que van a tener una muy destacada participación en el proceso colonizador. Leo era un joven de 22 años que se radico en el lote 71 de Yerbal Viejo. Su hijo Egon, recordaba la llegada y el ranchito de varillas de pindó que le cedió el vecino Constantín, luego se trasladaron al galpón grande en que levantaron su casa. El trabajo era duro pero no por ello se olvidaban las diversiones. Si el “morocho del abasto” hacia roncha en Buenos Aires era cuestión de poner una vitrola y acompañar al tango con una guitarra.
El nombre de Leo va a estar en 1926 integrando la primera Comisión Vecinal de Yerbal Viejo, también la segunda e integra la primera Comisión de Fomento, cuando la fundación en 1928 y 1933 es presidente de la tercera Comisión de Fomento. Levanto un aserradero y una olería (fabrica de ladrillos) pero, practico el deporte y se brindo a la comunidad, aunque en este punto las mentas se la lleva doña Marta, verdadera anfitriona en la Sociedad Suiza de Villa Lutz (Km.8), lugar donde recalaba todo visitante deseoso de atención en este páramo verde.
“No voy a pretender que los de antes éramos mejores que los de hoy, pero sin duda, así como eran otros tiempos, así era el temple de hombres y mujeres, así el valor de la palabra empeñada, la amistad, la honestidad, así era el espíritu de esta unión de vecinos. Si volvería a nacer creo que sin dudar volvería a elegir esa época dura de lucha, de sencillas distracciones (mate, luna, chipa, baile una vez al año, lecturas, amor al hogar) y sobre todo algo que esta faltando mucho hoy: optimismo”. Lo dijo doña Marta y la frase la muestra en toda su grandeza espiritual a esta luchadora. (La mujer en la colonización- Pregón Misionero. Edición Cincuentenario- 1978).
Mas adelante y siguiendo a su hermano, llegó Basilio Lutz, tan emprendedor como Leo, su nombre se vincula en la etapa en que Oberá va pasando a ser ciudad. Participo activamente en el desarrollo del pueblo y fue un hombre decidido y equilibrado en el juicio, y consejos que sirvieron no solamente para sus connacionales sino para todos los vecinos.
En tiempos del Cincuentenario de Oberá su figura fue buscada insistentemente como uno de los prototipos de hombre honesto y de bien que supo forjar un destino y una familia para sí, y un colaborador en el progreso del pueblo.
Junto a su sobrino Egon, formó parte de la Comisión de Estudios Históricos y fue asiduo colaborador de Pregón Misionero.
Otros suizos que llegaron a Yerbal Viejo entre 1924 y 1926 fueron Ernesto Bosch, Emilio Trondle, Pablo Antille, Jacobo Frei y Arturo Marchand.

Colectividad Ucraniana
“También llegaron a la zona inmigrantes ucranianos. Don Emiliano Mielnik recuerda su llegada: “ el 17 de abril de 1926 pisamos por primera vez el suelo argentino… Nos hablaron bien de Misiones, que la tierra era linda y que el clima era bastante calido. Nosotros que ya mas que bien estábamos cansados del frío, nos entusiasmamos con la idea de ir a una zona calida. Cuando pagamos en pasaje a la Argentina por barco, pagamos incluido a cualquier punto del país que quisiéramos, y de esto se hacia cargo el país que nos recibía. Lo más notable es que en la oficina de inmigración de Buenos Aires no nos dejaban venir a la provincia de Misiones porque se hablaba de una selva inhóspita y poblada de indígenas, ignorándose su grado de civilidad.
Nos reunimos siete familias en Buenos Aires y con los escasos recursos que contábamos decidimos pagar el viaje hasta la provincia a uno de los inmigrantes, en este caso mi padre de apellido Unizony, quien se encargó de solicitar a la oficina de inmigración las familias que habían quedado en Buenos Aires a la espera. Así es entonces que en tren partimos con destino a Posadas. Entre las familias que veníamos puedo recordar ahora a la familia Boshik, Jaguasheschtka (dos familias), Chabán, Denosio, Bleb, Semeñuk, entre otros.” (Oberá Aporte para su Historia: Amable-Laudelino)

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Categorías: Columnas de Opinión

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