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A 378 años de Mbororé

Art.  1°- Declárese como zona de interés histórico una franja de tres kilómetros de ancho que se ubica entre las desembocaduras del Arroyo Acaraguá  y el arroyo Once Vueltas o Mbororé en el río Uruguay, porción de la provincia de Misiones donde se desarrollaron los sucesos bélicos desde el 11 de marzo de 1641 hasta el 19 de marzo de 1641, conocidos como batalla de “Mbororé”.
   Art.2°- En la zona determinada en el artículo anterior se levantará un monumento en homenaje a la batalla referida, y en ese lugar se efectuará la conmemoración anual del día de la Soberanía Nacional.
   Estos son los dos primeros artículos de la ley provincial N° 2.332 del 4 de septiembre de 1986 por la que se hace justicia a la epopeya bélica que significó para su tiempo la batalla de Mbororé, que sin duda puede ser mencionada como la primer batalla naval argentina con decisivas repercusiones en nuestra historia nacional.
   Años atrás, la Junta de Estudios Históricos de Oberá realizó al respecto una profunda investigación –a cargo del miembro, Ctdor. Julio Boher- con el fin de determinar el lugar donde se desarrolló la batalla central de las muchas que ocuparon a indígenas que defendían este suelo y los bandeirantes portugueses que asolaban la región guaranítica de las Misiones de la que se llegó a la conclusión que el referido lugar no podía ser identificado. Ante tal situación y la facultad que otorgaba el artículo 3° de la ley mencionada de “precisar el lugar de emplazamiento del monumento” se dio como ubicación el peñón de Mbororé en la localidad de Panambí, equidistante del área de acción guerrera, todo ello hasta tanto no surjan testimonios que diluciden dicho punto en duda.
   Las distintas crónicas de la batalla acaecida hace casi ya cuatro siglos atrás, coinciden –dato más, dato menos- con relación al grueso de la batalla y dentro de las crónicas el interesante relato hecho por autor anónimo que describió la biografía del P. Cristóbal Altamirano, quien dice que la horda de bandeirantes la integraban 400 portugueses de San Pablo y dos mil tupíes auxiliares. Los indios de las misiones  en número de 4000 eran acaudillados por el cacique principal de Acaraguá, capitán Ignacio Abiarú. Agrega que la batalla en sí duró dos días, muriendo 120 portugueses y más de 1000 tupíes. Los indios amisionados tuvieron 6 muertos y 40 heridos.
   Resulta hasta casi insólito que la gran historia nacional no haya registrado en sus páginas esta batalla y valorado en su real dimensión el hecho histórico que tuvo lugar en el río Uruguay y arroyos colectores, máxime cuando alguna historia escolar, tal el caso de “Historia Argentina” de fines del siglo XIX, más exactamente en 1894- en su página 212, punto 7 de la  “Lección XXVIII” “Período de los gobernadores del Río de la Plata”, se ocupa de Mbororé: La memorable batalla de Mboré (no dice Mbororé) “en 1641 tuvieron noticias los padres jesuitas que de la provincia brasileña de San Pablo venía sobre las Misiones una formidable expedición compuesta por más de quinientos Mamelucos (gauchos de estirpe europea) bien armados, y de tres a cuatro mil indios tupíes como los charhuas. Los padres pusieron en campaña sus milicianos guaranís y salieron al encuentro de los enemigos haciendo aparentemente el papel de capellanes, pero desempeñando en realidad el de generales, coroneles y divisionarios. Los enemigos bajaban por el Uruguay con 300 canoas grandes y los misioneros tomaron buenas posiciones en las juntas de este río con el Mboré, regularmente armados con fusiles y con sus famosos pedreros de cañas tacuaras. El asalto y la defensa duraron dos días. La victoria de los guaranís fue espléndida: murieron 180 mamelucos y 1.200 tupíes. El botín de armas y despojos fue muy grande; las 300 canoas quedaron en poder de los vencedores; de modo que el escarmiento fue terrible…”
  La batalla de Mbororé puso fin –para los paulistas- a las correrías de destrucción y muerte de los pueblos misioneros.
   El porque de las expediciones hacia el este por parte de los portugueses tuvo que ver con la necesidad de Portugal de colonizar el Brasil ya que aprendieron con fuerza la industrialización de la caña de azúcar que, gracias al aporte holandés en lo que hace a capital y posterior venta del producto a Europa y la introducción en gran escala de esclavos africanos que, junto a los aborígenes brindaron mano de obra en abundancia, hicieron posible que prosperara el proyecto industrial azucarero.
    Esa necesidad imperiosa de obtener mano de obra esclava, mucho tiene que ver con la trasgresión al Tratado de Tordesillas, que fuera firmado el 7 de junio de 1494 en el municipio español del mismo nombre, ante los reyes de Castilla (los reyes católicos) y Juan II de Portugal. Allí se establecía una nueva línea demarcatoria de las tierras del Nuevo Mundo que pertenecían a España y Portugal. Se la trazó a 370 leguas al oeste de la línea más occidental de Cabo Verde. Posteriores tratados fueron “corriendo la línea”, pero siempre en detrimento de los intereses españoles.
   Un poco por el continuo abandono que éstos hicieron de su tierra y más que nada por la penetración de los “mamelucos” y paulistanos que progresivamente iban invadiéndolas, se llegó a los actuales límites con Brasil.
   Virtualmente sólo las poblaciones de los jesuitas se oponían a esa penetración y contra ellos se dirigía el ataque de los invasores, que fueron conquistando todas las tierras con el propósito de llegar hasta el Río de la Plata.
  Esa fue la razón de la feroz y despiadada incursión de los bandeirantes al territorio del Guayrá, durante el período 1628-1680, dirigidos por Manuel Preto (1619) y Antonio Raposo Tavares, (1629), esta última fue la mayor invasión, la que fue justificada en algunas ocasiones por el parentesco real entre las casa de España y Portugal, otra por la falta de interés español en la defensa de su tierra y finalmente por el argumento jurídico empleado, que consiste en atribuir la posesión de la tierra al ocupante de facto, de acuerdo con la máxima “uti possidetis, itta possideatis” (como lo posees, continúa poseyéndolo), por el que la propiedad de la tierra era para quienes se asentaban en ella, con lo que demostraban, una vez más, su hondo sentido diplomático y jurídico que contrastaba con el español que todo lo dejaba pasar,
   Otro de los motivos a tener en cuenta para comprender el porque del ensañamiento lusitano contra las Reducciones de los jesuitas, tiene que ver con que, una vez concretado el proyecto de la industria azucarera como sostén mayor de la economía, consideraron imprescindible impedir que los jesuitas instalaran otro imperio como el del Guayrá en las tierras paulistas, como suponían iba a suceder.
   Como se ve motivos no faltaron , por ello cobra especial significación la batalla de Mbororé, esa decidida acción guerrera comandada por los padres jesuitas y ejecutada por los guaraníes y que había contado, para poder tener fuerza, con la autorización real para utilizar armas de fuego y que impidió con ese arrojo de los naturales, que los paulistas avanzaran más y más hacia el este y que hoy exista, no solamente nuestra Misiones, sino gran parte del territorio argentino que, de lo contrario, se hubiese perdido para siempre como otras regiones lindantes con Misiones.
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