Hasta para escribir, esta pandemia nos limita, eso pensaba como periodista y ciudadano, y ¿por qué no? como historiador- investigador obereño que de tanto “pregonar” por ese canal cultural nos mantuvo ya van 54 años en esta columna siempre abierta ya más de mil veces, en la que más de la cuenta, nuestros lectores y avisadores lo saben, hemos luchado a brazo partido por el surgimiento, despegue y  arraigo de las instituciones obereñas en este paraíso misionero, cuando consideramos que hacía falta y/o cuando las grandes crisis nacionales de todo tipo por las que solemos brindar en este jalonamiento de defensa del orden constitucional que, en definitiva, es el andamiaje que entendemos como la clave de los éxitos, pero luego de un meditación -esa actitud que nos permite el aislamiento necesario para escribir columnas y columnas- nos disponíamos ya a continuar por esta avenida conocida hasta que nos acordamos que, pandemia mediante, cuarentena mediante, aislamiento… el ayer, ese ayer que nos dictaba la urgencia de la urgente necesidad de abarcar más y más en nuestras vidas y hasta sin conocer siquiera como, cuando y donde y en que puerto recalaríamos hoy, evidentemente, se está diluyendo, en favor de otro tipo de convivencia política que, para los que peinamos canas nos puede producir una fuerte erupción de rechazo o, simplemente una espera –en oscuridad- de la nueva luz que pueda surgir, convivencia que se está pretendiendo sostener en el orden nacional, no, ¡que decimos! Se está pretendiendo acrisolar en el corazón neurálgico del país central, que como lo sostuvimos en una nota anterior nos retrotrae al surgimiento allá cuando se amasaba el barro para soldar la ciudad del Puerto con los todavía pueblos y poblaciones con pretensión provincial, y darnos como se hizo independencia y rótulo de país que fue el histórico Congreso de Tucumán que legisló sobre el país del puerto, sus perimetrales y extendió su extensión hacia el norte y hacia el sur y el Congreso de Artigas que incluía a los pueblos de nuestro litoral que levantó fuerte reclamo republicano y federal, y que si bien se vio frustrado, abrió con fuerza el sendero que en definitiva obligó a los del Puerto a integrar todos los pueblos del que fuera el virreinato que así lo deseaban y que quedaron soldados al Puerto de Buenos Aires, pueblos que los lugareños con sus caudillos al frente bregaron para que se tomara en cuenta su parcialidad geográfica que fue hecha provincia o territorio nacional, los que por tiempo vivieron un unitarismo alardeado de federal y que debieron enfrentar guerras y guerrillas hasta que por fin pudieron acercarse con sus pergaminos y necesidades al surgente país federal.
País republicano y federal que con sangre latina impulsó una democracia que se fue acartonando de a poco y que pretendió más pronto que tarde transformarse en una carrera poco piadosa para aceptar las reglas de juego político en su afán por defenestrar a su adversario triunfador ocasional y colaborar con él para afianzar lo nacional en un mundo en el que “mirar hacia afuera” debiera hacer olvidar diferencias abismales entre, por ejemplo, un norte europeo y un sur latinoamericano lo que es decir querer acercar aquella experiencia milenaria con la nuestra, bicentenaria, a lo que debemos agregar aquello que dijo el poeta “cada comarca en la tierra tiene un rasgo prominente…” en definitiva, que nuestra idiosincrasia nos hace así como somos sin ambicionar oropeles indebidos ni planteos egoístas, teniendo en cuenta que si pretendemos “patear” el tablero gubernamental de turno nos estamos tirando una piedra política que nos puede caer en la cabeza.
Debemos aceptar que los partidos políticos son adversarios ocasionales y no rivales, si queremos vivir como en el primer mundo algún día, es bueno que nos demos cuenta que el nuestro es un país rico en gente, en posibilidades de todo orden y de un cierto prestigio internacional que nos guste o no aceptarlo, aflora cuando desde el mundo nos allanan el camino como para que podamos hacer frente a graves compromisos contraídos y que tenemos la voluntad de pagar.
Sí, nos faltaría agregar que somos partidarios de la obtención de consenso y de una línea de conducta política en que partidarios de una y otra ideología sean personas que trabajen en consonancia cuando la necesidad lo exige, y que se tome en cuenta que en unidad de esfuerzos cada turno electoral contará con mayores posibilidades de construir en lugar de tener que reconstruir lo destruido.
Que el mundo político argentino -enclavado en el país central- considere que su accionar y la información que se brinda no debe ser un compendio de resentimientos producto de una frustración política y que en política, como en la vida, las actitudes que se asumen pueden resultar un aval para una frustración en el mañana.

El mástil histórico
Desde su fundación (17/8/40) el mástil emplazado en la Avenida Sarmiento mantuvo orgullosamente enarbolada la bandera para presidir todas las festividades. La erección del mástil fue obra de los vecinos más caracterizados de la época.
Cuando se colocó la piedra fundamental se introdujo un acta y varios objetos destinados a perdurar allí, y luego se levantaron los cimientos, que contienen treinta metros cúbicos de piedra y porland. En uno de los discursos alguien dijo: «Este mástil será un lazo eterno que unirá estrechamente con la patria de Belgrano a toda esa falange de luchadores que alberga este suelo». La comisión que auspició su erección puso una placa que decía: «Bandera azul y blanca: presidirá siempre la marcha de tu pueblo…»
Un domingo a la tarde, mientras flameaba despreocupada la bandera, otro caracterizado vecino, famoso porque afirmaba que tenía poderes proféticos, venía manejando su automóvil 1930 y se le ocurrió doblar en la esquina de Sarmiento y de Santa Fe. Era tan distraído que fue a pegar con su nariz contra el monumento. Cuando pudo reponerse, don Carlos con gesto ampuloso y solemne se dirigió a la multitud de curiosos que se accidente había congregado, diciéndoles: -¡Vean un poco lo que han colocado aquí! Algún día vendrán gentes que saquen esta porquería del medio de la calle!-.
Pasaron muchos años hasta que en 1966 el gobierno municipal, en su plan de embellecimiento de la ciudad, ordenó desplazar el mástil del lugar. En el fondo quedaron el acta, una moneda, dos ejemplares de los periódicos de la fecha y los anhelos de los primeros pobladores.

Se inaugura el Mástil  de Sarmiento y Santa Fe
El 17 de agosto de 1940- día del Libertador General San Martín- se inauguró el Mástil (Sarmiento y Santa Fé), «costeado por suscripción pública», con la presencia de las autoridades del Territorio y el Batallón 9 de Infantería.
«La calle Sarmiento se encontraba engalanada con banderas nacionales y atestada de público, ofreciendo un hermoso espectáculo que llenó de emoción, cuando nuestros soldados  entraban a la población, haciendo oir las marchas militares ejecutadas por la Banda del Regimientio. El pueblo los saludó con prolongadas ovaciones y ellos retribuyendo ese sencillo homenaje recorriendo todas nuestras calles recibieron el caluroso saludo del pueblo que arrojaba  flores al paso de los soldados»
En el acto,  el primero de estas proporciones en el pujante pueblo, «se vió una escuadrilla de aviones caza del Ejército sobrevolando el Mástil en perfecta formación.luego fueron perdiendo altura para cruzar en el lugar de la concentración a escasos metros. Fue un instante de verdadera e intensa emoción que electrizó al público que contemplaba la hermosa Bandera de Belgrano, inmaculada y generosa como él la creara».
La oratoria estuvo a cargo del presidente de la comisión Pro-Mástil Juan Areco, del presidente de la Comisión de Fomento Eligio Aquino, del representante de la Asociación del Magisterio, Erasmo Gómez y del representante de la Junta de Estudios Históricos de Misiones, Julio César Sánchez, institución que donó la placa con la efigie del Gral. San Martín que fuera descubierta por el Gobernador del territorio Cirilo Romaña.

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Categorías: Columnas de Opinión

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