…de tan larga que resulta esta visita ingrata transformada en pandemia reina del virus que nos acorrala entre cuatro paredes que de tanto verlas y, aunque parezca imposible, se nos han pegado en la retina y así sin darnos cuenta, ahora sí, de la buena o mala pintura de las paredes, las grietas que pudieran tener y hasta consigue que, cansados de ver tantos “canales”, nos escapemos afuera, hasta busquemos nuestro barbijo y pretendamos salir a comprar una nueva pintura pero no falta la voz que altisonante nos hace entrar y cerrar la puerta de salida para recordarnos que hay recorridos establecidos, acompañantes permitidos, números pares e impares según los delata el D.N.I. instrumento imprescindible que el progreso en las relaciones socio políticas nos habilitó, destrozados anímicamente, frustrada nuestra salida, optamos por recorrer el luminoso y bien nutrido parquecito que integra nuestro solar ese  que supimos conseguir. Salimos al patio y nos recibe un enjambre de pájaros mayores y pajaritos que, por estar instalados en los arbustos, esos con ambiciones de árboles, que se muestran todo el año (cierto que en verano la orquesta natural, está a cargo de las cigarras) y nos entretienen con sus gorjeos que, en algunos casos, suenan a chirridos, sin que tal idoneidad tenga en cuenta su tamaño y hasta pareciera que han seguido un curso musical que utilizan como vigilantes del “montecito” ante el ingreso de los patrones del área.
Próximos a lograr nuestro cometido, optamos por recurrir al quincho, acercar un sillón y sentarnos enfrentado al patrimonio forestal desde el cual no solo accedemos a tanta placidez espiritual, sino que también la utilizamos para que nos sirva de aliciente para nuestra meditación, la que nos señala caminos para hoy y para mañana y de alguna manera se las arregla para que no sigamos rumiando angustia, algo muy común, producto de encierros forzados ya que con toda claridad entendemos que lo hacen para cuidarnos de ser víctimas de la pandemia que con su virulencia, se ha extendido en el mundo y ya cuenta con millones de muertes y, en lugar de ello transitemos montados a dos ideas, una, que los gobiernos nuestro y del mundo que nos controlan aquí y allá, bien desearían tener que dejar de hacerlo para que la economía repunte cuanto antes con el esfuerzo de todos y otra, que en el encierro mucho se está aprendiendo a valorar familia, bastante olvidada en los tiempos que corremos, aprender a atender hijos pequeños que en tiempos normales desearían tener a sus padres más en casa, acercar conocimientos, compartir tiempos con los “viejitos” y interactuar generacionalmente, a la vez que, como lo hacíamos afuera, aquí adentro buscamos entretenimientos, conseguimos enseñar y aprender y recordar que “la calle es dura” como una suerte de caja de pandora y que es tiempo que ajustemos cada cuerda de nuestro encordado interior para el exterior, tomándolo y, como una suerte de que, para no hacerlo demasiado duro lo salpicamos con una chispa de humor ajeno resumido en esta cita: “Dijo el gato casero al gato libertino, tu vida compañero es un gran desatino, mientras por los tejados andas tú de pelea yo como mis bocados junto a la chimenea”
Sin embargo y aunque razonáramos positivamente puede que se nos escape el “enano maldito” que puede elegirnos para su provecho, hastiados, sin salidas, sin fútbol y tantos otros “sin”, acorralados por el triunfo del virus en el mundo de lo que estamos informados “al minuto” por la televisión que nos contabiliza muertes y contagios sin dejar de anunciar los datos más cercanos a “lo nuestro” y por sobre todo al menos pretende hacernos soportar la “cuarentena” que se nos aparece como de goma por cómo los gobiernos, asesorados por sus consejeros sanitarios, se ven obligados a adecuarla ante retiradas o mayor regreso del virus y la amenaza de un esperado rebrote y “pico”, a lo que se suma la gruesa suma de contagiados en CABA y Buenos Aires, estrellas en el firmamento político nacional por lo que, además, no se quedan sin jugar las triquiñuelas políticas que pretenden “encontrar la paja en el ojo ajeno ”en función desestabilizadora y en los más porque se cierran los comercios, empresas, se restringen los pagos, y se deterioran los recursos económicos con los que en definitiva se arma toda la estructura en función país soberano, algo que afecta por igual a los argentinos en general con o sin coronita en este país que está luchando por un federalismo a ultranza como lo señala Constitución nacional.
La atención a este fuerte brote en el país aparece correctamente atendida, sin embargo y haciendo caso a aquella famosa frase “palos porque bogas y palos porque no bogas” no se dejan de escuchar voces indignadas, exigentes, irrespetuosas y hasta polémicas que asumiendo roles fuera de lugar y no interesándoles el sentir y proceder de nuestras provincias argentinas pretenden echar al garete tantos sacrificios que hemos venido haciendo en función pueblo empeñados como estamos no solo nosotros, sino todo el mundo en despedir y cuanto antes a tan cruel viajera que nos ha hecho de este 2020 un daño tan grande que quedará grabado en los anales de la historia como una pandemia aterradora por su deterioro en función cuerpo y alma y que ha dejado una luctuosa multitud de personas en este su paso por el mundo.
Seamos pacientes, educados y por sobre todo inteligentes como para no echarnos una piedra sobre la cabeza y en su lugar cumplamos con lo que nos ordenan con el fin de preservar nuestra salud y nuestro paso por este mundo, comprendiendo que estamos en presencia de una pandemia devastadora e imprevisible y ayudemos a quienes nos tiran el salvavidas sin entrar a juzgar otra cosa más importante que no sea nuestra salud y la de los nuestros, comprometida cruelmente por circunstancias ajenas a nuestro entender y saber.

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Categorías: Columnas de Opinión

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