El 9 de Julio de 2020 se celebra el 204 aniversario de la declaración de la independencia nacional por parte del hoy bicentenario Congreso, cabe mencionar hoy las enormes dificultades que tuvieron que afrontar esos congresales y que llega, escarbando en profundidad, hasta correr el riesgo de vida en la empresa libertadora de aquellos congresales que la expusieron y, por sobre todo, lograron que los lazos enraizados con la corona española no se trasladaran a otros lazos monárquicos que respondieran a otra corona del viejo mundo; por otra parte la presión de los pueblos del litoral, que, liderados por Artigas y cansados de ser ignorados y hasta menospreciados por la gente del Puerto de Buenos Aires, sede del Directorio, fueron uniendo voluntades para cortarse por su cuenta, de tal suerte que la propuesta del caudillo federalista fue cundiendo fuerte desde la Banda Oriental, hacia Entre Ríos, Corrientes y las Misiones en un principio y agregando luego Santa Fe y hasta Córdoba decididos a actuar hasta las últimas consecuencias para consolidar la “Liga de los pueblos libres” a través de congresos regionales, de este  “litoral” del país, propósito que se comenzó a vislumbrar encaminaba en el de Arroyo de la China que contó con un buen número de diputados por Córdoba, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos y las Misiones y actuar en consecuencia.
Por todo ello y mucho más, que sería empresa a determinarlos en futura nota, la empresa de lograr la independencia sin “tutores extranjeros”, (los mismos aspirantes que se insinuaron desde 1810), no fue fácil desde el vamos ya que la propia designación de diputados al congreso que para tal fin se convocara en Tucumán, significaba para muchos ponerse en camino mediante una diligencia a tracción animal y estar prevenidos y atentos ante una emboscada que les podía costar la vida en cualquier etapa de su largo trayecto ¡Casi nada!.
Esto también sucedía con los designados diputados a los congresos convocados por el artiguismo y los riesgos que corrían: “…De los diputados, Larragnaga, que acababa de regresar de la misión a Paysandú, casi sin tiempo material para marchar nuevamente no lo creemos capaz de soportar frío, hambre, pulgas y amenaza de perros cimarrones y sentirse tal “que no había músculo ni hueso en mi cuerpo que no me doliese”  (Ricardo de Titto “Las dos independencias argentinas”)
Volviendo al Congreso de Tucumán, hurgamos al respecto en nuestro archivo, hallamos jugosas páginas de historia argentina en distintos medios gráficos y de entre ellos seleccionamos uno que pasamos a compartir con nuestros lectores, titulado: “Fray Justo Santa María de Oro en Tucumán”, su autor, Guillermo Madero (La Nación, 27 de junio de 1965) del que pasamos a reproducir algunos párrafos muy ilustrativos sobre la gesta de Julio en ese congreso que nos dio lo tan perseguido por el general José de San Martín: independencia y libertad.
“Don Justo Santa María de Oro, hijo de don Miguel de Oro y de doña Elena Albarracín, nació en San Juan en 1782. Desde muy joven se distinguió por su seriedad, su amor al estudio y sus sentimientos religiosos, lo que era habitual en aquella distinguida familia cuyana, donde tantos prelados ilustraron su apellido. Siguiendo la tendencia familiar se orientó hacia la carrera eclesiástica llegando a ser designado Prior de la Recoleta Domínica”
“Viajó a España en 1810 para gestionar ante las autoridades de la Orden la creación de un seminario en San Juan. Estando en  la Madre Patria tuvo noticias de la emancipación declarada el 25 de mayo de aquel año e inmediatamente se embarcó de regreso para prestar su colaboración a los patriotas.”
“Viajó a Chile y en 1814 vuelve a su provincia y en aquellos años borrascosos llenos de problemas institucionales en que aún los patriotas más destacados como San Martín, Belgrano y Rivadavia dudaban sobre la forma de gobierno que debía adoptarse y pensaban en monarquías, fray Justo veía claro y creía que la forma republicana era la única que podía ser aceptada y acatada por los pueblos. Con esta idea fue que aceptó en 1816 su designación como diputado al Congreso de Tucumán juntamente con don Narciso de Laprida, como representantes de la provincia de San Juan.”
“El Congreso de Tucumán fue convocado en un momento de incertidumbre política y social, con el Directorio carente de autoridad, el ejército del Norte derrotado en Sipe Sipe y la Banda Oriental convulsionada y rebelde bajo el dominio de Artigas que había extendido su predominio hasta el litoral argentino. ( Por eso se dispuso convocar un congreso constituyente para tratar de poner orden y se eligió a Tucumán como sede, para alejar toda sospecha de predominio de la capital, que en bien del federalismo convenía evitar y su situación en el centro de aquel inmenso territorio del antiguo virreinato…”
“Cuando, a principios de 1816 fray Justo Santa María de Oro fue designado congresal se encontraba en Mendoza ayudando al general San Martín en el Ejército de los Andes y en sus pláticas el general le insinuaba la necesidad de que el Congreso declarara la total independencia para así poder él cumplir con mejor éxito  la campaña militar en que estaba empeñado y mostrar al mundo su verdadero carácter libertador, porque, de no hacerlo, la campaña parecería un simple alzamiento contra la autoridad de la metrópolis hispana”
“Con estas ideas fray Justo partió para Tucumán siendo el primero en llegar a la sede del Congreso que inició sus sesiones el 26 de marzo siguiente. El Congreso, después de elegir presidente a don Narciso de Laprida, se encontró con una serie de conflictos institucionales que demoraron sus resoluciones y mientras tanto el general San Martín les escribía a sus amigos, los diputados cuyanos Godoy Cruz y Oro, para que cuanto antes decidieran hasta que por fin, en aquel día memorable del 9 de Julio de 1816 fue proclamada por unanimidad y aclamación la total independencia de las provincias unidas del Río de la Plata. Supieron así los congresales afrontar la grave responsabilidad de romper definitivamente los lazos que las unían a la Madre Patria, después de tres siglos de depender de aquella monarquía, y con este paso trascendental tuvieron el honor de poder estampar sus firmas al pie del acta que confirma nuestra nacionalidad.
Además de aquel acto memorable, el Congreso sanciona como emblema y símbolo de nuestra nación a la bandera celeste y blanca que el general Belgrano había izado en los fuertes Libertad e Independencia a orillas del Paraná, pero disponiendo sus colores en tres bandas horizontales, es decir diferenciándola así de la original que se encuentra en la Casa de Gobierno de Jujuy que tiene solo dos bandas con el sol en el medio”.

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Categorías: Columnas de Opinión

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