La pregunta rompe lo absurdo, en la reacción y acción de los diferentes gobiernos se plantea la diferenciación, pero también en la reacción social. En los países administrados por la derecha política se buscó minimizar el virus, para proteger la economía, y hoy están en graves problemas por la pandemia y por la economía. Los países identificados como de izquierda o populistas, privilegiaron la salud de la población por sobre la economía, y el problema sanitario es mucho menor que los problemas económicos. Como se ve, es un problema que va más allá de los pensamientos ideológicos.
Si bien el virus se inició en China, que está bajo un régimen de gobierno comunista, el virus se expandió por el mundo. Siempre se ve y trasciende lo que hacen los EE.UU., y su presidente, en este caso Donald Trump, quien al igual que otros países minimizaron los efectos del virus, pagando con muchas vidas humanas la desatención del problema que le terminó causando mayores problemas económicos, y culpando, como es lógico, al gobierno comunista de China. La misma suerte corrieron países como Inglaterra, Italia, España, Francia, entre otros.
En Latinoamérica, el Brasil es el país que mayores contagios y muertes tiene, cargando no solo con grandes problemas económicos, sino que también con un conflicto político importante.
El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, calificó al virus como «una gripecita» y se opuso al establecimiento de la cuarentena, llegando incluso a enfrentarse son gobernadores e intendentes de su país, incluso con el ex ministro de salud Luiz Henrique Mandetta, quien fue obligado a renunciar. Hoy en Brasil el virus Covid 19 está sin control y la salud pública a la deriva.
Siempre aparecen los oportunistas en los grandes problemas, para tratar de causar desaliento, confusión y obviamente, agitar socialmente a la gente para que reaccione, como, por ejemplo, fue un audio de WhatsApp que recorrió en pocas horas todo el país, cuya autoría fue de Felicitas Beccar Varela, una senadora provincial de Juntos por el Cambio, que denunció que el Gobierno tiene un plan para liberar a los presos para formar «patrullas que amenacen a jueces y expropien el capital». También afirmó que el coronavirus es utilizado como excusa para «fundir a las empresas» para luego estatizarlas. Digamos que es el pensamiento de muchos dirigentes, militantes y simpatizantes de Juntos para el Cambio, que lo piensan y lo dicen en privado porque queda muy mal decirlo públicamente. Como también desde los sectores simpatizantes de la izquierda o populismo, señalan que el virus lo trajeron los ricos que se fueron de vacaciones al extranjero.
Y en verdad, la pandemia permitió que se diferencien los diferentes modelos políticos que gobiernan en el mundo, divididos entre dos facciones: los que privilegian la salud y la vida y los que privilegian la economía y la renta.

Tecnología vs. el hombre
Paradójicamente, el hombre busca reemplazar al hombre a través de los inevitables avances tecnológicos, sustituyendo la mano de obra en los procesos de producción para reducir costos y tiempo. Mientras se aplaude hechizados por el avance tecnológico, la desocupación crece a nivel mundial, como la desigualdad social y económica, la pobreza y la marginalidad, y es el hombre, como autor y actor, el que se tiene que hacer cargo de los costos que produce reemplazar la mano de obra del hombre por la tecnología.
Pagar impuestos siempre produce disgustos porque el Estado debe brindar los servicios básicos de salud, educación y seguridad. Según la visión política, se le agregan otros ítems, como ser trabajo, vivienda y comida, que se van incorporando al léxico diario de la gente, de los economistas y de los gobiernos, porque alguien se tiene que ocupar de los que quedan fuera del circuito económico e incorporarlos de alguna manera, sea vía subsidios, más allá de que no produzcan, al circuito del consumo de bienes y servicios, para sostener la demanda y que la economía no se derrumbe, y con ella, el empleo, obviamente.
Se habla de la necesidad de darle un contenido ético a la creación de la inteligencia artificial, es decir los sistemas que piensan como humanos, automatizan actividades como la toma de decisiones, la resolución de problemas y el aprendizaje. Buscando reemplazar la mayor cantidad de hombres posible, incluyendo incluso a programadores y otras ramas de la ciencia y de la tecnología.
Se estima que para el año 2030, unos 350 millones de personas en todo el mundo se verán afectadas por los avances tecnológicos. ¿Qué harán esas personas? Probablemente pasarán a ser nuevos desocupados con asistencia de los diferentes países que deberán ver como financian los diferentes programas de contención a los desocupados. Es un problema que enfrenta como un gran desafío la humanidad en su conjunto, que deberá definir, como lo hizo en su momento, con los daños al medio ambiente causado por las industrias, para detener la contaminación y tratar de reparar el daño causado. Con el avance tecnológico y la desocupación que va generando, seguramente también se deberá inventar y capacitar a las futuras generaciones para lo que se viene en un futuro no muy lejano, en el cual resalta el camino iniciado hace algunos años por el gobierno de Misiones, de iniciar la escuela de robótica, los procesos educativos disruptivos y con la implementación del aula invertida, una verdadera apuesta al futuro en una provincia que tuvo un alto crecimiento poblacional, básicamente joven, al que hay que darle no solamente educación, sino capacitación para el futuro laboral.
Si bien las empresas vieron incrementadas sus ganancias, aumentando las cantidades de producción, bajando los costos y con menos mano de obra, esos mayores beneficios económicos no se trasladaron a una mejora en los ingresos de los trabajadores, por el contrario, los ingresos como los status laborales fueron decayendo con el correr de los años, pagando un alto costo el sector de los trabajadores.
Hoy día no debería resultar extraño que se comience a hablar de impuestos a las grandes riquezas, ya casi fuera de la idea de una mayor igualdad social, sino más bien para una clase obrera, que busca sostenerse entre la clase media baja y media, para no caer en la pobreza e indigencia; cuando hoy en día en la Argentina para no ser considerado pobre en el mes de marzo se necesitó tener un ingreso superior a 42 mil pesos mensuales.
Son datos que se deberían tener en cuenta e intentar establecer una agenda inmediata para comenzar a tratar los problemas laborales para el corto y mediano plazo.

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Categorías: Columnas de Opinión

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