“Me pegó a mí, le pegó a mi hija discapacitada, cuando tenía un año y ocho meses, y todavía me sigue amenazando. En octubre del año pasado le hice una denuncia y pedí una perimetral, pero me dijeron que se olvidaron. Para colmo, vive a una cuadra de mi casa y cuando voy a tomar el colectivo o a comprar algo, me tengo que aguantar que pare con el auto y me haga señas o me amenace. Incluso, hace como que me va a atropellar”, alertó Marina Insermini, conocida profesora de danzas de la ciudad de Oberá.
la mujer apuntó hacia su ex pareja y padre de su hija de cinco años, un cabo primero de Gendarmería Nacional Argentina (GNA) que presta servicios en el ámbito del Escuadrón 9.
En tanto, en los últimos días Insermini debía comparecer ante el Juzgado de Instrucción Dos por una denuncia previa, para lo cual estaba previsto un careo, aunque el trámite fue postergado. De todas formas, la posibilidad de quedar cara a cara con el sujeto le generó angustia y temor, por lo que reclamó a las autoridades mayor empatía y compromiso con las víctimas de violencia de género.

“Es muy difícil para una persona que sufrió violencia enfrentar al violento. Creo que debe haber un resguardo, porque uno no tiene ganas de sentarse frente a alguien que lo lastimó, más sabiendo que se maneja con tanta impunidad, que es gendarme y porta un arma. No puede existir un sistema tan tirano”, opinó.
En tanto, mencionó que si bien en 2015 radicó la primera denuncia por violencia contra su ex, nunca antes se expuso mediáticamente por pudor y miedo.
Asimismo, dejó en claro que “siempre confié en la Justicia, pero la verdad que cuesta mucho que le crean a la mujer y no quiero llegar a exponer mis heridas para que ahí me tomen en serio”.

Reclamo público
Visiblemente angustiada, Insermini comentó que además de varias denuncias por violencia también radicó una denuncia por incumplimiento de sentencia de alimentos.
En tal sentido, explicó que la obra social no cubre la totalidad del tratamiento médico que requiere su pequeña, por lo que le reclama al progenitor que abone la diferencia, una cuestión que hasta el momento no estaría resuelta.
“Sí paga la cuota alimentaria, pero no la diferencia que me cobra la obra social por las prestaciones. Siempre tuve que pelear por todo: por la cuota alimentaria y para que la ponga en la obra social, y ahora por incumplimiento en la sentencia de alimentos”, argumentó.
Consultada al respecto, reconoció que “al ser una figura pública no quería exponerme y que eso me termine perjudicando en lo laboral. Son cosas que uno piensa porque pesan. Tampoco tuve contención de parte de Gendarmería, cuyas autoridades me dijeron que no se pueden meter en cuestiones familiares. En realidad, pienso que Gendarmería tapa este tipo de situaciones”.
Contó que el último episodio de violencia se dio el año pasado en el hospital Pediátrico de Posadas, circunstancia en que su hija se hallaba internada. Dicha situación la llevó a solicitar que le retiren el arma reglamentaria al sujeto, lo cual no prosperó.
“Fue algo muy feo, estábamos en la sala de espera y me socorrió el personal de seguridad del hospital. Después pedí que analicen las cámaras de seguridad para tener una evidencia tangible, sino las autoridades no te creen. Además, a esta persona le hicieron una pericia psicológica que no salió bien. Por eso me preguntó cómo puede ser que esté manejando un arma”, remarcó.

“Hay un relajo total”
En diálogo con este diario, Marina Insermini reconoció que su ex la denunció por impedimento de contacto, al tiempo que explicitó sus temores hacia el sujeto.
“El juez de familia me dijo que no puedo impedir que el padre vea a la hija, pero como es violento le pedí que sea en presencia de un psicólogo. También me dijo que si quiere llevarla tiene derecho, pero qué pasa si la golpea o abusa de mi hija. La respuesta fue que le pueden hacer pericias cada tres meses, siendo que
un violento puede hacer un desastre en un minuto. Por eso lo único que quiero es prevenir para no tener que llorar después”, detalló.
Por otra parte, remarcó la necesidad de rever el abordaje de la problemática de la violencia, ya que muchas víctimas padecen ante la burocracia del sistema.
“En octubre del año pasado hice una denuncia en la comisaría de la Mujer y pedí una perimetral. Pero el violento pasada y amenazaba, entonces pregunté y me dijeron que la persona que debía elevar el pedido se olvidó. Entonces hay un relajo total. Yo no me siento segura, como tantas mujeres que pasan por lo mismo. Hoy, mi hija y yo estamos desprotegidas”, aseguró.
Incluso, afirmó que “en varias ocasiones me desmayó con una técnica militar porque yo soy bailarina, no tengo cómo defenderme a nivel físico. Por eso mi temor, pero no me escuchan”, lamentó.

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Territoriodigital. Daniel Villamea. Foto: Luciano Ferreyra


Categorías: Noticias Sociedad

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