“… ¿Esto siempre fue así? (refiriéndose a la política nacional) que nos realizaran… ¿así? ¿cómo? ¡ah! y muy rápido llegó el recuerdo ¡al archivo!
Escuchábamos en juventud aquello de “si quieres vivir felices, no analices, no analices”, puede que el “castizo” se nos haya corrido un poquito, pero letra más,  letra menos, la figura está hecha. No sabemos a ciencia cierta si quienes optaron por seguirla les resultó el experimento una panacea o una anatema.
De todos modos la frase está enquistada en todo tiempo político y… ¿para qué memorarla? Sin embargo ya lo hemos hecho y debemos atenernos a tales circunstancias. Por otra parte el inquieto curioso que celosamente guardamos en nuestro interior no nos deja tranquilos y especula ¿él o nosotros?… Sí, claro, podemos ponerla bajo siete llaves, pero es seguro que tu acostumbramiento social chocaría de buenas a primeras contra una actitud, una palabra, un quiebre, un imprevisto que te saque de las casillas. De nada vale que resoplemos, hagamos muecas, tamborillemos los dedos ya que la cantinela continúa sin compasión; porque ¿viste? (¿Sigue él o seguimos nosotros?) la gente está nerviosa –esto es ya una constante- y, en tal estado, proclive al choque, al aislamiento, al inconformismo y… hasta a la violencia.
Ante ese ríspido estado de ánimo, está enseñoreado el mal humor no susurrando, si, más bien, rugiendo interiormente por un  cambio ¿lo de ayer a hoy? ¿ lo de hoy a  ayer?
La sintética respuesta se nos apareció, como el atropello al idioma vía celulares… poco relevante. Decidimos cerrar el monólogo/diálogo y siendo como somos, uno más entre los seres pensantes, bajamos el telón a la escena del pensamiento concurrente para reflotarlo en la intimidad y, desde allí, cavilamos sobre las posibles causas del malhumor. Recurriendo al almanaque apuntamos noviembre (estamos reproduciendo una nota del 2014) y la necesidad de cerrar lo planificado que aún nos está quedando pendiente, quizás por el perfeccionismo que nos desborda, quizás por el sentido de la responsabilidad, quizás porque no hicimos caso a aquello de “no dejes para mañana…” quizás porque en lugar del optimismo dimos lugar al  pesimismo que nos coartó el ánimo.
Desde allí saltamos a otro renglón nada despreciable en esto de buscar causas, renglón que mueve montañas que, como volcanes en erupción, arrojan lava a diestra y siniestra en este mundo materialista que nos estuvimos forjando desde el vamos en el que el pobre y desvalido peso ($) se puso colorado ante la tutoría del opulento dólar  provocando una crisis –unas más- que no es original, sino repetida en nuestra geografía sur  y que obliga a remar hasta contra la corriente como para poder supervivir con decoro y hasta pensar en tostarnos en enero.
Por otra parte aparece nuestra democracia-  castigada siempre por unos y por otros que la quieren utilizar a  su manera- entrando en ebullición ya que el 2015 es un año electoral y en cuanto hace a comicios en democracia, como país, desde 1983, venimos haciendo buena letra, pero cierto es que nuestra raíz latina en lo que hace a lo constitucional nacional pesa y mucho y el proceso pre comicios es tomado con pasión enervando sectores populares, sin  que falten rencillas domésticas  rayanas en el exabrupto.
Y cuando suponíamos que la lista estaba completa se nos presentó otro factor gravitante para que perdamos tiempo en circunstancias ¡y qué circunstancias! el humor, factor ajeno en el que no tenemos arte ni parte y que nos está acostumbrando a la necesidad de recurrir presurosos –con la misma fuerza que antes sucedía con los horóscopos- al estado diario del tiempo: sol, nublados, lluvias y tormentas y si los dos últimos rubros señalados nos acosan, nos ponen alerta roja que en los últimos tiempos inundaciones, granizo, tornados y demás yerbas son moneda corriente en nuestro país y pueden llegar a destruir y arrasar con todo a su paso.
Sí, advertimos la ventaja que tiene el periodista de poder divulgar su pensamiento y hacerlo caminar por las distintas rutas del interés público.” Hasta allí la reproducción de la nota del 2014.
Y bien, vivamos ahora en nuestro tiempo político nacional al que además de los “idus” apuntados le agregamos que a poco de asumir la presidencia, Alberto Fernández, visita el país el virus que hizo escala en nuestra tierra como en casi todas las tierras del mundo, pandemia a la que los gobernantes colocaron como alternativa de: muerte y/o economía y todas las escaramuzas posibles se aparecieron con gran fuerza, opacando la democracia que supimos conseguir; se enquistaron en la alternativa anteriormente apuntada y así el gobierno nacional pasó a ser para los opositores políticos un destructor de la economía, de las libertades etc. etc.
Si bien las medidas de encerramiento fueron, dentro de lo posible, lógicas ante tal desmán viral, contando con la adhesión de las provincias en ese trajinar médico, se multiplicaron las voces por si a río revuelto, ganancia del pescador, trajinar preelectoral tal como lo escribimos en 2014.

General Andrés Guacurarí
Héroe Nacional
También en aquel año la información periodística dio cuenta de que la  Cámara de Diputados de la Nación aprobó el proyecto de ley presentado por la diputada nacional misionera Stella Maris Leverberg declarando héroe nacional al general  Andrés Guacurarí y Artigas, secundada por la senadora misionera, Sandra Gimenez.
En el citado proyecto aprobado, se estipula el 2 de julio de cada año como el “Día de conmemoración y recuerdo de Don Andrés Guacurarí”. La fecha elegida tiene que ver con  la memorable batalla de Apóstoles.
Asimismo se dispone se realicen actividades de divulgación y publicidad de la referida epopeya de Andresito y que se incorpore a la currícula escolar la difusión  y el estudio de los hechos históricos acaecidos en la trayectoria del héroe misionero.
La iniciativa merece reconocimiento y se agrega a la serie de actos de reivindicación realizada desde el gobierno provincial sacando no solo del olvido, sino reparando la negligencia de la historia oficial argentina que prácticamente ha ignorado la existencia del restaurador de nuestro suelo provincial.
Y en tren de divulgación iniciemos estos renglones con  la aparición en el escenario misionero del prócer (*)
*“En 1815, José Gervasio Artigas , jefe de los orientales, quien a partir de 1811 ejercía la autoridad militar sobre los misioneros, designa comandante general de Misiones a Andresito, Cabe  señalar que este cargo lo ubicó como la mayor autoridad militar en la región nordeste argentina.
*Corría el año 1815 y a pesar del decreto dictado por el Director Supremo, Gervasio Antonio de Posadas, por el que se anexaban los pueblos misioneros a la provincia de Corrientes, éstos no se incorporaron a  aquella provincia.
*A pesar de las dificultades, Andresito logró formar un ejército y con  él recuperar los pueblos de Loreto , Santa Ana, San Ignacio Miní, Candelaria y Corpus que estaban bajo el dominio paraguayo, siendo su segundo propósito reconquistar los pueblos orientales de las Misiones que tomara Portugal en 1801. Para ello en  1816 cruza el río con  1000 hombres en territorio misionero de la Banda Oriental del Uruguay  y tras un  triunfo en  Sao Joao Vello lanza una proclama a los siete pueblos misioneros.
*“Andrés Guacurarí y Artigas, Capitán de Blandengues y Comandante General de la Provincia de Misiones por el Supremo Gobierno de la Libertad… “Por tanto, inteligiendo que las mismas o aún mayores razones concurren en mí para liberar los siete pueblos de esta banda que desde hace quince años atrás están en manos del tiránico dominio de los portugueses, que hizo gemir a los infelices indios en la más dura esclavitud”… “…Derramar hasta la última gota de sangre por la liberación”… “Ea, pues, compaisanos míos, levantad el sagrado grito de la libertad, destruid la tiranía, y gustad del deleitable néctar que os ofrezco con  las venas del corazón que lo traigo deshecho por vuestro amor”.
“Es esta la bandera  roja, azul y blanca  a la que siguen los escuadrones misioneros, cuando presentan batalla de liberación. (*) Trozos del libro de mi autoría: “Un lugar llamado Yerbal Viejo”

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Categorías: Columnas de Opinión

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