Por esta nuestra profesión, los días, las fechas o más prácticamente el almanaque pasa a ser un instrumento de consulta diaria, si, lo consultamos hoy… ¡estamos a dos semanas de la Fiesta Mayor de la Provincia y orgullo de Oberá! y de las tantas y tantas páginas dedicadas a la Fiesta en nuestro semanario, durante este, nuestro recorrido periodístico ya cincuentenario recordamos primeramente y pasamos a reproducir una  que, aunque no le va en zaga a otras, fue escrita sin mezquinar sentimiento, emociones y literatura.
Fiesta Nacional del Inmigrante
Los vimos cantando, los vimos riendo, los vimos gozando…
La avenida Libertad adornada en su trayecto a recorrer rumbo al Parque por el  multitudinario enjambre inmigrante en movimiento, nos explicó, como en otros años, -tal vez como no lo podría hacer tan claramente en los otros escenarios que transitará en este mes de septiembre- porqué es esta Fiesta una PASIÓN OBEREÑA, como la bautizáramos.
Son detalles, tal vez pequeños detalles, pero de una emotividad contagiosa: Pasaban allí, los vemos, autos y «carros» engalanados portando de abuelos a nietos luciendo trajes típicos, no faltando alguna «verdulera», alguna guitarra, algún violín, poniendo el sello regional y cada una de las colectividades que se sucedían a lo largo del trayecto, encabezadas por su «Reina» en su atuendo típico.
Pero la mayoría lo hacía a pie y en marcha festiva y contagiosa.    Vimos alguna columna llevando el pasito corto y doble, sin aflojar a pesar de la distancia.
Vimos a la «mamá» llevando en un carrito a su pequeñito, ataviado también él.
Vimos otros chiquitos sentados en réplicas pequeñas de barril.
Algunas colectividades repartían pan artesanal, otras convidaban con chopp al mejor estilo alemán obereño.
Los vimos cantando, los vimos bailando, los vimos riendo, los vimos gozando, los vimos portando estandartes y banderas, los vimos saludando, los vimos felices, exhibiendo la dicha de cumplir un pacto de amor filial con padres y abuelos inmigrantes que, seguramente en noches de vigilia, idealizaron aquel mundo que dejaron y al que tal vez no pudieron volver a ver, transmitiendo la herencia de aquellos recuerdos que hoy atesoran sus descendientes.
Y aquí está la Fiesta del Inmigrante, esa Fiesta de fuerte arraigo espiritual y familiar de la que participan los obereños con fervor e invitan y reciben a quienes quieran acompañarlos en esos días festivos del Parque de las Naciones.
¿Qué otra Fiesta puede mostrar más acabadamente esa PASIÓN inmigrante?
¿Qué otra Fiesta puede unir generaciones en un mismo escenario?
¿Qué otra Fiesta puede mostrar tan alto grado de convivencia entre colectividades?
¿Qué otra Fiesta puede teñirse de tantos colores, de tantas sensaciones y por sobre todo de tanta alegría contagiosa?.
Entramos a ella dejando atrás los problemas cotidianos, salimos de ella, retemplados para afrontarlos con más coraje.  ¿O acaso no es esa otra de las enseñanzas que nos legaron nuestros pioneros inmigrantes?
Y allí comprendimos una vez más la responsabilidad del legado que dio nacimiento a esta Fiesta y la profunda significación que tiene para los obereños.
A la vez nos pusimos a pensar en la responsabilidad que deben afrontar cada año los organizadores, porque la Fiesta crece y crece y ese su crecimiento, desde el punto de vista de las recaudaciones, vitales para que ello suceda, tiene su termómetro crítico en las contrataciones foráneas de campanilla que convocan multitudes.
A la vez que deben equilibrar las sensaciones que ofrecen durante los días de Fiesta como para no echar por tierra aquellos simples, pero importantes postulados que conforman la filosofía de la Fiesta, recordar con cariño al inmigrante y sobre todo mantener la llama sagrada de las tradiciones vernáculas para descendientes de hombres y mujeres de lejanas tierras que vinieron a poblar la nuestra y que sin ésta convocatoria anual quizás algunos atesoraran en un pequeño baúl pertenencias que el tiempo transcurrido, ya entrando no ha podido destruir.
Junto a estas corrientes emocionales hay otra que navega por sobre el Parque de las Naciones en la cita festiva anual y que merece la atención de los organizadores, que también se refleja en el equilibrio de que deben hacer gala los organizadores y es algo que hemos visto logrado en el cuadro de apertura a cargo del ballet de las colectividades y es el correcto manipuleo de los dos sentimientos mayores que allí flotan, el legado de los ancestros y el legado nacional.
A este respecto destacamos el logro obtenido mediante el cuadro de apertura de la Fiesta a cargo del ballet de las Colectividades donde se pueden advertir, perfectamente amalgamados, estos dos sentimientos nacionales que para nada deben entrar en disputa. Así pudimos observar chicas y chicos ataviados en una u otra forma mostrando su alegría de poder cumplir con el legado vernáculo a la par que dar rienda suelta al cariño nacional.
Como se ve, el trabajo de la gente de la Federación de Colectividades no es nada fácil, pero convengamos en que lo están haciendo bien.
El prestigio que cada año acrecienta la Fiesta Nacional del Inmigrante y que por supuesto ha trascendido con holgura la frontera provincial es el aval de reconocimiento.

Provincias y Nación
Diecinueve representantes de otras tantas provincias, entre ellos nuestro gobernador misionero, Hugo Passalacqua, se reunieron en Buenos Aires reclamando al gobierno del presidente Mauricio Macri por las medidas de quitas de partidas correspondientes a las provincias de manera inconsulta, solicitando además con carácter perentorio la instrumentación de compensaciones financieras  que les permitan  prestar los servicios de seguridad, salud,  educación y justicia por la quita de fondos  a raíz  de la disminución de impuestos a las ganancias y el IVA entre otras cuestiones. En caso de no lograr respuestas recurrirían a «un amparo judicial», aclarando que no están en contra de medidas que puedan paliar la difícil situación que atraviesa la sociedad argentina, insistiendo en que su protesta está basada en que se ha conculcado los derechos provinciales al tomarles sus recursos no sin advertir que están «abiertos al diálogo responsable».
Prontamente el flamante nuevo ministro de Hacienda, Hernán Lacunza respondió a las provincias con un «no se prevén fondos compensatorios» y un «las provincias tienen que calibrar sus cuentas públicas», echando finalmente la culpa al «shock que sufrió la economía con los resultados de las elecciones».
El tema da para mucho, pero siempre hemos escrito en nuestras notas editoriales del ayer que ante las coyunturas que puede sufrir un país y que redunda en fuertes crisis que pretenden cerrar horizontes, consideramos la necesidad de consultar al pueblo a través de un plebiscito podría ser un firme indicador a tener en cuenta. Hoy entendemos que  las PASO han reemplazado, y con creces, a un plebiscito y echado por tierra a las encuestas electorales y defenestrado -una vez más- a los encuestadores, ofreciendo  resultados esclarecedores y casi unánimes en todo el país -salvo la provincia de Córdoba y la Capital Federal- de su disconformidad con las instituciones de gobierno nacional y en especial con la gestión del presidente Macri, tiempos en los que se ha acentuado la falta de cumplimiento del gobierno al no ceñirse en materia republicana representativa y federal como lo establece la Constitución Nacional por citar la materia conceptual únicamente.
De todas maneras, este bloque de provincias dispuesto a resguardar los derechos que se pretende conculcar de los habitantes de sus provincias haciendo respetar el federalismo suena como encender una llamarada democrática en un país bicentenario como el nuestro en el que   por años se consideró que su civilidad se llegaba hasta la Avenida General Paz y eso basta para que veamos con buenos ojos el futuro.

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Categorías: Columnas de Opinión

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