A cinco años de la desaparición física del padre Guillermo Hayes, así lo recuerdan los que lo conocieron y compartieron sus obras que hasta hoy siguen funcionando. Esperan la beatificación.

En diciembre de 1986 llegaba a Argentina, proveniente de Irlanda, un sacerdote misionero del Verbo Divino para aprender el idioma y comenzar su trabajo pastoral en el lugar que fue su primer y único destino, (cosa inusual dentro de la comunidad verbita), la Parroquia Cristo Rey, de Oberá, Misiones.

El padre Guillermo Liam Hayes nació en Cappamore Co Limerick, Irlanda, el 5 de abril de 1950. Falleció el 7 de diciembre de 2014 en Buenos Aires, donde estaba internado afectado por una grave enfermedad. Sus restos permanecen en el Jardín Bíblico de Oberá, parte de su creación. Testigos de su labor solidaria sueñan con su beatificación.

“Al poco tiempo de su llegada, fue nombrado capellán del hospital público local. A diario realizaba su visita llevando una palabra de consuelo y administrando los sacramentos a los enfermos. Muchos de ellos eran abandonados por sus familias y vivían en la mayor pobreza. Esta situación comenzó a movilizar su corazón y su conciencia. El padre Guillermo siempre contaba que un día regresando de su gira de visitas por el hospital vio a un pobre discapacitado, abandonado al costado del camino. Esta visión no lo dejaba dormir. Él sentía que no podía permanecer indiferente y que debía hacer algo para cambiar la dolorosa realidad de su prójimo abandonado. Comenzó a hablar con otras personas de la comunidad lo que le estaba pasando y de su gran preocupación. Y juntos decidieron que lo mejor sería fundar un hogar para albergar y contener a los más débiles y sufrientes de nuestra sociedad. Es así, que el 7 de abril de 1992 era colocada la piedra fundamental de lo que sería el Hogar Santa Teresita del Niño Jesús, en Oberá. Este hogar fue inaugurado el 15 de mayo del año siguiente. Pero la historia no termina allí. El padre Guillermo tenía una visión muy profunda de las cosas y siguió viendo las necesidades concretas de nuestra sociedad. Años más tarde, en 1999, fundaba en Guaraní, una localidad vecina, el Hogar Virgen de Luján, para ancianos que habían sido abandonados por sus familias. Con el tiempo, dentro del Hogar Santa Teresita se vio la necesidad de separar a los discapacitados motrices de los discapacitados mentales. En este contexto se fundó el 12 de junio de 2011, el Hogar Espíritu Santo para contener a estos últimos”, detalló Karina Jakimczuk, allegada al sacerdote y colaboradora de la Fundación.

 

Grabado en la memoria y los corazones de todos

“Han pasado 5 años de su partida. Muchos hijos y hermanos espirituales nos sentimos huérfanos después de darle el último adiós. Pero han quedado profundamente grabadas sus expresiones y gestos característicos, su sentido del humor, y gracias a Dios ha contagiado su agudeza visual y su sensibilidad para ver al hermano que sufre y no pasar de largo. Para nosotros es una luz que no se apaga y que muestra un camino de caridad y de misericordia muy concreto que no podemos desviar. Es nuestro santo inspirador. Al transcurrir 5 años de su fallecimiento se cumple el plazo establecido por la congregación para la causa de los santos de la Curia Romana en la Iglesia Católica para poder iniciar el proceso de investigación formal y documentar de manera oficial lo que hoy contamos como anécdotas. Este es el tiempo oportuno para acercarse a la Casa Pastoral de la Fundación Hogares Guillermo Hayes para dejar testimonios escritos, audios o videos, contando experiencias y anécdotas que puedan ser agregadas a la investigación que pruebe legítimamente sus virtudes heroicas y su vida marcada por la caridad y la misericordia practicada con todos, pero especialmente con los más vulnerables de nuestra sociedad”, subrayó.

La Fundación sigue con la obra del Padre Guillermo, recordando sus preceptos y su espiritualidad. “Puedo decir que soy un privilegiado por haber tenido de amigo y guía a un santo de esta época. Amó más que ninguno a su pueblo, comenzando por los más enfermos, pobres y abandonados, a quienes dio albergue y sobre todo un hogar. Cumplido su quinto año de desaparición física, recemos para el comienzo de su beatificación, pues es un ejemplo de vida”, expresó Rafael Pereyra Pigerl, vicepresidente del Consejo de Administración de la Fundación.

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