La memoria es aquello que nos permitirá, como comunidad, rememorar el ayer en el hoy; sumergirnos al pasado sin restricciones, abrirnos a un futuro de eterno retorno; vernos en lo que somos, en lo que hemos sido y en lo que seremos desde este presente sin negar lo ocurrido.

Apropiarnos y asumir aquellos hechos que fueron y son parte del proceso de conformación cultural, social, económica y política es un proceso infinito, complejo y poco amable, pero inmensamente necesario.

El mes de marzo reúne fechas que conforman una historia mundial, nacional, local. Todas ellas relacionadas con procesos injustos, que dieron cuenta de abusos y atropellos a los derechos laborales, civiles y de género. En fin, a nuestros derechos humanos.

Proponemos que estas acciones, muestras y conversaciones nos permitan reflexionar y que nos lleven a hacernos la pregunta en cada caso: ¿cómo fue posible?; que nos permita pensar los procesos de subjetivación individual y colectiva: aquello que actuó para que las instituciones trataran al otro como una cosa y que de ese modo pudieran ser asesinados, masacrados o simplemente ignorados. Preguntarnos como fue posible el terrorismo de Estado.

Las prácticas de memoria promovidas en y desde instituciones, son una búsqueda constante del mantenimiento del lazo social que une a los muertos (desaparecidos y asesinados) con los que estamos vivos.

Es una invitación a ejercitar una vigilancia conmemorativa contra el olvido, que nos permita vislumbrar un tiempo donde la memoria , la verdad y la justicia sean sinónimos de políticas perennes de justicia social en la Argentina.

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