En el mes de los estudiantes, de los maestros, de los profesores y de los psicopedagogos sobre qué escribir? Y si, obviamente que me tienta compartir algunas reflexiones sobre el aprendizaje.

Si nos hicieran la pregunta ¿qué aprendizajes son los que más valoras y por qué? ¿Qué responderíamos? ¿Cuáles serán los aprendizajes más valorados? ¿Y los más difíciles, aquellos que cuestan asimilarse, que exigen procesos de conflictos fuertes con lo que sabemos, y que implican deconstruir para volver a construir? ¿Qué aprendizajes valora la sociedad del siglo XXI y por qué? ¿En qué etapa de la vida sentimos que aprendemos más y mejor y por qué? Podremos seguramente referirnos a una larga lista de aprendizajes ya realizados, pero sabemos que esa lista es más larga aún por todo lo que falta nos aprender, y siempre nos quedará el gustito a poco.

Invito a los lectores a responder a la encuesta que creé a partir de este artículo. Accedan a este link para participar: https://forms.gle/T625s96pgzkc2GtX8

 

¿A qué velocidad marcha el conocimiento?

Repetidas veces escuchamos decir que vivimos la era del conocimiento y del aprendizaje, que la velocidad y el bagaje de conocimientos se incrementa a pasos agigantados. Se calculó que si todo el conocimiento acumulado hasta el año uno de nuestra era fuera igual a una unidad de conocimiento, la humanidad tardó 1500 años o hasta el siglo 16 para duplicar esa unidad. La siguiente duplicación del conocimiento, de dos a cuatro unidades, tomó sólo 250 años o hasta el año 1750. 150 años después, para el año 1900, el conocimiento se había duplicado nuevamente, a ocho unidades. La velocidad en que el conocimiento se duplica se está acelerando día tras día. Se calcula que la velocidad de duplicación es ahora de 1 a 2 años. Richard Buckminster Fuller es un arquitecto, inventor y escritor estadounidense que desarrolló la llamada Knowledge Doubling Curve (curva de duplicación del conocimiento), que ilustra gráficamente cómo el conocimiento de la humanidad se está duplicando a un ritmo increíble. En 1900, la humanidad duplicaba todo su saber cada 100 años; en 1945, cada 25 años, en 1975, cada 12 años, actualmente se calcula que esa tasa no supera los 2 años. En unos pocos años, cuando haya avanzado un poco más lo que se conoce como “Internet de las cosas”, el mundo duplicará toda la información que posee cada 11 horas.

Entonces, a esta velocidad de generación de conocimiento ¿cómo nos sentimos como aprendices? Allá por el año 1999 Juan Ignacio Pozo Municio escribió “en nuestra sociedad no sólo está cambiando lo que se aprende, sino también la forma en que se aprende, pues han surgido otras demandas de aprendizaje (sobre todo las relacionadas con las nuevas tecnologías), que son continuas, variadas y complejas; exigen diferentes estrategias de aprendizaje; y afectan tanto a los aprendices como a los maestros[1]. Cambios de contenidos de aprendizaje y de modos de aprender, los que interpelan no solamente a las instituciones sociales dedicadas a enseñar y acreditar conocimientos, sino a toda la sociedad.

Más datos, y no todos son tan malos: más alfabetización y más educación superior

Si bien sabemos que el aprendizaje no solamente acontece en el sistema educativo (de hecho estamos viviendo una cambio de época sustancial en el que entre otras cosas, se cuestiona la preponderancia de la escuela como promotora de conocimientos significativos), vale la pena repasar algunos datos. La ONU proclamó el 24 de enero como el Día Internacional de la Educación por el papel que desempeña en la paz y el desarrollo de las naciones del mundo. La educación es catalogada por este organismo como un recurso renovable de la humanidad que reafirma su papel de la educación como derecho humano fundamental. Asimismo, la UNESCO, como organismo de las Naciones Unidas, tiene la misión de liderar el componente educativo de la Agenda 2030.

A pesar de los desafíos que plantea la ONU, como que 262 millones de niños y jóvenes siguen sin estar escolarizados y que 617 millones de menores no pueden leer, el mundo ha tenido avances en este tema. Tomo dos datos que muestran los dos extremos de la línea de aprendizaje en los sistemas educativos mundiales: la alfabetización y la educación superior.

En general, el mundo está cada vez más alfabetizado, y aquí algunos datos:

  • Actualmente, 86%de las personas mayores de 15 años en el mundo pueden leer y escribir.  En jóvenes la cifra llega al 91%. Si bien solo el 12% de la población mundial sabía leer y escribir en 1820, hoy la proporción se ha invertido: solo el 14% de la población mundial, en 2016, seguía siendo analfabeta. Durante los últimos 65 años, la tasa mundial de alfabetización aumentó un 4% cada 5 años, del 42% en 1960 al 86% en 2015[2].
  • En los últimos 65 años, la tasa mundial de alfabetización aumentó un 4% cada 5 años, del 42% en 1960 al 86% en 2015. La tasa de alfabetización en adultos en América Latina y el Caribe alcanza el 94% y en jóvenes es del 98%. Desde 1990 a 2016, América Latina y el Caribe registró un importante progreso en la alfabetización de adultos. Pasó de tener una tasa de alfabetización del 85% al 94% en 26 años, según el Instituto de Estadísticas de la Unesco[3].
  • Las tasas globales de alfabetización y asistencia escolar son superiores al 80%, y la desigualdad entre las regiones del mundo, aunque todavía existe, es mucho menor. Las tasas de alfabetización crecieron de manera constante pero bastante lenta hasta principios del siglo XX. Y la tasa de crecimiento realmente subió después de mediados del siglo XX, cuando la expansión de la educación básica se convirtió en una prioridad mundial.

 

Con respecto a la educación superior, si bien falta mucho por recorrer, especialmente en los países de América Latina y El Caribe, ésta es cada vez más igualitaria:

  • En América Latina y el Caribe hay 20 millones de estudiantes de educación superior.
  • El BM estima que hoy hay 3 millones más de estudiantes de sectores pobres matriculados en la educación superior que en el año 2000.
  • De acuerdo con datos de UNICEF Las tasas de alfabetización juvenil han mejorado del 83% al 91% en dos décadas.
  • Según un informe publicado en mayo de 2019 en Upskilled[4] se proyectaba que el mercado mundial de la educación en línea tendrá un valor de $ 325 mil millones en 2025, y que Los cursos en línea representan $ 46 mil millones del mercado general de aprendizaje electrónico. Claramente estas previsiones no tenían en cuenta que unos meses después una pandemia estaría azotando el planeta, y la educación en línea sería la niña bonita del momento.

 

Otro dato para sumar al complejo análisis se refiere a la proyección de las necesidades del mundo del trabajo. El Foro Económico Mundial (WEF), predice que los puestos que tendrían una demanda creciente en los próximos años serán aquellos ligados al sector STEM, tales como analistas de datos, científicos, desarrolladores de software y aplicaciones, y también aquellos en que las habilidades “humanas” como la creatividad, la originalidad, el pensamiento crítico, la persuasión y la negociación sean de gran valor. Adicionalmente, según el WEF en 2030 el 65% de los niños y jóvenes que hoy cursan la educación primaria trabajarán en profesiones que aún no existen. Así de dinámico es el mundo en que vivimos!

En su libro La Edad de las Máquinas Espirituales escrito en la última década del siglo pasado, Ray Kurzweil se refiere a los cambios de paradigma, es decir a los profundos cambios de mentalidad de la época, de los valores que forman una visión particular de la realidad en turno. Para Kurzweil, hasta el año mil de nuestra era los cambios de paradigmas tardaron miles de años. A partir del año mil se requirieron 100 años para cada cambio de paradigma. En el siglo 19 hubo más cambios de paradigmas que en los 900 años previos y en los primeros 20 años del siglo 20 hubo más cambios que en todo el siglo 19. Kurzweil calcula que durante el siglo 20 hubo cambios de paradigmas cada 10 años en promedio y que en el 21, el cambio será mil veces más acelerado que en el siglo anterior.

Por lo tanto podemos afirmar sin temor a equivocarnos que vivimos una época de cambios de paradigmas en donde la variante es la velocidad y la profundidad del cambio.

Entonces cabe la pregunta ¿cuál es la función de las instituciones de enseñanza en una sociedad que aprende tan rápido? Antiguamente la respuesta era sencilla: la escuela era el lugar exclusivo del conocimiento. En la actualidad, estos lugares están por todas partes y están abiertos en todo momento. Wikipedia, Youtube, los podcasts, sin ignorar los cursos de formación en línea de todo tipo, representan una oferta abundante para el que quiera aprender algo.

 

Aprendiz en soledad o la colaboración como clave del éxito

En este contexto, en el que podemos sentirnos ir siempre detrás de todo, los expertos coinciden en afirmar que la clave del éxito de los aprendices está en la colaboración. En la Sociedad del Conocimiento es importante tanto la producción del conocimiento como su socialización: “la socialización permite que el conocimiento pueda evolucionar mediante un proceso colectivo en el que se recogen las aportaciones de mucha gente. Por lo tanto, si el conocimiento se crea colectivamente, debe considerarse un procomún, un bien compartido[5].

Como dato curioso, las primeras ediciones de la enciclopedia Británica se realizó con el trabajo de solamente dos científicos, este dato puede sorprender si lo comparamos con el hecho de que en la actualidad se necesitan más de mil expertos para poder hacerla.

Hasta no hace mucho tiempo, las representaciones sociales acerca del fracaso en los aprendizajes (sobre todo en los escolares) se atribuían al aprendiz. Pero es tiempo de repensar esta idea. La pandemia por el COVID-19 puso al mundo patas para arriba, y si como aprendices no tomamos esta circunstancia para aprender, es que realmente no hemos comprendido el mundo que vivimos.

El Papa Francisco nos invita a pensar que recibimos este mundo como herencia de generaciones pasadas, pero también como préstamo de generaciones futuras, ¡a las que debemos devolverlo! Esta visión nos permite sentirnos parte de un proyecto colectivo, en el que como aprendices debemos mantenernos alertas a no cometer los errores que ya sabemos que nos llevan al fracaso, y a desafiarnos a aprender, sobre todo a ser mejores personas día a día.

Pozo Municio ya expresaba a fines del siglo pasado la importancia de ayudar a los maestros a estructurar mejor y más eficazmente las situaciones de aprendizaje, pero también colaborar para que los aprendices conozcan mejor en que consiste la tarea de aprender. Desde el inicio de este año todos hemos asumido el oficio de aprendices, y nos vimos obligados a reinventarnos como padres, como educadores, como empresarios, como trabajadores, como profesionales, como funcionarios políticos. En todos los órdenes de la vida… A algunos la crisis los encontró más preparados que a otros. Pero sin lugar a dudas que quienes han tomado en serio el oficio, tuvieron la oportunidad de comprobar que aprender a aprender, es más que una simple frase o eslogan.

Ya señalé en otros artículos, la próxima tarea que tiene la escuela por delante, repensándose en todo sentido. Ahora en estas reflexiones la invitación es a todos, en tanto responsables de lo que a cada uno le corresponde. Ante la velocidad casi abrumadora de generación y divulgación de conocimientos seríamos desconsiderados pensar que los maestros y profesores en 4 o 6 horas de trabajo en las escuelas deben asumir en soledad la tarea de enseñar a las nuevas generaciones a estar preparadas para el futuro (que no es tan lejano, sino que está a la vuelta de la esquina).

Por ello me animo a afirmar que la clave para encontrar verdaderas mejoras en los problemas que tenemos como humanidad: pobreza, violencia, desescolarización, falta de empleo, por señalar solo algunos, está en dejar de lado las vanidades y orgullos, y entender que nos necesitamos todos. A nivel macro los líderes mundiales aún no han dado señales claras en este sentido. ¿Y a nivel micro, como decimos en lenguaje coloquial… y por casa cómo andamos?

Volviendo a las preguntas iniciales si me piden que señale qué aprendí, la lista es larga, pero no dudo en reconocer que aprendí que la soberbia no es buena consejera; que la vida es un regalo que hay cuidar, porque toda vida vale; que las crisis sacan lo mejor (y lo peor) de las personas; que como dijo la Madre Teresa “a veces sentimos que lo que hacemos es tan sólo una gota en el mar; pero el mar sería menos si le faltara una gota».

Por ello mi homenaje a los padres, abuelos, tíos, y fundamentalmente a los maestros, profesores, psicólogos y psicopedagogos, que diariamente asumen el desafío de acompañar a niños y jóvenes en este camino de la vida y de aprendizajes. Gracias por ayudarnos en el oficio de aprender siempre.

¡¡¡Feliz día aprendices!!!

Mgtr. Ivonne S.M. Aquino

Nota al pie

Invito nuevamente a los lectores a participar de la encuesta ¿Qué tan buen aprendiz me considero? Lo que aprendí y lo que me falta aprender a la que acceden a través de este link: https://forms.gle/T625s96pgzkc2GtX8. Muchas gracias!

[1] Pozo Municio, Ignacio (1996, 1998). Madrid: Alianza Editorial

[2] Fuente: Our World in Data https://ourworldindata.org/literacy (consultado el 10 de septiembre de 2020)

[3] Fuente: BBC https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-45453102 (consultado el 10 de septiembre de 2020)

[4] https://www.upskilled.edu.au/skillstalk/education-statistics-around-the-globe (consultado el 13 de septiembre de 2020)

[5] José Juan Hernández Cabrera, coordinador de la Oficina de Software Libre de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

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Categorías: Columnas de Opinión

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