Los grandes sectores del campo siempre se llevaron muy bien con las dictaduras militares y con los gobiernos de derecha, y mal, muy mal, con los gobiernos del centro, socialistas y los llamados populistas. Y no es casual, los terratenientes siempre se beneficiaron en todos los aspectos económicos, legales y laborales con los gobiernos de facto y de derecha. Hoy día siguen siendo el alimento político de los sectores de derecha y fachitos promotores de divisiones entre los argentinos, por creerse superiores y con mayores derechos que los argentinos de menores recursos, es decir, aquellos que menos cargas impositivas tienen por no tener acumuladas riquezas.
No es extraño que hoy ocurra lo mismo, que cuando se trató en su momento el debate por las retenciones a la soja, y hoy la intervención y posible expropiación de una empresa agroexportadora fundida y sospechada de maniobras fraudulentas, y que está siendo investigada por la justicia, luego de obtener un millonario crédito pocos días antes de que dejara el gobierno Mauricio Macri.
La Sociedad Rural Argentina (SRA) es una asociación civil patronal fundada en 1866 que agrupa a grandes propietarios de tierras en la región pampeana. Ha tenido un importante papel político y económico durante gran parte de las tres presidencias históricas, desde los últimos dos años del gobierno de Bartolomé Mitre -la última de las cuales realizó la Conquista del Desierto, que la SRA financió- y en las sucesivas presidencias de la República Conservadora, siendo varios de sus miembros altos funcionarios en diferentes gobiernos; ha mantenido relaciones conflictivas con los arrendatarios y pequeños propietarios rurales enrolados en la Federación Agraria Argentina y con las presidencias de Hipólito Yrigoyen, la dictadura del general Edelmiro Farrell, las presidencias de Juan Domingo Perón, Raúl Alfonsín, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, y buenas relaciones con las dictaduras de los generales José Félix Uriburu, Pedro Eugenio Aramburu, Juan Carlos Onganía, Alejandro Agustín Lanusse y Jorge Rafael Videla, así como con las presidencias de Carlos Saúl Menem y Mauricio Macri.
El sábado 13 de agosto de 1988 los asistentes a la inauguración de la Exposición Rural abuchearon los 10 minutos que duró el discurso del presidente Raúl Alfonsín. El jefe de Estado se vio obligado a replicar el discurso del entonces titular de la SRA, Guillermo Alchouron, quien, entre otras cosas, acusó al gobierno de “confiscar una parte sustancial del ingreso de la producción agropecuaria para cubrir el déficit de la ineficiencia estatal”. Lo que llevó al entonces presidente Alfonsín, a señalar: “Es una actitud fascista no escuchar al orador”.
Tomaron medidas de acción directa contra la Resolución Nº 125/2008, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, que establecía retornar hacia un sistema móvil para las retenciones impositivas a las exportaciones de soja, el trigo y el maíz. La medida patronal se extendió por 129 días, desde el 11 de marzo de 2008 hasta el 18 de julio del mismo año.
Hoy, los mismos actores, con la nueva consigna de que se quieren quedar con sus propiedades, comparando mal y muy mal informados y de manera intencional, con lo ocurrido en Venezuela. Son los mismos dirigentes de la sociedad rural argentina, dirigentes políticos de la derecha y medios de comunicación vinculados y beneficiados por ese esquema económico, sectores a los que muchos no dudan en calificarlos de golpistas, teniendo en cuenta sus comportamientos  históricos en materia política y económica.
Les es más redituable decir que se quieren quedar con una empresa productora y exportadora de granos, que decir que es una empresa que debe más de 1.300 millones de dólares, que está prácticamente quebrada, en concurso de acreedores e investigada por la justicia, no solamente por una administración fraudulenta, sino que, investigada por desvíos de subsidios otorgados por el estado nacional, cuando no podrían haberlos recibido. Esto hace sospechar que se buscan ocultar actos de corrupción y por ello la reacción buscando el apoyo social de los sectores afines al campo, para que actúen en una supuesta defensa de la propiedad privada, ya enajenada pero que sirve para la opereta política. Al expropiar, el estado salva a los dueños de la empresa y estatiza una enorme deuda en dólares que bien podrían haber sido fugados a paraísos fiscales, cuestión que la justicia debería investigar a fondo, no solo a los empresarios, sino que también a los funcionarios involucrados.
Se privatizaron el petróleo, jubilaciones, los trenes, aerolíneas, no solo otorgándoles subsidios nacionales, sino también asegurándoles márgenes de rentabilidad en los abonos fijos contando los montos de inversión, lo demás era ganancia gratuita. Todo ello a favor de los capitales extranjeros con socios nacionales y así nos ha ido. Pero tuvieron la promoción de políticos y de los mismos medios de comunicación que conforman el grupo Clarín.
Algunos analistas observan y señalan que una parte del campo alimenta al pueblo argentino y exporta al mundo, los grandes terratenientes son el alimento político que divide al pueblo argentino, profundizando la grieta que les conviene que exista. Se podrá estar de acuerdo o no, pero la historia casi siempre se repite.

Cambiar un miedo por otro
Siempre hubo intereses económicos, principalmente que la cuarentena en el país no fuera estricta, rigurosa y mucho menos que afectara a la economía. La cuarentena más larga del mundo, se dijo siempre sutilmente y a modo de sugerencia, hasta que se cansaron de la cuarentena y de que las cuentas no cerraban y comenzaron a ser directos. Nos quieren empobrecer a todos, quieren que dependamos de los planes y subsidios de gobierno, quieren que seamos como Venezuela, para expropiar todo.
Se están cerrando los comercios y empresas, la gente está perdiendo el trabajo, la economía tardará años en recuperase, hay nuevos pobres, aumenta la cantidad de indigentes, la gente no puede pagar el alquiler de sus casas y sus deudas. Puede obedecer a una estrategia comunicacional, que cuando menos la percibe el receptor más eficiente es, porque no se da cuenta de la manipulación y la inducción a que piense de determinada manera.
Desde hace varios días atrás el común de la gente repetía algunas frases mediáticas: La Argentina tiene la cuarentena más larga del mundo. A la vez que creían que el virus era un invento para tener a la gente encerrada, o para que mueran los viejos para no pagar las jubilaciones. Justificaban este pensamiento irreductible en que por algo el presidente de los EE.UU. Donald Trump, no solo cuestionó a la Organización Mundial de la Salud (OMS), sino que también le quitó la financiación al organismo mundial. Otros que impusieron el uso de los barbijos, en particular los tapabocas, para que la gente no pueda hablar y expresarse, para taparle la boca. Y varias otras creencias infundadas más.
Si no te cansas, te dan los argumentos y razones por la que debes hartarte, como sobrevivir y soportar durante la cuarentena a tus hijos y pareja. Lo insoportable que es hacer las tareas que mandan las maestras. Aumentan los divorcios, los problemas psicológicos del aislamiento en cuarentena. La cantidad de muertos e infectados, y en un menor espacio, la cantidad de recuperados, la buena información no vende, pero no se la puede obviar. En definitiva, cartilla completa de qué cosas te tienen que deprimir e incomodarte en cuarentena, para darte las recetas para prevenirlas, mitigarlas o superarlas, en fin, hay para todos los gustos y medidas.
Se dice que para tapar algo o para que no se le preste atención y se le reste importancia, diluyéndolo en el tiempo, es saturar con la información, cuanto más información y contradictoria a la gente le cansa, le disgusta, deja de tener interés, incluso el temor, según lo afirmado por varios especialistas en materia de psicología comunicacional y comportamiento social.
No fue casual que los infectólogos y varios científicos hicieran hincapié en las formas de manejar e informar en tiempo de campaña para evitar la desinformación que provoca la sobreinformación.
Teniendo en cuenta que en la Argentina hay varios dirigentes políticos, militantes y adheren tes del pensamiento del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien dio prioridad a la economía y no a la salud, calificando a la pandemia de “gripecita” y hoy cuenta por miles los infectados y muertos por el covid 19, no es extraño que se haya operado en contra de la cuarentena y el aislamiento social. En principio, para que no se resienta la economía, tal cual lo solicitado por el ex presidente Mauricio Macri, y varios de sus funcionarios. Y la otra causa, que mantengan la expectativa de que fracasen y colapsen los sistemas sanitarios y de salud como para provocar el caos social, en salud, y político.

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Categorías: Columnas de Opinión

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