A 43 años del 24 de marzo de 1976 no hace falta que agucemos el ingenio para comprender que por las mieles del poder (que entendemos como todo aquello que puede descolocar al hombre, y que trae como resultado una estimación errónea de ese poder, pudiendo llevarlo a las deformaciones más torpes y crueles, se desaten pasiones encontradas.
   Aquellos que ya las bebieron ven con desesperación que pueda escapárseles de las manos, mientras que los recién llegados, tras un primer tiempo de aplicar lo que predicaron, sucumben en muchos casos –los suficientes para que se hable de inmoralidad- a la tentación de probar de esas mieles.
   Todo esto puede aplicarse a la situación que se vivía, en aquel verano del 76 en que, a pesar de las respetadas voces de algunos políticos de raza previendo lo peor no alcanzaron para evitarlo.
   “No hay independencia política sin independencia económica”. El entonces presidente del Partido Intransigente, Oscar Alende, dirigiéndose al país por la cadena nacional de radio y televisión el 23 de marzo, un día antes de que la Junta Militar tomara el gobierno, propuso una serie de medidas concretas para estimular el desarrollo de las riquezas naturales y sustraer al país de la dependencia del poder financiero internacional.
   “El país atraviesa la época más difícil en lo social, económico y moral, de toda su historia”, agregando que “el pueblo vive con miedo” “lleno de incertidumbre y descontento por el desgobierno y la inmoralidad de nuestros dirigentes”, situación que atribuyó al incumplimiento del programa revolucionario que el país votó en 1973 (presidencia Cámpora) y al abandono de los mandatos históricos de Pellegrini, Yrigoyen y Perón contra la subordinación y la dependencia”.
   “Cuando los militares toman el poder no solo no solucionan los problemas, sino que agravan los ya existentes”.
   “Se está ante el comienzo de un nuevo ciclo… es una formación nueva que habrá de descubrir en definitiva si los argentinos vamos a ser vencidos o dominados quizás por muchos años, o si la nación se va a levantar sobre sí misma.
   Refiriéndose a las Fuerzas Armadas en el proceso nacional, indicó que las quería ver “integradas en una gran política de refuerzo de los valores nacionales y respeto de la voluntad del pueblo”.
  Marcó como imprescindible la fijación de un modelo de crecimiento que reemplace al modelo de decadencia y establezca la defensa de la soberanía nacional y las características fundamentales de una profunda transformación social.
   “De esa manera estaremos atentos a los requerimientos de las grandes mayorías y podremos lograr la unidad del pueblo necesaria para su liberación”.
   Las palabras de Alende son contundentes y hasta parecieran justificar el título que ese mismo día –23 de marzo- utilizaba el diario “La Razón” y lo hacía en grandes caracteres “Es inminente el final. Todo está dicho”
   Otro título: “Gobierno Militar”, Junta integrada por los tres comandantes generales derrocó a Isabel Perón y asumió control de la República”. (“El Territorio” 24 de marzo de 1976)
    En la misma edición encabezando la página 3 con el título de: “Objetivo fundamental: restituir los valores esenciales que hacen a la conducción del estado”, la Junta de Comandantes expresa: “La acción del gobierno estará caracterizada por la vigencia plena de la ley, en un marco de orden y respeto de la dignidad humana. El objetivo fundamental será restituir los valores esenciales que hacen a la conducción del estado, asegurando el desarrollo pleno de las potencialidades naturales y humanas que conforman el país…”
   No haría falta abundar reproduciendo grandilocuentes palabras huecas que en el ejercicio de ese poder que dijeron asegurar las Fuerzas Armadas y que fueron aberrantemente distorsionadas, pero si cabe para que se justifique el entusiasmo de miles de argentinos que se las creyeron y colaboraron con los terroristas de estado que  implementaron el nefasto “Proceso de Reorganización Nacional” a lo largo y a lo ancho del país.
   El día 25 en un  recuadrito el diario “Clarín” da cuenta de la suerte que corrió la presidente constitucional de la Nación: “La ex presidente está bajo custodia. La Junta Militar de gobierno hizo saber a la población que la señora María Estela Martínez de Perón  se encuentra detenida bajo custodia militar, habiendo sido trasladada al interior. La detención de la ex jefa de Estado, cuya seguridad personal es garantizada por las Fuerzas Armadas, se produjo en el aeroparque metropolitano donde arribó acompañada por los señores Julio González y Luigi, luego que a las 0,45 abandonara la Casa de Gobierno en helicóptero.”
   Aunque sucintamente vamos a agregar otros acontecimientos anteriores que hay que tener en cuenta para mejor justipreciar por qué sucedió lo que sucedió: el 17 de noviembre de 1972, después de 17 años de exilio, retorna Perón al país; el presidente de facto, general Agustín Lanusse cumple con su promesa de convocar a elecciones, las que tuvieron lugar el 11 de marzo de 1973, y que gana el binomio encabezado por Héctor J. Cámpora, hombre leal a Perón (Cámpora al Gobierno; Perón al Poder) fue la consigna; Cámpora asume el 25 de Mayo de ese año; el 23 de septiembre de 1973 triunfa la fórmula Perón- Perón; Juan Domingo Perón asume por tercera vez la presidencia de la Nación el 12 de octubre de 1973; el 23 de septiembre de 1974 el presidente Perón hablando desde la plaza de Mayo, ataca a los sectores de la izquierda peronista que se retiran de la plaza: el 1° de julio de 1974 muere Juan Domingo Perón; el 6 de septiembre, Montoneros pasa a la clandestinidad; el 19 de ese mes secuestran a los empresarios Juan y Jorge Born; en 1975, la presidenta María Estela Martínez de Perón ordena al ejército combatir la guerrilla en Tucumán; se agrava el malestar económico y sindical; el dólar paralelo duplica al oficial, el 14 de agosto el “súper” ministro de Bienestar Social, José López Rega, abandona el país y el 24 de marzo tiene lugar el golpe militar.
   Con lo dicho hasta aquí bastaría para comprender el estado de descomposición en que había caído el país tras la muerte de Perón, pero hurgando en nuestros archivos encontramos un documento periodístico que  desnuda las traiciones que en función país han cumplido en este episodio sectores civiles de nuestra sociedad que contra república y democracia  hicieron posible el último y macabro golpe de estado.
   “Clarín” Domingo 22 de marzo de 1998. Los papeles secretos de la Embajada. Los 125 documentos secretos enviados por la embajada de los Estados Unidos a Henry Kissinger entre octubre del 75 y mayo del 76, a los que “Clarín” tuvo acceso exclusivo, constituyen una cruda radiografía de la atormentada democracia argentina y desnudan las pasiones trágicas de aquellos años de plomo (Fragmento del informe de 20 páginas publicado por “Clarín” en el suplemento “Zona”, bajo la firma de Alberto Amato, María Seoane y Vicente Muleiro).
   “La embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires supo al menos con un mes de anticipación que el golpe militar del 24 de marzo de 1976 contra María Estela Martínez de Perón iba a ser sangriento, que el presidente de facto sería el general Jorge Rafael Videla, que su gabinete sería íntegramente militar con la excepción del Ministerio de Economía, que la presidenta sería detenida y retenida en la Argentina, que el Congreso sería disuelto, que los partidos políticos se opondrían al golpe hasta último momento y que la gestión militar no afectaría, por el contrario iba a ser propicia, a los intereses estadounidense en el país…
   “Clarín” accedió a 125 informes enviados por la embajada en Buenos Aires entre octubre de 1975, en plena crisis institucional del país y del peronismo, y mayo de 1976, dos meses después de instalada la dictadura…
   “Posible golpe en la Argentina” “Hemos tenido numerosos informes sobre los planes castrenses -y de sus conspiradores civiles-  con respecto a la forma de gobierno que se instituiría tras el golpe… Sin embargo, cuando intensifique su lucha contra la guerrilla es casi seguro que el gobierno militar en Argentina cometerá violaciones a los derechos humanos que generen críticas internacionales…” (Frases extraídas del documento enviado por el secretario de Estado para Asuntos internacionales, William Rogers, al secretario de Estado Henry Kissinger. En Estados Unidos gobernaba Henry Ford)
   Como colofón podríamos decir que el Fondo Monetario Internacional “premió” a los conspiradores –una vez conformado el gobierno militar- otorgándoles un suculento crédito –el mismo que había solicitado sin éxito el gobierno constitucional argentino para paliar su crisis- y de esta forma auspició la dictadura más cruel que tuvo lugar en la Argentina.
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Categorías: Columnas de Opinión

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