Bronca y desazón envuelven a la feligresía de la iglesia Cristo Rey de Oberá, comunidad que se vio afectada por el robo de 80.000 pesos durante la misa del último sábado, ocasión en la que desconocidos irrumpieron en la residencia de los sacerdotes y sustrajeron fondos destinados al pago de proveedores, donaciones y ahorros.
El o los delincuentes escalaron hasta la planta alta del edificio y forzaron la única puerta que no tenía rejas. Una vez en el interior, revisaron muebles y cajones para hacerse del efectivo y escaparon sin dejar rastros.
Ayer, en diálogo con El Territorio, el padre Eduardo Cyril lamentó que se trató del cuarto robo que padecen en los últimos años, al tiempo que anticipó que no guardarán más dinero en el lugar.
“Es una enorme pena porque parte del dinero eran donaciones para el Hogar Santa Teresita, otro tanto estaba destinado a pagar a la editorial que nos provee libros y el resto eran ahorros del padre Jorge y míos. La verdad que es un gran perjuicio y veremos cómo salimos de este mal trance, que realmente nos afectó muchísimo”, lamentó el sacerdote de origen indio.
Precisó que el robo se registró entre las 19 y las 20 del último sábado, lapso en que no hubo nadie en la casa parroquial, ubicada en el mismo predio de la iglesia Cristo Rey.
“El padre Jorge dio la misa de las 19 y yo estuve en la colonia, por lo que regresé tarde. Los ladrones treparon hasta el primer piso y forzaron la única puerta que no tiene rejas. Una vez adentro revisaron nuestras habitaciones y se llevaron la plata y una mochila del padre Jorge, que llegó primero y se encontró con el desastre. Para él fue un gran shock”, detalló el párroco.

Enorme perjuicio 
La iglesia Cristo Rey está ubicada sobre calle Estanislao del Campo, entre Paraguay y Colombia, en el barrio Loma Porá. Se trata de una de las parroquias más antiguas y características de la ciudad, aunque no por ello exenta de la inseguridad que avanza.
Consultado al respecto, el padre Eduardo reconoció que “no solemos tener tanto dinero, pero esta vez se juntaron algunas donaciones con la plata de los proveedores”.
Asimismo, subrayó que ante los reiterados robos y el enorme perjuicio que les ocasionaron, decidieron que a partir del último hecho no guardarán más dinero en las instalaciones.
En tanto, en la víspera operarios de una empresa privada se hallaban instalando un sistema de cámaras de vigilancia para reforzar la seguridad del predio.
“Atento a los robos que venimos sufriendo, que ya fueron cuatro, una señora nos donó las cámaras y eso nos ayudará, no sólo por la inseguridad, sino también para cuidar a los chicos que vienen a la catequesis. Tenemos muchas actividades y debemos cuidar a las personas”, remarcó.
Además de su labor sacerdotal, el padre Eduardo es el presidente de la Fundación Padre Guillermo Hayes, responsable de la administración de tres hogares para discapacitados y ancianos.
En tal sentido, mencionó que “del dinero que nos robaron, 40.000 eran donaciones para unas obras que tenemos previstas hacer en el Hogar Santa Teresita, lo que ahora deberemos postergar hasta volver a reunir los fondos”.
Con relación a los autores del hecho, el domingo voceros de la Unidad Regional II informaron sobre la detención de un sujeto de 19 años con varios antecedentes, aunque hasta el momento no se habría podido probar su responsabilidad en el caso y su liberación sería inminente.

Reclamo por seguridad
La seguidilla de robos en perjuicio de la Iglesia Cristo Rey y su casa parroquial puso en evidencia una problemática que se extiende en el barrio Loma Porá y zonas aledañas, como Villa Bárbaro y Villa Cristen. Casas y comercios literalmente blindados con portones, rejas, alarmas y cámaras de seguridad, componen el paisaje cotidiano de una comunidad preocupada por los hechos delictivos que se repiten a diario. “Loma Porá ya no es lo que era, ahora vivimos encerrados y enrejados”, lamentó Carlos, propietario de un almacén que atiende a través de las rejas. El comerciante indicó que siempre vivió en el mismo barrio, al tiempo que subrayó: “El problema es que ahora hay mucha droga. Es una pena lo que está pasado, chicos que uno vio crecer y están perdidos en esa porquería”. Por su parte, el propietario de un taller indicó que en dos años padeció cinco robos, con el perjuicio que ello implica, por lo que está analizando cambiar de rubro. “No tenemos respuestas de las autoridades y al final uno trabaja para los delincuentes”, graficó.

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Por Daniel Villamea

Por Daniel Villamea
Corresponsalía Oberá
Territoriodigital


Categorías: Noticias Policiales

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