PM: 24/4/ 2020: “…una opinión en este tema (coronavirus) tan ignoto y cruel no es fácil de ser emitida…  Y entre tantos afanes que pretenden ser esclarecedores y que provoca esta pandemia en cuanto hace a su retiro a la brevedad, trataremos de detenernos en uno que apunta a que pueda suceder que tengamos que convivir con ella, cierto que ya munidos de la vacuna pertinente por la que están trabajando con apuro los científicos  del mundo…”
PM: 1/5/2020: “… correr rápido en auxilio de la economía tanto regional como nacional antes de que sea muy tarde y ser flexible en lo posible para ir ayudando a restaurar los derechos al esparcimiento, al trabajo, a la expansión y al respeto sobre todo para la ancianidad que es la más cuidada, salvo en esos aspectos de la vida que hacen a la psiquis y que son tan y más necesarios de cumplimiento para poder vivir una vida que merezca ser vivida. Como diría un paisano “menos solemnidad y más aparcería” que eso hace bien a la gente y la va entonando para los tiempos post coronavirus para remontar economía…”
PM: 8/5/ 2020: “Está siendo una verdad incontrastable que el Coronavirus ha sido, es y sigue siendo el actor principal en nuestro día a día y que arrasa primeras planas, pantallas “a full”, locución oral de medios, dedicados casi en exclusiva a gobernantes, científicos, sanitarios y, por supuesto del común de los humanos del planeta, los que además de sufrirlo, tratan de ver cómo se las arreglan para vencerlo antes de que infecten y/o maten también a la economía, esa palabrita que en nuestro caso argentino, venía de capa caída ¡y qué caída! y que el nuevo turno gubernamental se ha propuesto como objetivo levantarla y, por sobre todo, que sus efluvios lleguen al rinconcito más desposeído del país…”
Y bien, creímos conveniente crear un interregno entre aquellos días estruendosos del estallido del coronavirus y el hoy tratando de volver a palpitar notas de nuestra biblioteca como para que nuestros lectores puedan atar cabos que permitan hacer una idea (futurología) del mañana socio-político argentino, sin oropeles técnicos (de esos teñidos de sabor político) pero sí, de la suma del día a día bicentenario de nuestros pueblos y por sobre todo de ir atando cabos de qué se vino haciendo mal en el mundo para recibir este castigo tan cruel y así comenzamos:
P.M.: 15/5/2020: …Nos detuvimos en la página 8 de la Gaceta Informativa Nº 11 de octubre/noviembre/99 de la Junta de Estudios Históricos de Misiones donde hallamos una nota firmada por Silvano Jorge Trevisán de la ciudad de La Plata. Conjuguemos el verbo “Tener tiempo”. Este fin del Siglo XX pretende convertirnos en una célula del consumismo sumergido en las “angustias de la prisa”, hacernos TV dependientes y uniformarnos en un pragmatismo avasallador. No hallamos espacio para la lectura reposada, la charla quieta con un amigo o la meditación (que es la charla con uno mismo). Los días se nos transcurren presionados por las ansiedades cotidianas, sin tiempo para contemplar la hermosura de cada amanecer o gozar la policromía de los crepúsculos. A quienes nos resistimos a ese cambio degradante se nos llama “sentimentales antiguos” o “líricos”. ¡Pero no nos entreguemos! El infinitivo más conjugado por el hombre actual es “no tener tiempo”… El romanticismo, el ocio creador, la contemplación estética son hoy despreciados como cosas de antaño. Este mundo de la cibernética, todo se cuenta, pesa o mide, todo está sujeto al cálculo…. ¿Qué es un hombre moderno? Es aquel que no tiene tiempo…. ¿No tiene tiempo para qué? Precisamente ser más. No tiene tiempo para crecer desde adentro porque está muy ocupado en crecer hacia afuera…
PM. 22/5/2020 (Hoy) En busca de pensamientos sólidos y con la pretensión de ayudarnos al menos en esta desesperada carrera por despedir y cuanto antes salir de esta endemoniada crisis que se está llevando a miles de personas, aquí y allá en el mundo y que está haciendo correr y con urgencia a los científicos para que se produzca el antídoto (vacuna) que lo neutralice y que no dejó territorio geográfico sin visitar (puede que nos equivoquemos por lo que agregaríamos de esos que son desde grandes extensiones hasta casi un puntito apareciendo en el globo terráqueo), virus que por ello ha pasado a ser la primer pandemia, ya que en los otros casos ocurridos en el ayer mundial, la peste se ubicó en un determinado territorio por lo que no fue universal y mientras los gobernantes, presidentes, gobernadores, intendentes, o como se llamen en su comarca, en casi todos los países infectados con el auxilio de funcionarios sanitarios encabezados por los ministros de salud han tomado y siguen tomando medidas que montan en ese potro bravo en corcoveos de la gente de su jurisdicción que, a pesar del cuidado, se siente en cautiverio, estresada por los controles o la multa que se le impone a quienes no cumplen con las reglas establecidas por infringirlas, por el encierro riguroso de niños, por la falta de caminatas, por el entumecimiento que puede producir a los ancianos o por polemizar con el gobierno de turno intentando hacer basa hacia su futuro político.
Cierto que el comportamiento es dispar, de acuerdo a lo que se ha venido informando y en el norte lo atribuimos a una cultura milenaria, aunque ha habido excepciones, sin embargo en lo que hace a Latinoamérica en globo, con cultura bicentenaria y fogosidad latina, heredada, se han visto los más disímiles caracteres para tratar la pandemia en unos y en otros.
¿Y en nuestro país? El presidente Alberto Fernández –sí, el que fuera designado para tan alto cargo por iniciativa de Cristina Kirchner tras el triunfo electoral que la tuvo a ella como protagonista- se encontró con varias encrucijadas de riesgo: la economía en fuerte baja, la fabulosa deuda con el F.M.I. y para colmo de males, a poco de haber asumido, con el coronavirus y, además, con la famosa “grieta” política. Sin embargo es evidente que puso en práctica su bagaje cultural y, pausadamente pero sin darse respiro va manejando con humildad, cautela y en permanente consulta con las provincias, decidido a practicar el federalismo y hasta con los opositores va trabajando con estilo propio y no solo va apaciguando la “grieta”, sino que  viene encarando con firmeza una lucha contra el virus que le ha obligado a decidir “por la economía o por la gente” y sin vacilaciones optó por la gente sin que esto quiera significar que deje de lado la economía porque de hacerlo, todo se derrumba y es por ello que se vienen dictando medidas que flexibilizan la cuarentena y que tiene la pretensión de permitir que gradualmente se vaya llegando a la ocupación plena.
Es de hacer notar, aunque la mayoría no lo hubiéramos imaginado, que estamos en presencia de un pueblo -el argentino- que se está mostrando respetuoso y ordenado ante las imposiciones fuertes a que obliga la cuarentena.
¿Que cómo terminará este impresionante desafío?
No poseemos conocimientos científicos, información de laboratorio para siquiera imaginar el vencimiento de la pandemia, pero sí podemos advertir que la pos-pandemia será un tiempo más que difícil y hasta lo imaginamos cruel, en el cual pueden producirse profundos cambios en todo sentido y en el cual cada comarca de la tierra luchará ya por sí, con pocos –si los hay- apoyos foráneos, lo que significa que se acentuaría en grado sumo el nacionalismo como consecuencia de la necesidad de tener que trabajar en unión y confraternidad entre todos los argentinos para que el “barco” nacional pueda levar anclas y, lo importante, será que estará obligado a respetar y tener, en primer término, muy en cuenta a la ecología, como para no seguir destruyendo lo que se haya logrado mantener con vida útil y que, como bien sabemos no ha movido ni un pelo a los magnates del primer mundo que han tenido la insensatez de ignorarla en pro de saciar sus deseos pragmáticos.
Así, a grandes rasgos observamos un futuro que desde ya tenemos que tener en cuenta y para ello es del caso ir afinando nuestro raciocinio comenzando a ser partícipes -si aún no lo somos- de una sociedad en la cual el hombre no sea un lobo para el hombre.
¿Qué estamos exagerando?… más vale prevenir que curar…

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Categorías: Columnas de Opinión

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