Hoy se sigue minuto a minuto la evolución de la pandemia, en cantidad de afectados y de muertos a nivel mundial, nacional y atentos a lo que ocurre en otras provincias cercanas, expectantes por saber si hay casos sospechosos en Misiones, que es un hecho que el virus llegará, lo que se espera es que se retrase su llegada y no sea en una cantidad incontrolable.
Antes de la cuarentena dispuesta por el gobierno nacional, el Gobernador Oscar Herrera Ahuad dispuso la suspensión de las clases en todos los niveles en el orden provincial lo que permitió que se especulara con que la medida era en virtud del paro docente que llevaban adelante los gremios minoritarios, incluso algunas de las cabezas visibles de los docentes autoconvocados se jactaban como un logro político gremial la suspensión de las clases. Pero con el correr de los días y el agravamiento de la situación y las medidas extremas tomadas a nivel nacional, desmitificaron el supuesto logro gremial.
Por efecto de la pandemia, las cuestiones de la política partidaria se dejaron a un costado, y de alguna manera, todos tratan de guardar algún grado de compostura, porque la situación no da para chicanas, más allá de que el riesgo país está por encima de los 4000 puntos, a nadie parece importarle mucho estas cifras, ni la caída en la bolsa a nivel mundial ni el valor del dólar, al margen de la aparición de algunas chicanas en las redes sociales por parte de fanáticos macristas, que intentan introducir el tema económico como un problema de gestión del presidente Alberto Fernández, cuando por efecto de la expansión de la pandemia, los mercados bursátiles actúan en función a esos riesgos de incertidumbre, mientras las acciones de algunos laboratorios que aseguran tener la vacuna contra el virus comienzan a generar ganancias, sin que el antídoto se esté vendiendo a la población.
En el ámbito municipal, el intendente Carlos Fernándezdispuso una serie de medidas, como el cierre de la terminal de ómnibus, la cancelación de los velorios, el cierre de los juegos infantiles en plazas públicas, y estableció el trabajo de personal municipal en cajeros automáticos, en entidades bancarias y comercios para que controlen y ordenen la distancia de dos metros por persona. En este caso Fernández, como médico, no quiere que se repita lo ocurrido con el dengue, que las cifras se dispararon para terminar preguntando: ¿Qué nos pasó a los obereños con el tema dengue?
El dengue sigue vigente y sigue la preocupación sanitaria a nivel local y provincial, si bien hay un amesetamiento, se anticipaba que el pico de los contagios llegaría luego de Semana Santa.
El manejo del dengue y de la información terminó debilitando al actual ministro de Salud Pública en su imagen al frente del Ministerio de Salud de la provincia, y ello se notó en su casi nula aparición pública hablando sobre el dengue y el coronavirus.
No es momento de recambios en el área de Salud Pública, porque sería reconocer falencias, pero algunos especulan con que el actual ministro de Salud de la provincia Oscar Alarcón, podría ser uno de los primeros cambios en el gabinete.
Como si se tratara de un tablero de cotización de monedas extranjeras, se observa hora tras hora en los gráficos, la cantidad de infectados a nivel mundial y nacional, habiendo 236.429 infectados a nivel mundial, de los cuales en Argentina se registran -hasta este momento- 97. En tanto que en cantidad de muertos por el virus son 9.790, y en el país se dieron 3 fallecimientos. Las cifras de recuperación son de 84.962, de los cuales 16 son argentinos. En donde son más los recuperados que la cantidad de muertos, pero siempre impacta más lo fatal.  Según las cifras, Italia ha superado en cantidad de muertos a China, país en donde comenzó a desarrollarse el virus.
En algunas provincias y ciudades se está restringiendo el ingreso de personas que no pertenecen a esas ciudades, en tanto se estima que, de la reunión del presidente Alberto Fernández con los gobernadores, se determine una medida extrema de una cuarentena total por el coronavirus, en la que no se podrá salir de los domicilios, excepto en casos de extrema necesidad, y solo estarán abiertos comercios que vendan comestibles, los hospitales y farmacias, en tanto que las fuerzas de seguridad y militares tendrán a su cargo el control del cumplimiento de la medida.

El riesgo de vida desplazó al riego país y al valor del dólar  
Algunos se arriesgan y aseguran que el mundo no será el mismo a partir de la aparición del coronavirus. Siempre, después de alguna catástrofe y guerras se suelen replantear algunas cosas con vistas al futuro. Esta pandemia es el ejemplo más claro de lo que significa la globalización y la importancia que tiene la vida cuando las enfermedades se expanden sin control y afecta a ricos y a pobres por igual.
Algo similar pasó con el dengue en la ciudad de Oberá, en que, de la preocupación, el miedo y la desesperación, pasamos al olvido casi total. Las voces de alarma desde el Estado con las medidas restrictivas -con el fin de frenar los avances del virus- hizo que la gente agotara los stocks de alcohol, barbijos, y recurriera también a aprovisionarse de alimentos por temor a que falten. Pero el comportamiento fue un tanto egoísta en algunos casos.
El accionar comercial también fue uno de los motivos de reproches por parte de los consumidores y del mismo gobierno, que advirtió que controlaría los precios y calificó al comportamiento comercial de «los vivos de siempre». Uno diría oportunistas perversos.
Antes de que llegue el virus, en su inocencia, una niña de corta edad reflexionaba que el coronavirus era un problema de los ricos, porque ella viajaba en colectivo. A esto, la madre le advertía que de llegar el virus sería de muy alto riesgo viajar en los transportes públicos por la aglomeración de las personas, clara demostración de que el virus, calificado en forma temeraria como mortal, no distingue entre clases sociales.
Hoy no solo están restringidos los vuelos, sino que también el transporte público y de las personas, sugiriendo a que se queden en sus domicilios para evitar la propagación incontrolable del virus, pero la necesidad de trabajo a muchos obliga a tener que exponerse al riesgo del contagio, más allá de las medidas de precaución que se están aplicando con mucha seriedad. Lo que se pide a las personas es una actitud responsable en evitar las actividades y reuniones sociales, con la sugerencia de que permanezcan en sus domicilios, en particular, las personas con algunas patologías de base y los mayores de 60 años.
Pero lo económico es un inconveniente, todos queremos supermercados, farmacias, estaciones de servicios y otras oficinas abiertas para realizar trámites y nos damos cuenta de que la actividad económica no se puede parar, que si bien la salud es lo importante, el dinero también lo es. Muchos, olvidándose de que cuando se enferman y sus vidas están en riesgo, en muchos casos el dinero no cura y no salva vidas.
Ojalá que esto traiga un nuevo orden mundial y se priorice lo humano sobre lo material y la acumulación de riquezas.

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Categorías: Columnas de Opinión

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