El desarrollo de la política argentina deja la sensación de que sale cotidianamente del guión mediático, que asume el rol de la oposición ante la debilidad de los dirigentes políticos que, ante el fracaso electoral a consecuencia de sus malas gestiones de gobierno, quedan al margen de todas las consideraciones políticas y no pueden plantear una agenda de temas políticos coherentes, por lo que no les queda otra que ceder su rol opositor a los grupos mediáticos aliados, para que estos desarrollen o traten de imponer la agenda de temas a debatir, no en el Congreso, sino mediáticamente.
Desde la aparición y tematización de la pandemia mundial y que ocupa el centro de atención de la política y de la economía mundial, donde el rol del Estado asume un papel preponderante y prioritario no solo en materia de salud, sino también en materia económica, teniendo que decidir entre preservar la salud y la vida de sus habitantes, la débil oposición política se queda sin discurso, y ni hablar de acciones, cuando el resultado de las políticas asumidas por el gobierno terminan dando resultados en favor de la salud y de la vida, solo les queda el camino controvertido del reclamo por los resultados económicos, dado que la mayoría de los países que retrasaron la imposición de las cuarentenas y de distanciamiento social para proteger la economía no solo terminaron padeciendo en lo sanitario por la cantidad de contagios y muertes, sino que también tuvieron consecuencias económicas significativas en la caída de la producción y el empleo.
Así es como mediáticamente se golpeó al gobierno constantemente sobre el valor del dólar denominado blue, que pasó a duplicar el valor del dólar oficial. Si bien es un mercado y volumen de moneda extranjera muy pequeño, sirvió mediáticamente para golpear al gobierno en varios frentes, llámese riesgo país, pago de la deuda externa, posibilidades de caer en cesación de pagos, inflación, entre otras consecuencias económicas afectadas por la pandemia a nivel mundial, y que no son propios de la Argentina exclusivamente.
A ello se le sumó la noticia de que serían liberados de las cárceles una gran cantidad de presos acusados de homicidios y violaciones, relacionándolas con una supuesta decisión del gobierno nacional, cuando, en realidad, se trataba de una cuestión más bien judicial y no de gobierno, como quedó medianamente aclarada la cuestión.
Pero para la ficción no podía faltar la continuidad de la serie mediática que tienen desde hace varios años y en diferentes capítulos a la actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, de como su mala imagen daña a la gestión del presidente Alberto Fernández, señalando que la influencia de la ex presidente en las decisiones que se toman a nivel gobierno son rechazadas por la gente, queriendo hacer entender en diferentes formas y formatos que la que está gobernando es Cristina Fernández de Kirchner, con el agregado de otra serie en la cual el presidente y la vice están peleados.
Hace pocos días comenzaron con otra tanda de la prolongada cuarentena y el obvio cansancio y tedio de la gente, sumando en la actuación a periodistas del mismo grupo mediático y a algunos personajes de la farándula que se van del país porque no soportan más la cuarentena, con el agregado de que vamos camino al comunismo y a ser un país como Venezuela. Es decir, el guión de las series ocupa casi todos los géneros y hay producciones para todos los gustos, pero con un muy pobre papel actoral de los dirigentes opositores.

La molestia de la igualdad
Muchos entienden que no hay nada más desigual que la igualdad. Para algunas personas es sinónimo de injustica y la sola propuesta de igualdad causa molestias, rechazos, calificaciones y descalificaciones. Se la asocia con la pobreza, la ignorancia y la marginalidad. Nos quieren hacer pobres a todos, nos quieren igualar, es el grito de guerra que quiere desatar otra pandemia dentro de todas las ya existentes.
Los que buscan agredir a la igualdad, para descalificarla buscan comparaciones con populismo, comunismo, partidos de izquierda, de pensamiento retrógrado, y en muchos casos, desconocen los diferentes significados. Y lo curioso es que se trata de personas, de sectores económicos altos, que, por su poder económico, se piensan y se saben, cuánto menos, sabios e intelectuales, cuando a muchos se los conoce porque se enriquecieron a costa de los sectores humildes y de clase media, que son los que, en la mayoría de los casos, son los que reclaman por la igualdad.
Como la sola idea de igualdad les molesta, buscan que se marquen las diferencias en todo, aunque más no sea socialmente, por dar un ejemplo, envían a sus hijos a colegios privados, por el cual pagan una cuota para que reciban una mejor educación y diferenciada de la educación pública, porque en su concepción, todo lo público es malo y lo privado es bueno. Incluso piensan que con el abono de la cuota mensual están pagando los estudios de sus hijos, cuando en verdad en la mayoría de los casos es el Estado el que se hace cargo del pago de los salarios docentes de las instituciones privadas.
Las comparaciones siempre son odiosas y en el fondo nadie quiere ser igual al otro, salvo que esté en una situación o condición privilegiada. La igualdad implica tener que aceptar que tenemos que ceder parte de lo que nos corresponde para que el beneficio alcance a la mayor cantidad de personas posibles y eso irrita y molesta.
Pero la desigualdad también molesta a los que no les gusta la igualdad y es a la hora de pagar impuestos, tasas y contribuciones, que es momento en donde muchos de los que se quejan de las injusticias de las igualdades reclaman igualdad, al mismo tiempo que se preguntan el porqué deben pagar mayores tributos, destinados a beneficiar a los sectores sociales más carenciados, para darles una pequeña porción de igualdad.

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Categorías: Columnas de Opinión

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