…decía aquella canción del ayer, palabras más palabras menos, que pareciera que enlazamos irritados ante la pérdida de libertades cuando nos fijan horarios, lugares y limitaciones para entrar y/o salir de nuestra casa, atendiendo edades, situaciones de riesgo, y, en fin, todo aquello que nos puede acercar a la posibilidad de contagios según el criterio de los infectólogos que hacen suyo los gobernantes a los que asesoran, y pareciera que una gran parte de la población, y con mayúscula, se vuelve “niño caprichoso” desesperado porque le “abran el portón para ir a jugar” encontrándolo cerrado lo que impide que por la pandemia podamos “retozar a nuestras anchas”, en todo ese quehacer sustancioso de la vida que significa por cierto el poder convivir con nuestros semejantes en una u otra actividad y reunirnos en sociedad familiar, pública o privada que ofrezcan mayores objetivos de contagio  y al no lograrlo pretenden hacer frente al impacto emocional que corre parejo a una escala de valores, los más para unos, los menos para otros, pero que, en definitiva, ello provoca en la población y es lógico que se produzca ante una calamidad que nos sigue acompañando sin ir preanunciando retirada y desgastando nuestras reservas anímicas, lo que, como suele suceder en casos de calamidades públicas de envergadura que unos, los más, cumplen mansamente con los contenidos sanitarios impuestos, no por capricho, si para evitarnos el contagio que nos puede costar la vida y los menos pero “con voz” que los multiplican y que aparecen como los “rebeldes” a enredar pandemia con política y política con pandemia con miras a 2021.  Y que utilizan estas “encerradas”, algo completamente fuera de lugar, algo  reñido en su totalidad ante semejante desgracia que venimos viviendo hace meses ya y que va cobrando más y más vidas argentinas.
Y es entonces cuando comprendemos que tenemos la misión de hacer frente, a los irritados y hasta violentos individualmente  o en grupos haciendo honor a esa hermosa palabra que usan en contraposición con la cuarentena o cualquier aislamiento ante el  virus que nos acosa: libertad personal que suena a verde ante la pandemia pero a rojo cuando, como en estos casos sin que comprendamos a fondo por qué nos enojamos cuando, íntimamente, reconocemos que lo que se pretende es evitar que pasemos a figurar en la lista de los contagiados o a cerrar nuestro periplo de vida falleciendo por la cruel pandemia que azota al mundo y que no solamente nos deja fuera del ruedo sino que provoca pesado dolor familiar, amistoso, conmociona a las familias y a la sociedad toda y puede suceder que nada pueda suceder, pero basta con leer la cantidad de contagiados y muertos por día y, por otra parte los variados países que proceden a la  devolución de ciertas libertades como se produjeron rebrotes y sigue y sigue sin comprenderse como nació, se crió y llego el virus provocando tanta desolación y muerte y mucho menos aún se sabe cuándo se retirará.
Ante tal panorama y en primer lugar, en pediríamos un alto en la labor diaria en plena pandemia para aplaudir y con fuerza, como se viene haciendo, al cuerpo sanitario nacional su totalidad por la abnegada labor que realizan a riesgo de vida.
Cerraríamos esta nota con aquellas sabias palabras que parecieran querer amparar tanto desquicio con un tranquilizante  utilizado en la jerga popular para ilustrar la misión que realizan aquellos que se erigen tanto en el periodismo, como en la vida política como sensores virulentos de la gente que democráticamente llegó al gobierno tras elecciones limpias haciendo posible nuestra vida institucional como país: “palos porque bogas, palo porque no bogas”.
Comprendemos la desesperación, la soledad y el escepticismo de la gente aislada pero lo que está en juego que es nuestras vidas y las de nuestros semejantes y ello nos obliga moralmente a actuar con raciocinio e inteligencia.
Actuemos como gente involucrada en una verdadera tragedia como lo es la pandemia que se ha instalado en nuestros lares y en el mundo. Dejemos las actitudes de niños caprichosos esperando que se abra el portón  para salir a jugar ¿a jugar?
¿A que estamos jugando?

Vivir la Primavera
Cierto es que este siglo XXI ha venido cargado de Improntas que nos colocan en la pantalla de la vida como juguetes al viento que sopla, hoy desde allá, mañana desde acá, y que nos hace vestir de invierno en ese hoy y de verano en ese mañana pero no deja de ser cierto que para los que amamos la decoración que nos alcanza la primavera y que ya se advierte en nuestros parques y/o jardines y ¿porque no? aunque fuere en el balcón de algún piso alto y que con sus verdes, sus flores y sus frutos nos halaga la vista y nos multiplica las ganas de contarlo, cantarlo o elogiarlo como un reconstituyente vital energético que aflora veleidades que no habíamos tenido en cuenta en nuestra psiquis geográfico anatómica  y que nos inspira pero, por sobre todo, nos privilegia sentados como estamos ahora observando detalles entre meditaciones van y vienen, ofreciéndonos diferentes tonos de verde, en el mesarse las ramas de los árboles y arbustos, en mostrarnos hasta en el rinconcito una rosita que pareciera querer esconderse de las otras grandes en tamaño y colorido, en fin de esa multitud de plantas de todo orden que se muestran en compañía de orquídeas que ya están floreciendo, helechos culandrillo de arroyo, en fin una vastedad de verdes de distinto tono.
En fin una policromía de los mil colores y alguno que otro fruto que se ha atrevido a aparecer en medio de las plantas y arbolitos como el caso del mamón tipo brasilero (eso creemos) que estamos mirando, en fin que todo ello se reduce en afán de síntesis a una palabra: ¡primavera! Palabra que aún sin proponérnoslo reconforta y ayuda a seguir el día apoyados y acariciados por ese rumor de hojas que sirven de portavoz para destacar la policromía a nuestros pies.
¿El porqué de esta nota que para muchos puede resultar intrascendente’, y bien hemos creído que con ella que junto a tanta penuria como está resultando convivir con el virus, hay oportunidades múltiples que se nos ofrecen para hacer de un aislamiento forzado un bastión donde instalarnos e ir creando un nuevo mundo que si bien antes se nos ofrecía no lo tomábamos en cuenta por nuestro trajinar fuera de casa y así como lo que pintamos de este cuadro hogareño, todos tenemos posibilidad de convivir con ese otro mundo que podemos disfrutar y que está y estaba junto a nosotros que privilegiábamos lo de afuera sin atenderlo ¡y vaya que habría que hacerlo!

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Categorías: Columnas de Opinión

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