A los que nos preocupa el mundo y su día a día y pudimos enterarnos a través de los medios ¡cómo se despidió abril y como está comenzando mayo!, pero no echemos el agua que provocó la tormenta en vaso roto, aclaremos que lo que nos sacudió la fibra más íntima tuvo como escenario nuestro país y Latinoamérica, en la cual estamos incluidos.
  Y, aunque mal que les pese a ¿algunos? quienes para olvidar el descalabro económico en que estamos inmersos se prenden de la tablita ¿salvadora? que ven representada en “los de enfrente” y así, casi sin proponérselo, políticos desdibujados,  violentos y desde otras latitudes se frotan las manos ante el ruego de que nos auxilien en esto de  ordenar nuestra casa que se puede caer ante nuestra sempiterna costumbre de tirar manteca al techo ni bien algún “comedido” nos “tira” algo de propina y mientras admira la riqueza de este suelo sudamericano, de la bonanza de su gente, trabajadora como la que más y propensa a dejarse llevar del brazo por una tecnología que ciertamente es la panacea de este siglo, pero a la que se la ocupa más y más como herramienta de desestabilización.
   Es así como asistimos  a un mundo violento en el que vivir en sociedad se va perdiendo, aún sin quererlo, aquel don de gente, aquella cultura ciudadana que cautivaba al mundo de entonces y que hoy produce profundas “grietas” que en el mundo armado con tecnología de avanzada como en el que vivimos pareciera qué no les queda a nuestros países latinoamericanos sino ubicarse ante la grieta con unos o con otros de la tierra para “por si acaso”.
   Aquella llama Latinoamérica que hace poco más de un decenio apareció ante el mundo como promesa de liderazgo, situación que nos incluía como a los demás países que la componen, hoy se la ve declinante a la espera de que como a Lázaro le ordenen: ¡levántate y anda!
Página de historia mundial
La invasión turca
Caída de Constantinopla
   La lucha por siglos del imperio Bizantino, baluarte de Europa contra los pueblos de Oriente, llegaba a su fin.
   Los turcos, diseminados en el tiempo de las Cruzadas volvieron a organizarse a fines del siglo XIII bajo la dirección de Osmán.
   Los descendientes de éste , que tomaron el título de sultanes, conquistaron el Asia Menor y ocuparon las orillas dele estrecho de los Dardanelos, cortando la comunicación de Constantinopla en el Mediterráneo.
   En su marcha por los Balcanes tomaron Macedonia y Tracia, destruyeron el reino de los serbios en la batalla de Kossovo (1389); ocuparon Bulgaria y se extendieron por el valle del río Danubio. El rey Segismundo de Hungría emprendió una cruzada contra ellos, en la que intervinieron millares de caballeros alemanes y franceses.
   El sultán Bayaceto los derrotó completamente en la batalla de Nicópolis (1396)
   Aparecieron los mogoles que habían asolado Asia a las órdenes de Gengis Kan (jefe de los jefes) y derrotaron a Bayaceto en al batalla de Angora (1402) deteniendo por un tiempo el avance turco.
   Las operaciones recobraron vigor con el sultán Mahomed II. Al frente de 200.000 hombres y una gran flota, sitió a Constantinopla y la tomó por asalto el 29 de mayo de 1453, a pesar de la heroica resistencia de su último emperador Constantino.
   La victoria turca que produjo la caída de Constantinopla se debió en gran parte a la división en los estados balcánicos y a la eficacia de su ejército, formado pro los spahis, caballería ligera armada con  lanza y cimitarra (sable curvo), los jenízaros, infantería rigurosamente disciplinada, y la artillería, usada en gran escala.
Página de Historia obereña
Nacimiento del Aero Club Oberá
Pista de Aterrizaje
   En 1937, Carlos J. Pettersson tuvo la iniciativa de construir una pista de aterrizaje en Oberá, bajo los auspicios del Aero Club Posadas. Se constituyó al efecto una comisión que quedó integrada, además de Pettersson, por Adolfo Lindström, Leo Lutz, Luciano Blanchard y Oscar Petrini.
   Aurelio Bárbaro y los herederos de Juan Ortt, facilitaron, a título precario, la extensión de tierra necesaria en la planta urbana de Oberá. Mediante la recaudación de fondos por medio de festivales y suscripción pública, se empezó a voltear el monte, destroncar, limpiar y nivelar el terreno.
   Se gastaron $ 3.000, cubriéndose tales gastos con un crédito mancomunado por $ 1000 y que fue cubierto por Pettersson, Lindström, Lutz y Petrini, por partes iguales y como donación.
   Aunque la pista no estaba concluida, el 25 de marzo de 1838 aterrizó por primera vez un avión en Oberá, era un avión ambulancia de Posadas que iba a transportar un enfermo grave.
   La pista se concluyó en octubre y se inauguró el 13 de noviembre de 1938 con un gran festival aeronáutico.
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Categorías: Columnas de Opinión

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